El 'topo' cartagenero

Pedro Gimeno, en una foto de los años setenta tomada en Benidorm./
Pedro Gimeno, en una foto de los años setenta tomada en Benidorm.

Cuando el 28 de junio de 1969, el redactor del diario 'La Verdad' Pepe Monerri, en compañía del fotógrafo Ramón García, se dirigieron a una casa de La Corona, en la diputación de Perín, en Cartagena, no consiguieron encontrar al 'topo' cartagenero. Este ya no se encontraba allí. Preguntaron a los vecinos por Pedro Gimeno Espejo, un topo, que había salido de su escondite tras treinta años oculto. Nadie sabía de él.

Los libros de historia dicen que la Guerra Civil española concluyó en 1939. Pero, tras el último parte de guerra, muchos combatientes, cargos públicos y simpatizantes del legítimo gobierno republicano se vieron obligados a huir de la represión franquista y esconderse como topos. A finales de los años sesenta, tras el decreto de amnistía concedido por Franco, los 'topos' salieron del agujero donde habían vivido escondidos, entre ellos un abogado cartagenero llamado Pedro Gimeno Espejo. Esta es su historia.

En 1977, dos celebres periodistas, Jesús Torbado y Manuel Leguineche, publican en colaboración un libro titulado 'Los Topos', un éxito editorial que les catapultó a la fama. Fue un bombazo y un éxito de ventas. Después se ha reeditados dos veces, en 1999 y en 2010.

En ocho años de investigación, los autores de 'Los Topos' consiguieron los estremecedores testimonios de quienes fueron perseguidos por un enemigo invisible que los enterró en vida. En este libro aparecen reflejados 24 de estos llamados topos del franquismo y en él se incluye al que ellos denominan el abogado piadoso: Pedro Gimeno Espejo (Cartagena), treinta años escondido.

Habíamos dejado a Monerri y al fotógrafo Ramón buscando a Gimeno en su escondite de La Corona. El sagaz periodista no renuncia a su exclusiva, poder entrevistar a una persona que lleva escondida más de treinta años y sin que su presencia fuera advertida ni por familiares ni vecinos, les hizo insistir, se dirigieron entonces a la calle Sagasta, en donde residía Vicente Martínez, cuñado del 'topo', llamaron a la puerta y la sorpresa fue que la persona que les abrió fue el mismísimo Pedro Gimeno.

Se realizó la entrevista en donde este hombre reconoció que se había presentado en comisaría el último jueves y el comisario le dijo que «había perdido el tiempo». Un tiempo de treinta años.

Nuestro 'topo' había nacido el 22 de marzo de 1909, era hijo de un agricultor de clase media con algunas propiedades que le permitieron dar una educación buena a todos sus hijos. En el caso de Pedro, tras su intento de ingreso en la Armada se decidió por el estudio de la abogacía, realizando una brillante carrera estudiantil.

En el libro antes reseñado, es el propio protagonista el que, con sinceridad admirable, cuenta aspectos de su vida y tras describir su infancia y sus estudios alude a sus profundas convicciones religiosas que no le impidieron afiliarse al Partido Socialista Español.

Ejerciendo la abogacía decide presentarse a las oposiciones de Secretario de Ayuntamiento, obteniendo plaza en un pueblo de la provincia de Jaén, posteriormente es designado para juez en los Tribunales Mixtos y en ese momento le sorprende el estallido de la Guerra Civil que le marcaría toda su vida.

Durante el conflicto es designado fiscal en los tribunales populares, y más por el deseo de intentar salvar vidas que de condenar, acepta el cargo, aunque debido a una enfermedad apenas interviene en juicios, pasando prácticamente toda la guerra sin ejercer este puesto.

Al finalizar la contienda, y teniendo posibilidades de abandonar el país decide trasladarse al puerto de Alicante, pero es detenido e internado en el campo de concentración de Albatera, sufriendo las consecuencias inhumanas de aquel gulag español; a los dos meses, su padre, utilizando influencias de bando ganador, logró sacarlo de allí y trasladarlo de nuevo a Cartagena.

En ese momento inicia su vida de encierro y emparedamiento: tanto padre como hijo sabían que en cuanto se enteran de que había salido del campo de concentración se le iba a volver a detener. Es cuando se hace 'topo', aprovechando que nadie lo había visto llegar.

Utilizó varios escondites, al morir el padre en 1941, su madre y hermana fueron las únicas personas que sabían dónde se encontraba escondido, leyendo, estudiando, escuchando la radio y esperando el derrocamiento del régimen franquista o un indulto. Permaneció escondido en la casa de campo de su madre en La Corana hasta 1969.

Tras su salida y con sesenta años, se trasladó a vivir a Benidorm en donde trabajó discretamente en un bufete de abogados hasta su fallecimiento, esta es la historia de un hombre de derechas escondido por miedo a que lo mataran los vencedores en una rebelión derechista.

Y como dijo el propio topo: «Yo he sido como un tronco arrastrado por la riada, que lo lleva a cualquier parte, adonde no quiere ir. Mi vida ha tenido más amarguras que felicidad, pero yo he sacado felicidad de la amargura; lo contrario, sacar felicidad de la felicidad, no tiene ningún valor. Lo difícil es hacer como las abejas, que de una cosa amarga como el romero saben sacar la miel».

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