Nuestra peña flamenca

Componentes de la directiva de la Peña Flamenca Antonio Piñana, en Carrots Café./J. M. Rodríguez / AGM
Componentes de la directiva de la Peña Flamenca Antonio Piñana, en Carrots Café. / J. M. Rodríguez / AGM

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN

La primera semana de enero de este año recién estrenado, mis amigos Eulogio, Humberto y Benito me informan de que están organizando una comida en el Asador de Mariano, en Santa Ana. Me preguntan si me apunto, asegurándome que comeríamos bien, lo cual no pongo en duda y acepto de inmediato, ya que yo conozco a Mariano desde hace más de doce años, cuando tenía el asador en el Cabo Cervera, en Torrevieja, y adonde fui por primera vez en 2005 con motivo de las IV Jornadas Mediterráneas del Bonsái, cuyo director por aquel entonces era el cartagenero Matías Barco Cabrera y Juan Carlos López el presidente de la asociación.

Recuerdo que, en esa ocasión, se dieron cita en el asador de Mariano personajes de total actualidad, como el televisivo Padre Mundina o el periodista taurino y director de Tendido Cero en TVE, Fernando Fernández Román, junto con el cónsul general de Japón en Barcelona, el excampeón del mundo de boxeo Pepe Legrá, el torero Luis Francisco Esplá o Luís Vallejo, quien fue profesor de bonsáis de Felipe González y quien también participó cediendo algunos bonsáis de su colección privada para la exposición, al igual que el entonces Rey y ahora emérito. En fin, unas Jornadas que fueron todo un éxito gracias a la extraordinaria organización de Matías y Juan Carlos, y en las que tuvo un papel estelar la gran cena que preparó Mariano, todo un líder con las carnes a la brasa y a la piedra, además de todo tipo de productos que elabora a la perfección.

Con estos antecedentes, no me cabía la menor duda de que esta comida sería un éxito, y seguro que me darán la razón en cuando les cuente cómo transcurrió. Nada más llegar, nos sentó alrededor de una mesa redonda con un par de botellas de vino de Ribera Duero seleccionadas por él, un Viña Pedrosa Singular-2016, añada que para esta bodega fue magnífica en calidad y generosa en cantidad, lo que hizo que los Hermanos Pérez Pascuas decidieran elaborar este tinto, exclusivo 100 % tempranillo, con 10 meses de barrica y que a 17 grados de temperatura, en boca, destaca por su gran equilibrio, buena estructura y magnifica sabrosidad; y al final destaca por una larga persistencia de notas de moras y arándanos, y que maridaba de maravilla con todo lo que puso en la mesa el bueno de Mariano, sin que tuviéramos que ni siquiera pedirlo.

La Peña Flamenca Antonio Piñana necesita un local para sus actividades

Para empezar, un plato grande de tomate partido con cebolla, aceitunas de dos tipos y capellán tostado al fuego en abundancia, y todo regado con un buen aceite de oliva y acompañado de una cesta de pan Moreno. A continuación, un plato de Parmesano cortado sin miedo, unos huevos estrellados con generosas lonchas de jamón y patatas bien fritas y muy finas, una tabla de embutidos de 5 sabores y una degustación de cabrales, además de una muestra sin valor, como a él le gusta decir, de cocido montañés.

Cocido montañés

Para terminar, llegó el plato estrella: un chuletón de buey de cerca de dos kilos que presentó en mesa sobre tabla de madera, recién sacado de las brasas, donde lo había sellado antes de cortarlo con su gran maestría, para que nosotros pudiéramos darle el acabado final sobre la piedra en mesa, donde lo sirvió acompañado de pimientos y sal gruesa. Fue todo un lujazo ver cómo trabaja la carne Mariano. Y para terminar, unos cafés y un postre en tres sabores «a su estilo». Y como pagamos a escote, también les puedo asegurar que la relación calidad/precio fue de lo mejor.

Es un lujazo ver cómo trabaja la carne Mariano, en su asador de Santa Ana

Ya de vuelta en la Trimilenaria, hicimos una parada técnica en el Pikú para una incursión en el mundo del hielo. Su propietario, mi buen amigo Paco Vera, líder del Foro Taurino y Cultural de Cartagena, nos recibió al llegar y mientras nos preparaban el Gin-Tonic, apareció mi buen amigo Antonio Piñana, de la Peña Flamenca Antonio Piñana, que tiene su escuela de guitarra y cante flamenco allí mismo, bajo la dirección de Antonio Ayala, El Rampa; a los cantes y del propio Antonio Piñana a la guitarra, y todo coordinado por Rafa Ros, joven letrado, empresario y gran aficionado al flamenco.

