Cati: «Me dijeron que siguiera con el fármaco, que no pasaba nada»

Cati Gallardo, con su hijo David en su casa de Palma de Mallorca./LV
Cati Gallardo, con su hijo David en su casa de Palma de Mallorca. / LV

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

Cati Gallardo siempre sospechó que el Depakine estaba detrás de los problemas de motricidad, de retraso en el lenguaje y de comportamiento autista con los que nació su hijo David, hace ya 14 años. Pero fue en junio pasado, al encontrarse en 'Facebook' con un grupo de madres en su misma situación, cuando esta abogada mallorquina tomó conciencia plena. Sobre todo porque viendo las fotos de otros niños afectados se dio de bruces con la viva imagen de David: allí estaban los mismos rasgos faciales, huella indeleble del ácido valproico.

Desde su casa en Palma de Mallorca, Cati empezó a moverse, enganchada al teléfono y a internet. De una familia afectada a otra, hasta que encontró al pediatra Juan Antonio Ortega, jefe de la Unidad de Salud Medioambiental de La Arrixaca, de referencia nacional en el diagnóstico de enfermedades relacionadas con la exposición a tóxicos durante el embarazo.

Derivado a Murcia

Después de pelearlo una y otra vez en su hospital, Son Espases, logró que su hijo David fuese derivado a La Arrixaca. El pasado febrero voló hasta Murcia acompañada de su hijo, y volvió a Palma con un informe médico bajo el brazo en el que se señala que el chico presenta «rasgos faciales relacionados con la exposición a valproico durante el embarazo», por lo que «es muy probable que se trate de una fetopatía por valproico».

Este, sin embargo, es solo el primer paso de una larga lucha para que se reconozca que nunca debió tomar Depakine durante el embarazo, y que el fármaco se le debería haber retirado cuando informó a su neurólogo, en 2002, de su decisión de tener un hijo. «Me dijo que siguiese con el Depakine, que no había ningún problema; que tomase ácido fólico y ya está», se queja. En el informe médico previo al embarazo se indica, en efecto, el mantenimiento del fármaco, sin advertencia sobre los riesgos. Durante la gestación, Cati ingresó en el hospital para evitar un parto prematuro. «Tampoco allí me dijeron que dejase de tomar el fármaco». 1.500 miligramos diarios, repartidos en tres tomas, para evitar crisis epilépticas. En cuanto nació David aparecieron los primeros signos que apuntaban al ácido valproico. Con el paso de los años, se le diagnóstico además un trastorno del espectro autista.

El Depakine no ha impedido que David sea un chico brillante. Su boletín de calificaciones está, de hecho, lleno de sobresalientes. Pero el impacto sobre su vida y sobre la de su familia ha sido enorme, y por eso Cati espera que la Justicia reconozca que algo falló el día en que nadie impidió que siguiese exponiéndose a la ruleta rusa con el fármaco.

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