La Verdad

Este club lo preside 'maría'

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Gustavo, en su despacho de la Asociación Proyecto Némesis, mientras un nuevo socio rellena un formulario. / G. Carrión/AGM

  • En seis meses la Policía Nacional lleva a cabo cuatro operaciones en centros de cannabis, pero el sector defiende sus fines y rechaza el tráfico de drogas

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El caballo cabalgaba por sus venas y la cocaína había colonizado su nariz. Su salvación ha sido la marihuana. «Tengo papeles que demuestran que la 'maría' y el tratamiento médico me han ayudado, antes tenía una esquizofrenia paranoide y ahora un trastorno adaptativo», afirma con vehemencia Gustavo Serrano, de 36 años, que desde julio de 2013 preside la Asociación Proyecto Némesis. Para la Comunidad Autónoma y la Policía Nacional es una asociación 'cannábica', pero este club se presenta en su web como «un espacio en donde dar a conocer lo que realmente eres, sientes y piensas». Lo que está claro es que en su sede social la 'yerba' es el mayor reclamo, ya que por ley sus socios pueden consumir dos gramos al día -en casos especiales 5 gramos-, incluso pueden retirar de una tacada 60 gramos para pasar el mes.

«Estuve veinte años dando tumbos, pidiendo en iglesias, durmiendo en albergues, pero cuando no conseguía lo previsto robaba para drogarme y al final es una vida perra», recuerda Gustavo. «Una mañana me desperté en un albergue en Madrid y decidí que quería salir de ese bucle. Cuando regresé a Murcia pedí perdón a mi familia. Nadie apostaba por este proyecto, pensaban que me iba a drogar». Y lo hace, pero con un matiz: a través de la marihuana ha dejado otras sustancias más duras como la 'coca' y la heroína.

Un año y once meses después cuenta con cien socios y ha remitido a la Agencia Española de Medicamentos su 'Proyecto de estudio de los efectos, consecuencias y beneficios del consumo de marihuana'. «A nuestros socios les recomendamos que usen espirales de pasta, en vez de boquillas, porque es más ecológico fumar así. Tenemos un microscopio para analizar el color del tricoma de la marihuana (concentración de THC) y comprobamos que no tiene insectos». No solo dan consejos y promueven buenas prácticas de consumo, también tienen una sala sin humos donde celebran talleres de yoga y torneos de Warhammer, entre otras actividades. Además hay videoclub y una nutrida biblioteca donde no faltan cómics de la Guerra de las Galaxias.

«Los hospitales nos derivan enfermos de cáncer y no les cobramos por la marihuana. Tenemos un vaporizador que saca del cogollo la esencia, que es medicinal».

En la Asociación Proyecto Némesis no cobran cuotas de socios como ocurre en el resto de clubes de fumadores, solo les piden 5 euros por gramo para financiar la producción. Justo aquí surge la polémica legal. La Policía Nacional recuerda que «cada socio, mayor de edad, debe llevar su propia cantidad de marihuana para su propio consumo, y quien te la vende comete un delito de tráfico de drogas». Por este motivo las 36 plantas que abastecen a los socios de Proyecto Némesis están distribuidas por distintos pisos de la capital para evitar líos.

«¿Abuela a qué huele?»

En la Región no hay una federación de asociaciones 'cannabicas', pero desde el sector indican que hay más de cuarenta clubes, cuya presidenta de honor es 'maría'. Como mínimo suelen tener en su carta las variedades índica (relajante) y sátiva (estimulante), el precio que pagan los socios por gramo oscila de 3 euros a 8 euros. Para hacerse socio lo habitual es ser introducido por otro, para generar confianza y rellenar un formulario con los datos personales, y la dosis diaria y mensual que se quiere consumir. Hay locales desde Cehegín hasta Mazarrón pasando por La Unión y Totana, aunque la mayoría se concentran en Cartagena y Murcia. En las últimas dos semanas la ciudad portuaria y la capital del Segura han sido objeto de intervenciones policiales.

El pasado lunes 18, la Policía Nacional le intervino 700 gramos de cogollos de marihuana al presidente de un club de fumadores cartagenero y le detuvieron. No aclaró el origen del estupefaciente. Solo una semana después, fueron detenidas catorce personas, entre ellas cuatro supuestos responsables del Club Siddharta, en la calle Fuensanta de Murcia. La Policía se incautó de dos kilos y medio de cogollos, medio kilo de hachís y 2.000 euros en metálico. El operativo se inició por denuncias vecinales, como la de María Dolores, cuyo edificio está justo encima de ese local. «Los nietos me preguntaban: '¿Abuela a qué huele?'».

El olor a porro se colaba en el portal y afectaba a los pisos. «Todos los días había jaleo de gente joven, algunos procedentes de un instituto que aprovechaban el recreo para comprar», asegura María Dolores. Mientras otro vecino apunta que «empezó a venir lo 'mejor de cada casa' a esta calle y pusieron dos tíos de seguridad en la puerta». También tenían un teclado para entrar (huella digital) que no evitó la redada policial. «Ese día venía al club, menos mal que me pilló en la calle, si estoy dentro pago el pato y ocho horas al calabozo. Habría perdido mi trabajo», cuenta Paco, uno de los 950 socios del Club Siddharta.

