La odisea de coger un autobús

Juan Pedreño, que va en silla de ruedas, junto a un autobús en el Paseo Alfonso XIII./J. M. Rodríguez / AGM
Juan Pedreño, que va en silla de ruedas, junto a un autobús en el Paseo Alfonso XIII. / J. M. Rodríguez / AGM

Un vecino minusválido denuncia fallos continuos en las rampas de acceso al urbano

Antonio López
ANTONIO LÓPEZCartagena

Para Juan Pedreño, que tiene 58 años y va en silla de ruedas desde hace dos, el simple acto de subir a un autobús es toda una odisea. Y eso incluye los que van equipados con rampa de acceso para personas con movilidad reducida. La diabetes y una enfermedad diagnosticada cuando era pequeño le obligaron, poco a poco, a depender de sus muletas y ahora de una silla motorizada, en la que tiene que ir sentado a todos sitios.

A los mil y un obstáculos que halla en las calles y plazas de Cartagena, como «aceras sin rebajar, escalones en comercios y coches en pasos de peatones», desde hace un año suma los problemas para subir el autocar urbano de la línea 18, que le lleva desde su casa, en el Paseo de Alfonso XIII, al Hospital Santa Lucía.

Cada semana tiene que ir, como mínimo, una vez al especialista, para que le hagan el seguimiento a la patología que le provocó la amputación de un dedo del pie derecho, y para comprobar que las prótesis de la cadera están bien. Algunas semanas, va tres veces.

«Llego muchas veces tarde al hospital, por las averías en los tres vehículos de la línea 18»

«Desde hace un año, cuando cojo un autobús tengo problemas, porque de los tres buses que hay en la línea solo en uno de ellos funciona la rampa de acceso, y las de este, a veces, también fallan», lamenta.

Aún recuerda la primera vez que tuvo que hacerse las primera curas, tras la amputación. «Ese día estaba lloviendo. Cuando llegó el primer autobús, el conductor intentó bajar la rampa, pero no funcionó. Así ocurrió con el segundo y ya en el tercero, casi cuarenta minutos después, pude subir. Ese día llegué tarde. Y al salir, hasta que no pasó el único al que le funcionaba el acceso móvil, no me pude marchar».

Taxi o pagar en el Santa Lucía

Este es el suplicio que vive este vecino desde entonces. A pesar de que es precavido y de que llega a la parada con «suficiente antelación», a veces le ha ocurrido «que hasta al único coche al que le funciona la rampa también falla». Eso le ha obligado a pedir un taxi, «pero la carrera cuesta entre quince y veinte euros, y yo no me lo puedo permitir».

Juan tiene su propio coche adaptado a sus necesidades, que usa cada vez que es preciso, menos para ir al hospital. «Me es imposible ir en mi vehículo, porque tendría que dejarlo en el parking; y, para llegar hasta la consulta, perdería demasiado tiempo, sin contar lo que hay que pagar por estacionarlo allí», cuenta.

La última vez que le ocurrió fue hace dos semanas. Entonces, su pareja tenía que ir también al centro sanitario público. Lo denuncia así: «Iba a acompañarla, pero cuando nos dispusimos a coger el autobús, la rampa no funcionaba. Ocurrió lo mismo en los tres vehículos siguientes. Eso me obligó a dejar que mi mujer se fuera sola. Yo me quedé en tierra. No hay derecho a eso».

El enfado monumental que tenía entonces Juan le impulsó a dirigirse al Ayuntamiento y poner una reclamación. En ella, reclamó que los coches sean sometidos a revisiones y que se dé una solución, «porque seguro que no soy la única persona a la que le ocurre esto». «Debe haber más ciudadanos en la misma situación», recalca.

Este ciudadano solo quiere que las autoridades, que además están en plena negociación de mejoras en la línea con la empresa Alsa City, le escuchen y reaccionen. Este diario llamó varias veces a la empresa concesionaria del servicio de transporte público urbano, para conocer su versión, pero no hubo respuesta.

Sin respuesta de Alsa

Juan, al que la vida le ha hecho sobreponerse a las adversidades, no se da por vencido: «No quiero nada más que poder subir al transporte público, como cualquier otra persona. No puede ser que en los tres autocares de la línea fallen las rampas, pese a que son de los coches nuevos que estrenaron hace unos meses. No tienen consideración con las personas que tenemos problemas de movilidad».

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