Paso atrás en la protección de monumentos

Reivindicación. Visita de un grupo de senderistas a una de las ermitas del Monte Miral.
Reivindicación. Visita de un grupo de senderistas a una de las ermitas del Monte Miral. / LV

Decenas de inmuebles del municipio declarados Bien de Interés Cultural se caen a trozos por la falta de mantenimiento de sus propietarios Las asociaciones del patrimonio reclaman a la Comunidad más control y que obligue a los dueños a tenerlos en buen estado

ANTONIO LÓPEZCARTAGENA

La Basílica de la Caridad, el malacate minero de la minas Las Matildes, la procesión del traslado de San Pedro Apóstol, la Casa del Niño y la Capilla Marraja. Esos cinco valores arquitectónicos y culturales de Cartagena pronto podrían pasar a formar parte de la larga lista de recursos patrimoniales locales declarados Bienes de Interés Cultural (BIC), un registro del que forman parte casi doscientos edificios. A pesar de ser tesoros de la historia con un valor casi incalculable, la mayoría de ellos se encuentran en estado de abandono, semiderruidos, expoliados y olvidados, porque sus dueños, ya sean particulares, empresas o administraciones públicas, no cumplen con las obligaciones que impone este nombramiento, entre ellas, mantenerlos, conservarlos y custodiarlos.

Las asociaciones de defensa del patrimonio coinciden en que el paso para declarar un monumento BIC es de suma importancia para garantizar su conservación, pero de poco o nada sirve si después los propietarios no cumplen la ley. El Bien de Interés Cultural (BIC) es la máxima figura de protección legal que se puede dar a un monumento, un jardín, un yacimiento arqueológico, un conjunto de edificios históricos, un lugar vinculado a un sitio histórico o un evento, como procesiones o romerías.

Basílica de la Caridad
En la calle Serreta. Por el importante legado pictórico del pintor hispano-cubano Manuel Wssel de Guimbarda e histórico de las capillas de las Ánimas y de la Comunión
Malacate minero en la Sierra minera de Cartagna-La Unión
Está en el complejo minero Las Matildes.
Procesión de San Pedro Apóstol
Se celebra cada Martes Santo. Por su antigüedad, singularidad y por el valor de la talla, obra de José Sánchez Lozano.
Casa del Niño
En la calle Tolosa Latour. Por ser un bien patrimonial e histórico.
Capilla Marraja
En la calle Mayor. Por el patrimonio que alberga el oratorio con las imágenes y conjuntos escultóricos de la Santísima Virgen del Rosario (José Esteve y Bonet. S. XVIII), el Santísimo Cristo Yacente (José Capuz. 1926), el Santísimo Descendimiento de Cristo (José Capuz. 1930) y el Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen (José Capuz. 1958).

Las obligaciones de los dueños pasan por mantenerlo y en el caso de que se trate de bienes muebles inventariados, estos deben estar a disposición de profesionales para su estudio y su revisión. Además, deben estar disponibles para posibles exposiciones temporales, aunque no deben superar el mes de tiempo durante un año. La normativa marca que han de estar abiertos al público, al menos, durante cuatro días al mes.

Permiso de Cultura

Si se le quiere hacer algún tipo de intervención u obra, ésta se debe llevar a cabo precedida de un permiso y estudio específico de la administración pública. Si cambian de titularidad (por venta, herencia o cualquier otra forma de cesión), debe ser comunicada a la administración, para que el cambio de titularidad jurídica se plasme en la ficha correspondiente del inventariado.

Muchos son los que se encuentran si cumplir esos preceptos. Entre los que corren más peligro, según la lista de la recién creada por la Coordinadora de Asociaciones del Patrimonio Histórico de Cartagena y Comarca, a la que pertenece una decena de colectivos, están los castillos de los Moros y de la Atalaya; las torres vigías, como la del Moro y Rubia, en la zona oeste y la del Negro, a las afueras de El Algar; villas como la Calamari (San Félix) y la romana de El Paturro, en las inmediaciones de Portmán; la Catedral Antigua; el Arsenal Militar; el monasterio San Ginés de la Jara y las ermitas del monte Miral. También incluyen las baterías de costa, como la de San Isidoro y Santa Florentina. Este colectivo considera que hay que intervenir de manera urgente sobre ellos, aunque creen conveniente que se cumpla con los preceptos que obliga la ley de los BIC.

