Solo 25 vecinos de El Llano han pedido la prueba de afección por metales pesados

Rosa María Lardín y Manuel García, en el mostrador del consultorio del Llano./ J. M. Rodríguez / AGM
Rosa María Lardín y Manuel García, en el mostrador del consultorio del Llano. / J. M. Rodríguez / AGM

«La ignorancia, el tiempo y la politización de la contaminación minera influyen», dicen dos personas que ya han pasado los análisis

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLESCartagena

Quince vecinos de El Llano del Beal y sus alrededores se han sometido ya a los análisis de sangre y orina, en los primeros diez días desde que se abrió el plazo, para detectar la presencia en sus organismos de metales pesados en cantidades que podrían favorecer la aparición de dolencias renales y cardiacas y explicar otras de carácter respiratorio. Otras diez más están en espera para entregar y que se les tomen las muestras, en el consultorio médico de la diputación cartagenera. Rosa María Lardín, vicepresidenta de la Asociación de Padres y Madres del Colegio San Ginés de la Jara de la localidad y Manuel García, minero retirado, son de los que ya han pasado por esa experiencia para descartar totalmente esa posibilidad. Ella ha llevado también a sus dos hijos a pasar la prueba.

«La explicación de por qué no hay colas para ser los primeros es que la ignorancia, el tiempo, y una cierta politización de la historia de las minas hace que mucha gente prefiera mirar hacia otro lado, hacer como que el depósito de residuos no fue tan importante. Pero sí lo fue y hay que actuar para atajar sus efectos», explicó García. Dos embarazadas fueron las primeras que se apuntaron a seguir sus consejos.

En la Consejería de Sanidad esperan que más vecinos tomen ejemplo y las pruebas se extiendan a cientos de personas, para descartar en el mayor número posible de habitantes que el depósito de metales pesados en superficie haya causado que tengan niveles altos de plomo y arsénico en el cuerpo. El primero se puede detectar en la sangre y el segundo, en la orina. Son dos de los elementos que se desechaban en la minería y que fueron depositados en balsas por toda la geografía de la Sierra Minera. Una de las más grandes, la balsa Yenny, está pocos metros de las primeras casas de la localidad. Fue sellada y recubierta de tierra vegetal, pero el procedimiento utilizado y la inversión de dinero público están incursos en una en investigación judicial. Las tareas realizadas allí no han evitado que las aguas subterráneas hayan sacado a la luz una parte de ese material.

En el consultorio toman muestras de orina para detectar el arsénico y de sangre, para el plomo

La alarma surgió hace cuatro meses. Un estudio universitario reveló niveles anormalmente altos plomo y arsénico en el patio del colegio de la localidad. Rápidamente se valló el lugar. Luego se ha invertido medio millón de euros en sellar una parte y en evitar nuevas escorrentías. También se cambiaron casi todas las persianas del edificio. Sin embargo, el escepticismo sobre los efectos de la inhalación de polvillo nocivo sigue latente. «Antes la gente se moría de respirar eso y ni lo sabía. Además, las leyes eran otras; y no había tanta información como ahora, por internet. Por eso es a la vez más fácil enterarse y también es más sencillo que te manipulen», explica Manuel García. Rosa María asiente con la cabeza. «Aquí durante mucho tiempo en lugar de intentar solucionar esto se ha utilizado entre unos y otros», apuntó.

La Consejería asegura que quiere acabar con todo eso remitiéndose a lo que se pueda comprobar científicamente. «Entregamos una garrafa grande a las personas adultas para que nos devuelvan la orina de 24 horas, y unos tarros más pequeño para los niños», indicó una enfermera del consultorio.

Los resultados son confidenciales, pero hasta la fecha ninguno de los quince vecinos que se han sometido a la prueba ha dado la voz de alarma en ningún centro hospitalario regional. Que se sepa.

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