Los sospechosos del doble crimen de Las Seiscientas ultiman su entrega

Familiares de los heridos, ayer, a las puertas del Santa Lucía./Pablo Sánchez / AGM
Familiares de los heridos, ayer, a las puertas del Santa Lucía. / Pablo Sánchez / AGM

Los tres miembros del clan de 'Los Gasolina' pretenden seguir escondidos hasta que se reduzca el riesgo de sufrir represalias de sus rivales

JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ y GREGORIO MÁRMOLCartagena

Los tres miembros del clan de 'Los Gasolina' que son sospechosos del doble crimen ocurrido el miércoles por la tarde en Las Seiscientas se refugian de posibles represalias de la familia rival en un lugar desconocido, probablemente alejado decenas de kilómetros de Cartagena, mientras aguardan el mejor momento -por su seguridad- para entregarse a la Policía. Así lo destacaron a 'La Verdad' fuentes de su entorno, que no negaron haber enviado mensajes a las autoridades de que acudirán a la comisaría que tengan más cerca para reconocer el crimen cuando se serenen los exacerbados ánimos en el otro clan. Eso ocurrirá probablemente tras el entierro hoy o mañana de los dos jóvenes muertos, residentes en Alicante.

Los fugados son J. M. F, de 54 años, su hijo J. M. R, de 26 años, así como I. M. F, de 37 años, hermano del primero y tío del segundo. La Policía sospecha del padre y el hijo como los autores materiales de los disparos que causaron la muerte instantánea, sobre una acera de la calle Cabrera, de los jóvenes de 26 y 18 años que habían llegado desde Alicante acompañados de otras cinco personas con la intención de zanjar una disputa por la custodia de un bebé y una relación sentimental. No obstante, fuentes oficiales no descartan más implicados.

Los investigadores del Grupo de Homicidios de la comisaría de Cartagena siguen atando cabos para recomponer el crimen ante la disparidad de versiones y ausencia de testigos imparciales. Aún quedan algunos sueltos, pero parece claro que la disputa tiene su origen en la decisión de una chica de 16 años perteneciente al clan de 'Los Gasolina' de abandonar a su pareja en Alicante y volver a casa de sus padres en Las Seiscientas junto con el hijo común de 15 meses.

El novio, ileso

El novio, de 20 años, llegó a Cartagena el miércoles, hacia las tres de la tarde, acompañado de seis familiares, con la intención de recuperar a su hijo y a su mujer. Pero ella se negó en rotundo a una cosa y a la otra. Miembros de las dos familias se enzarzaron entonces en una acalorada discusión en las inmediaciones del Instituto Politécnico, a escasos doscientos metros de las viviendas de 'Los Gasolina', en uno de los bloques sociales edificados en torno a la Plaza Derechos Humanos.

La acera del edificio que da a la calle Cabrera, frente al Parchís, se convirtió en la escena del crimen, hacia las cuatro menos cuarto. Miembros de la familia de 'Los Gasolina' habrían sacado un arma larga por la ventana de una planta baja y descerrajado al menos dos tiros a los fallecidos, hermano y primo del muchacho que quería recuperar al bebé. Lo hicieron a bocajarro, a menos de tres metros de distancia, causándoles heridas mortales de necesidad.

Como consecuencia de los mismos disparos, resultaron heridas dos de las cinco personas que estaban en el lugar: la madre del novio y abuela del crío, de 54 años de edad, dada de alta ayer, y un familiar, de 38 años, que permanece estable, dentro de la gravedad, en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Santa Lucía. El crimen fue presenciado por las novias de los dos chicos muertos, que protagonizaron desgarradoras escenas de dolor ante los cadáveres.

Tras el tiroteo, y a sabiendas de la gravedad de lo ocurrido, los presuntos autores del crimen abandonaron sus domicilios en la Plaza Derechos Humanos, tomaron un vehículo y desaparecieron de Cartagena antes de que la Policía pudiera cercarlos. Como es costumbre tras las disputas gitanas, el resto de familiares directos también abandonaron el barrio poco después, así como sus casas en la barriada de San Ginés. Su paradero es igualmente incierto, aunque todos sus vecinos saben que estarán durante bastante tiempo en un lugar donde crean permanecer a salvo, mientras las heridas no cicatricen. Saben de sobra que la justicia gitana no se basa en el Código Penal, sino en la ley del talión: quien causa un daño está condenado a padecer el mismo.

Calma en un barrio bajo vigilancia y envuelto en bulos

Solo la presencia de periodistas televisivos conectando en directo con sus cadenas en Madrid y las continuas vueltas de vehículos de las policías Local y Nacional rompieron ayer la monotonía en la calle Cabrera, el día después del doble crimen. Pese a lo ocurrido el miércoles, Las Seiscientas es un barrio tranquilo que ha hecho de la integración de los inmigrantes una nueva seña de identidad. El suceso estuvo ayer en boca de todo el mundo allí, sobre todo en las salas de espera del centro de salud del Parchís. Por allí afloraron también multitud de bulos peligrosamente extendidos por la ciudad: «Aseguran que van a venir familiares de los muertos con pistolas y gasolina para meterle fuego a las viviendas sociales», decía una mujer. Otra se hacía eco del falso asesinato de un familiar de 'Los Gasolina' represaliado por el clan rival. Nada de nada. Un portavoz policial recordó que la vigilancia en la Plaza Derechos Humanos está reforzada con agentes especializados y que los ciudadanos no tienen nada que temer. Los agentes pidieron a los ciudadanos que no difundan rumores por los grupos de mensajes telefónicos y que confíen en su trabajo y en la acción de la justicia para recuperar cuanto antes la normalidad.

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