Y mientras los alumnos iban llegando, el maestro Piñana nos contaba que necesitan como el comer una sede en condiciones, en la que poder desarrollar su actos, actividades, escuela, museo y bar típico que se convierta en un elemento turístico más de la ciudad, como tienen todas las peñas andaluzas, por lo que esperan poder contar algún día con un local municipal que convertir en un centro flamenco y promocional de la ciudad a través de los cantes.

Humberto, que es madrileño, le preguntó por la historia de la Peña y Antonio no escatimó en detalles. La Peña se fundó un 17 de noviembre de 1990, justo un año después de la muerte de su padre, Antonio Piñana Segado, un «cantaor» payo, nacido en Cartagena en 1913, figura clave en la recuperación y transmisión de los cantes mineros. En el año 1961, se organizó el primer Festival del Cante de las Minas y Antonio fue ganador de la Lámpara Minera, convirtiéndose en el embajador de los cantes mineros. El primer presidente fue Antonio Rubio, siguiéndole Pepe Sanchez y Cintia Cerrato, que sería la última presidenta de esta primera época, que tendría unos años sin actividad, hasta que una noche de noviembre del 2010 se reúnen un grupo de mujeres y hombres aficionados a este arte en una bodega cartagenera, todos ellos con ganas de retomar la actividad, y es así como el 28 de Noviembre de ese mismo año se presenta en sociedad la nueva junta directiva en su sede provisional de la Marisquería La Marina, en el barrio de Santa Lucía, siendo presidente el ingeniero cartagenero Miguel Ángel Celdrán y vicepresidenta una enamorada de este arte, Adela Aparicio, quienes, junto con Antonio Casado, Ángel Martínez, Almudena Navarro, Ana Escarabajal, Juan de Haro, José Juan Aniorte y Francisco Torres empiezan a trabajar como una asociación cultural sin ánimo de lucro, cuyo principal objetivo es la difusión del arte flamenco en Cartagena, con especial interés en los estilos de Levante.

Una de sus actividades principales es la celebración anual del Ciclo Flamenco 'Cartagena Jonda', con una programación de recitales y actividades dedicadas a una parte de la geografía flamenca. Este curso se ha dedicado a Málaga la Cantaora, como se le conoce, cuna ancestral del Verdial y del fandango malagueño, a partir del cual se desarrollan otros cantes como la granaína y donde el arte que nos ocupa deja de ser un conjunto de modos de cante y baile originado a partir del folclore y las costumbres de etnias diversas, para pasar a ser un cuerpo único de arte, que denominan Arte Flamenco, hoy patrimonio inmaterial de la humanidad.

La coordinadora de estas actividades es la profesora y flamencóloga Génesis García y todas las actividades se realizan en la Sala Flamenca del Restaurante Mare Nostrum, en el Paseo del Muelle, que se queda pequeño para algunas de las galas programadas.

Otra de las actividades es La Escuela Flamenca y el Aula de Flamenco, donde se organizan tertulias entre tapas y vino una vez al mes, en torno a diferentes temas sobre el flamenco, sin olvidar una docena más de actividades como proyecciones, conferencias, debates, exposiciones, presentaciones de libros, viajes, intercambios con otras peñas...

Ya hay 150 socios

Los miembros de la directiva están encantados al ver cómo se está despertando la afición al flamenco de la gente joven y el crecimiento de la masa social, que se aproxima ya a los 150 socios, y mantienen las puertas abiertas para todo aquel que se quiera incorporar a esta singular Peña, que lleva el nombre de un grande y buen cartagenero, Antonio Piñana Segado, el Maestro Piñana que ya en tercera generación tiene garantizado el relevo entre los grandes del flamenco nacional.

Y mientras terminábamos el segundo Gin-Tonic con unos exquisitos cordiales caseros de almendra que estaban deliciosos, estuvimos escuchando a los jóvenes valores de la guitarra y de los cantes de aquí. Y aprovecho para invitarles a participar en esta Peña, que este año nos traerá grandes sorpresas. Y termino hoy con optimismo máximo: «Habrá días de lluvia y días de sol, días oscuros y días de luz, días de tristeza y días de felicidad, días que quisiéramos olvidar y días que nunca olvidaremos. Pero siempre habrá un mañana para volver a empezar».

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