«Vivo con miedo a que se me parta una rodilla»

El cartagenero Juan Romero cuenta a 'La Verdad' su experiencia con la obesidad y cómo se prepara para realizarse una reducción de estómago

Juan Romero se someterá próximamente a una reducción de estómago. / Pablo Sánchez / AGM
Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

La obesidad es como un cáncer terminal. Eso le dijeron hace un par de meses, cuando fue por primera vez al médico tras decidir que la reducción de estómago era su única salida. "Fue lo que más me impactó, eso y que el doctor me dijera todo lo que podía pasarme en cualquier momento, desde un infarto hasta quedarme en silla de ruedas", relata el cartagenero Juan Romero.

Ahora pesa 160 kilos. Ha adelgazado unos 30 desde que fue aquel día a la consulta. Lo ha conseguido a base de una dieta líquida compuesta por batidos, infusiones y un complemento vitamínico. "Yo no sabía lo que pesaba, porque me daba miedo la báscula y no me subía nunca. Pero cuando el médico me dijo que me subiera y vi que pesaba 190 kilos... Me dieron ganas de llorar. Me pregunté a mí mismo cómo había podido llegar a ese punto", recuerda.

Un ángel de la guarda

A sus 27 años, Juan se dedica a ser repartidor en el mundo de la hostelería. Un empleo que consiguió hace unos cinco años y que casi "me ha salvado la vida", asegura. Fue su jefe quien le dio el último empujón que necesitaba para ser consciente de los problemas que podría ocasionarle su obesidad. "Él me ayudó a darme cuenta de que así no podía seguir y que necesitaba la operación. Desde entonces ha sido como mi ángel de la guarda. Me cogió cita en el médico y me acompaña a cada revisión. Es casi como un padre para mí", se emociona Juan al relatarlo.

Su salvador se llama Blas Solano, un empresario cartagenero que "no ha podido portarse mejor con él, con todos nosotros, en realidad", asegura Flori Franco, que acompaña a su hermano pequeño a esta entrevista. "No tenemos palabras para agradecerle todo lo que ha hecho por Juan", sentencia.

¿Qué es lo peor de tener obesidad, Juan?

– No poder correr, saltar, subirte a un árbol, irte a pescar con los amigos y subir en la barca como ellos lo hacen... No poder hacer ejercicio como los demás, porque vives con miedo a que se te parta una rodilla.

El partido de fútbol más deseado

El joven tiene muy claro que lo primero que hará, cuando pierda el peso suficiente, será "echarme un partido de fútbol, que me encanta, y llevo cinco años sin poder jugar", asegura. Llegado el momento, no le faltarán amigos con los que hacerlo, "porque siempre los he tenido. Nunca me han discriminado por ser gordo, no he sufrido ese problema", reconoce con orgullo.

Los obstáculos sociales no tienen nada que ver con las relaciones sociales, al menos no para él. Aún así, sabe que su operación también cambiará su vida en este sentido, "la gente dejará de mirarme como lo hace ahora, podré sentarme en las sillas de las terrazas de los bares, en las butacas de los cines; hasta comprar ropa no me costará tanto, porque las tallas especiales son carísimas", relata.

Aunque el camino que le resta hasta la reducción de estómago no será largo, ha sido duro en ocasiones. "Lo que más me costó fue acostumbrarse a no poder comer; salía con los amigos y ellos se pedían una caña mientras que yo estaba con un poleo menta. Ahora ya me da igual, todo está en la mente", asegura. En enero se someterá a la operación que va a remodelar su figura, su salud y su vida por completo. Algo que ha decidido hacer a través de la sanidad privada "porque no hay que esperar tanto. Sé que si voy a la pública, primero me ponen a dieta, luego empiezan con las pruebas, y pasan más de dos años hasta que te operan. Aquí no. En tres meses estás en el quirófano", constata.

Perder 100 kilos en un año

Juan mide 1,83 metros, por eso cree que su peso ideal serían unos 90 kilos. "Pero con dieta es imposible. Lo he intentado en otras ocasiones y he perdido peso; pero al final, por una cosa o por otra, acabas dejándolo. Es imposible que con una dieta pierdas el peso que has cogido durante toda tu vida", sentencia el joven.

Juan considera que su vida activa ha mantenido a raya al colesterol, la tensión y la diabetes, enfermedades comunes en personas que padecen obesidad y que "yo no he tenido nunca. Aunque sé que si no hubiera tenido a mis amigos, con los que hago muchas cosas; o que si no tuviera trabajo y no saliera de casa, yo ahora mismo estaría en una cama sin poder moverme, de lo gordo que me hubiera puesto", afirma.

Perderá la mitad de su peso en un periodo de 12 a 18 meses. Así lo asegura Juan Antonio Luján, jefe de sección de Cirugía del Hospital Universitario Virgen de La Arrixaca y jefe de servicio en el Hospital Quirónsalud Murcia. Él es el encargado de realizarle a Juan el bypass gástrico que necesita, "una técnica muy eficaz que consiste en la reducción del estómago y en un cruce del intestino para que absorba mejor los alimentos que coma. Es una operación que se realiza por laparoscopia, es muy poco agresiva para el paciente y muy efectiva", asegura el doctor.

A los cuatro o cinco días de la intervención, Juan se podrá ir a casa "y hará una vida completamente normal", dice Luján, quien evita confirmar cuál es el coste de esta operación. Después, "empezará a comer como lo hacen los niños, con dieta líquida y poco a poco incorporará alimentos. Al mes ya podrá comer de todo, pero tiene que aprender a comer bien", indice el doctor. Algo que su paciente ya tiene grabado a fuego en su conciencia: "Por lógica no puedes meterle al cuerpo más de lo que quema. Y tengo muy claro que no puedo volver a estar así, porque estar gordo no vale para nada, ni para mí ni para nadie. Que lo sepa todo el mundo", concluye Juan al despedirse en esta entrevista.

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