El corazón a mil por hora

Mientras se lía un 'peta' en la puerta del local desmantelado, cuenta a este diario que «he venido para ver si seguía abierto». A sus 41 años, con pareja, y un hijo de 4 años, Paco recurre a asociaciones de fumadores para evitar que el corazón se le ponga a mil por hora en el barrio del Espíritu Santo. «Antes compraba en Espinardo y una vez me pilló la Policía. Tuve que recurrir a un abogado para evitar una multa de 300 euros». Es consumidor de hachís y 'maría' desde que tenía 15 años, la primera calada a un porro se la dio en verano, en La Manga. «Nunca se me olvidará. Desde entonces algún año he dejado de fumar, pero luego vuelvo porque me ayuda con los dolores de rodilla. Si cierran el local es una putada para mí».

'Porretas' de corbata

Aunque a su amigo Juan Manuel, de 44 años, y socio de otro local, lo que le preocupa es que estas operaciones policiales «son un perjuicio para el resto de asociaciones, porque esto es una forma segura de consumir». Su primera calada también fue a los 15 años, junto a su hermana y su cuñado. «Reconozco que el segundo no me sentó bien, me bajó la tensión». A diario se fuma uno tras el desayuno y otro por la noche. «Con este calor ya no fumo por la mañana, a no ser que libre en el trabajo y no me importe ir colocado». Juan Antonio tiene claro que «si mi club le vende marihuana a un menor dejo de ir, no lo apruebo».

Así opina Gustavo, de Némesis. «Si es cierto que vendían a menores, que lo cierren. En la santa vida hay que darle un canuto a un menor, hay que ofrecerle experiencia». Lo que está claro es que en los últimos seis meses la Policía Nacional ha fijado su atención en estos locales, cuyos socios van desde universitarios hasta abogados, directivos de banca, personal sanitario, funcionarios y currantes de cualquier rama.

En total se han desarrollado cuatro operaciones, con 19 detenidos, 9 de los cuales eran los responsables o gerentes de las asociaciones, y se han intervenido 3.305 gramos, entre hachís y marihuana. «El problema está en que estas asociaciones intervenidas venden droga a socios y no socios, sean mayores o menores de edad», apuntan fuentes policiales. El otro motivo de este creciente interés policial por este colectivo, lo resume Floro, de Discos Tráfico: «Hace medio año empezó todo, das una patada y sale un club».

Su tienda está ubicada justo frente al club CanMurcia, en la calle Victorio. «Todo esto antes era impensable», recuerda Floro tras 26 años en el mostrador.

El 'boom' verde

«Los fachas no quieren a la gente en la calle y así los tienen más controlados que el copón». Aunque Floro reconoce que este 'boom verde' le beneficia en la comercialización de pipas convencionales y de agua para fumar, pero sobre todo 'grinders'. «Ahora la gente es más pija y se compra un molinillo». Y más que van a vender las 'grow shops' de Murcia, porque hay en proyecto tres nuevas asociaciones 'cannabicas', que se sumarían a la extensa red que hay por El Camen, Mariano Rojas, Santa Eulalia, Floridablanca...

«Para constituir este tipo de clubes, solo hay que contar con tres miembros para la junta directiva (presidente, secretario y tesorero), elaborar unos estatutos e ir al Registro de Asociaciones de la Comunidad. Son unos 750 euros», detalla José Javier Caballero, presidente de Salvados Asociación. «Hay mucho intrusismo de camellos que van a las asociaciones para vender y hay miedo en el cuerpo por muy bien que estemos haciendo las cosas».

Caballero cree que el problema es que «hace falta información sobre la ley y un protocolo de actuación. Hay una paradoja, a dónde recurrimos, cómo se autoabastecen las asociaciones: ¿Compramos la marihuana en el mercado negro?». Su club, con sede en Mula, tiene un punto de cultivo, cuya ubicación no desvela para evitar problemas. «Somos veinte socios, ninguno tiene menos de 30 años y no queremos líos para consumir. No pagamos cuota, solo firmamos un contrato de cultivo colectivo y pagamos por la dispensación».

Cannabis sanador

Tienen catorce variedades y colaboran con el consultorio THC Terapéutico, donde el doctor Mariano García de Palau responde sobre las facetas terapéuticas que tiene esta sustancia. «La revolución del cannabis no la trae el fumarlo, sino sus propiedades», subraya Caballero. «La mantequilla de cannabis puede ser buena para la artrosis, la depresión y el insomnio y el aceite para los dolores crónicos». Salvados Asociación tiene previsto presentar al Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA) un proyecto para trabajar el cáñamo industrial.

«Es una alternativa para trabajar la tierra y hay una empresa italiana interesada en aceite refinado. En Granada, Málaga y Callosa de Segura hay plantaciones, pero el clima de Murcia permitiría obtener dos o tres producciones al año». El fisco es el que no está interesado en poner su lupa sobre las asociaciones cannábicas. José María Mollinedo, secretario general del Sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha), explica que «somos contrarios a la legalización de la marihuana por todas las externalidades negativas que supondría: el tráfico de drogas, se promovería su consumo...».

El otro argumento es el económico ya que atendiendo al número de clubes, el consumo mensual y el precio de la sustancia, mueven 1.400.000 euros al año. «No parece una actividad económica relevante». Los fumadores pueden estar contentos ya que en caso de tributar, habría que aplicarle a 'maría' un IVA del 21%.