Aquel verano del 95: Sting, Tom Hanks, Bruce Springsteen y Bob Dylan en la ciudad

Los tres conocidos artistas con sus acompañantes, en otra comida de ese mismo viaje./
Los tres conocidos artistas con sus acompañantes, en otra comida de ese mismo viaje.

Julio de 1995. En menos de dieciocho días Cartagena recibiría la visita de cuatro 'galácticos'. Solamente permanecieron unas horas. Hoy damos testimonio de cómo se desarrollaron las mismas a pesar de la casi inexistencia de documentos gráficos de su estancia en nuestra ciudad.

Domingo 2 de julio de 1995: llega al puerto de Cartagena el yate de lujo 'Christanne B'. Es uno de los más suntuosos que pueden verse por el Mediterránea, el velero de 137.14 pies (41.8 metros), construido en 1986 por Perini Navi, tiene capacidad para diez personas en cuatro habitaciones. También es capaz de transportar hasta seis tripulantes a bordo para garantizar una experiencia relajada en yates de lujo.

Queda atracado en el Muelle junto al paseo de Alfonso XII, les espera un coche de alquiler. El primero en desembarcar es Sting, el músico británico de fama mundial, cantante y bajista del grupo musical The Police. Le acompaña su esposa y se dirigen al aeropuerto de San Javier, donde tienen que recoger al actor norteamericano Tom Hanks, que llega de Londres. Ese mismo año fue galardonado con el Oscar al mejor actor por su interpretación en la película 'Forrest Gump'. De vuelta a Cartagena se reúnen en el yate con la propia esposa de Hanks y otro matrimonio que les acompaña en el crucero: él es Bruce Springsteen, cantante, músico y compositor estadounidense. Apodado como The Boss (El Jefe), Springsteen es considerado uno de los artistas más exitosos de la música rock, con ventas que superan los 64,5 millones de álbumes en los Estados Unidos y más de 120 millones a nivel mundial, con un total de diez discos números uno, un registro solo superado por The Beatles. Le acompaña también su esposa.

Reunidos deciden bajar a puerto y comer en el restaurante que se encontraba al inicio del Muelle de Alfonso XII, junto al Submarino Peral. Se trataba del Mare Nostrum. Debemos señalar que la presencia de estos ilustres personajes era totalmente de incógnito.

Se encarga una mesa para siete comensales, los tres matrimonios y otra persona que les acompaña. Nadie advierte de quienes se trataba. Incluso los propietarios del establecimiento, la familia Marín, permanece ajena a los acontecimientos pensando que eran unos turistas más.

Los cuatro hombres y tres mujeres deciden pedir ensalada, entremeses y, cómo no, una paella de marisco, visten de manera informal y ocultan sus rostros tras unas gafas oscuras y gorras.

En un momento determinado, el menor de los Marín, José, sentado de cara a los visitantes, siembra la duda, parece reconocer a uno de los comensales y sin reparo alguno se dirige a la mesa y pregunta: «Are you Sting», a lo que el músico responde que no, algo que no convence al joven que decide contárselo a su madre que es quien llama a su otra hija para verificar la presencia en su restaurante del artista. Esta le confirma que sí parece ser él. Decididamente vuelven a la mesa con el libro de honor del restaurante y se lo ofrecen para que firme: descubierto no tiene más remedio que estampar su rúbrica, pero la sorpresa es aún mayor cuando les pasa el libro a los otros comensales revelando la presencia de los otros dos artistas de fama mundial.

Todos firmarían con amables dedicatorias, e incluso se brindó con champán. Sobre las cuatro de la tarde Sting, Hanks, Springsteen y sus acompañantes embarcarían y partirían en su particular crucero hacia Gibraltar.

Y ahora Bob Dylan

Solo 18 días después y casi en el mismo lugar tiene lugar el concierto en Cartagena de Bob Dylan enmarcado en su gira europea del aquel año, controvertida, pues Dylan defraudó a miles de seguidores por su falta de conexión con ellos.

Para este concierto en Cartagena se dispuso un cerramiento con contenedores en la explanada del Muelle, junto a la Plaza de los Héroes de Cavite y Santiago, se consideró una idea original pero surgieron muchas dudas en cuanto a la seguridad y a la propia acústica que ofrecía este cierre.

Se esperaba la presencia de unas ocho mil personas, venidas de todas partes, pero en realidad solamente se llegó a cinco mil espectadores. Dylan presentó su último disco, 'MTV- Unplugged', en un espectáculo de dos horas en el que también repasó sus temas clásicos.

Para sus incondicionales fue algo indescriptible verlo en Cartagena. A pesar de su personalidad complicada cumplió con su trabajo. Los camerinos se instalaron en el Club de Regatas, que tenían que estar enmoquetados, con duchas, cien toallas y tres coches Mercedes a su puerta, exigiendo sobre todo tranquilidad, ninguna foto, grabación ni visitas. Llegó, cantó y se marchó, así son las estrellas.

Así fue aquel verano del 95, cuando cuatro hados aparecieron por nuestro puerto.

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