«En muchas ocasiones, la declaración de Bien de Interés Cultural de un monumento no le confiere una mayor protección. Son los propietarios los que tienen que cumplir con los preceptos de la ley, pero en muy pocas ocasiones se hace, por eso el patrimonio está como está, porque las administraciones competentes, tanto el Ayuntamiento como la administración regional y estatal, no obligan a cumplirla», explicó el representante de la Fundación Sierra Minera (una de las integrantes en la coordinadora, Juan Miguel Margalef. Muy pocos de ellos esperan una rehabilitación. Casos como el Castillo de la Atalaya, donde el Ayuntamiento lo limpiará de maleza y basura y eliminará todo rastro del expolio y el vandalismo sufrido en las últimas décadas; o como el Castillo de los Moros, para el que existen planes a largo plazo de restauración, hay pocos en Cartagena. El único monumento cuya restauración sí ha salido adelante es el Monasterio de San Ginés de la Jara, cuyo propietario, la promotora Hansa Urbana, lleva a cabo obras de consolidación por impulso del Ayuntamiento.

El abandono se ha apoderado de muchos de ellos y los expoliadores los han dejado en algunos casos solo con la estructura. Las asociaciones conservacionistas exigen a las administraciones públicas un esfuerzo de preservación.

Diferente rumbo pretenden dar vecinos, colectivos e incluso la administración a la Basílica de la Caridad, el malacate de la Sierra Minera, la procesión del traslado de San Pedro Apóstol, la Casa del Niño y la Capilla Marraja. Para ellos se ha pedido la consideración de BIC este año. Cada uno de ellos tiene, además, un plan de recuperación y mantenimiento, que les augura larga vida.

El Ayuntamiento, por iniciativa de Movimiento Ciudadano (MC) lo pidió para la Basílica de la Caridad, por el «importantísimo legado pictórico» que el pintor hispano-cubano Manuel Wssel de Guimbarda dejó en el templo, como el Tríptico de la Asunción.

La distinción para el malacate la solicitó la Fundación Sierra Minera, por ser una estructura minera de suma importancia histórica y porque ese el único en madera que se conserva, no solo en la sierra minera sino en toda la Región. El traslado de San Pedro Apóstol fue pedido por particulares, entre otras muchas cuestiones por su antigüedad, singularidad y por el valor de la talla, obra del renombrado escultor José Sánchez Lozano.

Los faros, los siguientes

Por su parte, la Asociación de Defensa del Patrimonio Histórico Daphne también ha solicitado que los faros de Escombreras y Portmán, de titularidad estatal, sean declarados BIC. El colectivo basa su solicitud «en criterios históricos, constructivos, patrimoniales, históricos, arqueológicos, paisajísticos y ecológicos». En su escrito al Ministerio de Cultura ha incluido la «inmediata protección». El PSOE se ha sumado a ella.

Daphne registró la petición en la Dirección General de Bellas Artes y Patrimonio Cultural para que doten «a ambos faros de una protección a través de su declaración como monumentos». Con esto, apuntó la asociación, se evitaría que «Puertos del Estado los reconvierta en hoteles o restaurantes, y lleve a cabo una remodelación sin tener en cuenta sus valores patrimoniales.

Más tiempo lleva esperando el faro de Cabo de Palos, cuya petición duerme en el sueño de los justos. La tramitación arrancó en el Ministerio de Cultura hace 15 años, cuando el 1 de julio de 2002 fue incoado el procedimiento de declaración de BIC. Se hizo a instancias de la asociación Pro-Defensa del Patrimonio Artístico y Cultural de la Región.

«La administración es demasiado laxa en hacer cumplir la ley»

El presidente de la Asociación para la Defensa del Patrimonio (Adepa), Luis de Miquel, aboga por que las administraciones sean menos permisivas a la hora de obligar a los propietarios de monumentos catalogados como Bienes de Interés Cultural (BIC). «Si no lo somos como el medio ambiente tampoco hay que serlo con el patrimonio», dice. En su opinión se debería hacer más hincapié en la conservación y mantenimiento de los bienes «pero, en este caso, la administración es demasiado laxa. Debería crear líneas de ayuda para que los dueños puedan cumplir con la ley y la obligatoriedad de tener un BIC», añade De Miquel. Cree que debería haber una «política más realista» y que se creará un «proceso gradual para restaurar y poner en valor el patrimonio cartagenero, porque de otra forma se irá perdiendo de manera progresiva». Reclama un plan para los Bienes de Interés Cultural, ya que hay demasiados y es imposible abordar la apertura y restauración de todos. Según Luis de Miquel, debería hacerse un plan para que cada año o dos años se rehabilitara uno, «es la forma de mantener vivo nuestros bienes, porque abiertos se conservan mejor».

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