Pedir perdón

Bajo el mando pepero se han hecho muchas cosas bien, pero también otras mal que callan o tratan de justificar bajo el manto de la legalidad

JOSÉ HERNÁNDEZ MONDÉJARCartagena

Cuando un político no es capaz de pedir perdón por haber hecho las cosas mal, aun siendo legales, demuestra que es un inútil para la política y que su único objetivo es vivir de ella caiga quien caiga. Es el caso de muchos, quizás demasiados. En nuestra Cartagena sería el de Pilar Barreiro y su prole de políticos de tercera división, que sin la política sería difícil que pudieran encontrar ingresos mensuales para pagar sus hipotecas y gastos de manutención.

Cuando cualquier trabajador directivo de una empresa emprende un proyecto y éste se desvía del coste inicial mas de un 315%, metiéndole a los propietarios que lo han puesto una deuda de siete mil millones de las antiguas pesetas, por muy legal que sea la desviación primero tiene que dar muchas explicaciones y luego va a la calle o dimite, si tiene vergüenza, y como mínimo pide perdón por su mala gestión.

No es así el caso de Pilar Barreiro con respecto a El Batel, que tras dejarnos arruinados, se marchó sin explicar con claridad las cuentas al detalle de por qué pasó de 22 a 65 millones de euros y, por supuesto, sin decir un simple «lo siento, me he equivocado», como hizo el Rey Juan Carlos.

Por la forma de gobernar de Barreiro, tal postura no extrañó a nadie, pero si es de extrañar que los acólitos que entonces le bailaban el agua, como el portavoz del PP, Paco Espejo, que aspira a seguir viviendo del erario público, se escuden en que los sobrecostes de El Batel fueron legales en vez de pedir perdón por la parte que les tocó en el desaguisado económico.

Sacar al aire en un pleno que hubo un ciudadano de los de a pie, de los de la plebe que tanto a ellos les incomoda cuando escribe, que en su día denunció el sobrecoste y que la denuncia fue archivada por no encontrar ilegalidad alguna la Fiscalía, además de ser una bajeza no es más que la demostración fehaciente de que no sirve, ni sirven, para estar al frente de los intereses de la que ya debiera ser provincia de Cartagena.

Bajo el mando pepero, en esta ciudad se han hecho muchas cosas positivas, de las que ya alardean ellos solos, pero hay otras muchas que se han hecho mal y de las que callan o bien tratan de justificar bajo el manto de la legalidad.

¿Es legal evacuar fuera del tiesto en la intimidad del hogar? Sí lo es, pero no está bien. Y si se hace y te pillan, al menos pídase perdón, como mínimo.

Espejo puede decir lo que quiera, justificar la legalidad de El Batel y el millonario contrato anual que él firmó y que todos estamos pagando para mantener un negocio privado, aunque sea legal, que lo es, pero mantenerse en el pesebre de la política con los mismos métodos que utilizó su siempre y eterna jefa, mi Pili, es la mayor garantía de que antes o después le darán la patada en el culo y saldrá por la puerta a buscarse la vida, como los plebeyos, por calles y empresas de nuestra milenaria ciudad. Digo él y otros tantos que le rodean.

¿Se atreverán a poner en el curriculum para buscar trabajo su buena gestión de la construcción de El Batel? Capaces son.

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