El naufragio del 'Choncholita'

El 'Choncholita', atracado en el puerto de Cartagena, con el Castillo de los Moros de fondo./
El 'Choncholita', atracado en el puerto de Cartagena, con el Castillo de los Moros de fondo.

14 de abril de 1927, ocho cartageneros perecen ahogados frente a la localidad almeriense de Carboneras, formaban parte de la tripulación del vapor 'Choncholita', un buque de 130 toneladas, con matrícula de Cartagena y que pertenecía a la Mancomunidad de Miguel Zapata e Hijos.

Miguel Zapata Sáez, el Tío Lobo, era un rico minero que se había hecho a sí mismo. Desde una cultura elemental alcanzó un imperio en la sierra minera de Cartagena-La Unión que lo catapulto a lo más alto de la sociedad de su tiempo, constituyéndose en un hombre poderoso e influyente.

A base de tenacidad y trabajo consiguió una enorme fortuna, sobreponiéndose a todas las dificultades. Casas, fundiciones, minas, carruajes, almacenes, barcazas y hasta grandes buques de carga que surcaban mares y océanos fueron a parar a sus manos.

Utilizando como base la localidad donde residía, Portmán, quiso crear en su puerto un muelle capaz de acondicionar los embarques de los minerales que producía y transportarlos en sus propios barcos.

Adquirió grandes vapores como el 'Malabar' y otros de menor tamaño como el 'Choncholita' del que vamos tratar a continuación.

El huracán del 12 de abril

La predicción meteorológica de la prensa de la época era un poco imprecisa, nada anunciaba la gran catástrofe. Un huracán sin precedentes se llevó por delante gran cantidad de vidas y bienes en la costa levantina, especialmente en la zona de Almería, donde se perdió la cosecha y numerosas embarcaciones se fueron a pique por la virulencia del temporal.

El 'Choncholita' se encontraba en aquellos momentos fondeado en la ensenada de ViIlaricos, cargando mineral que debía conducir a Portmán. La violencia del temporal le hizo romper las amarras y, en vista de ello, el capitán ordenó hacerse a la mar, a fin de capear el tiempo, ya que de continuar en el fondeadero hubieran perecido estrellados contra los rompientes de la playa. Se hizo a la mar el barco y, próximamente a las diez de la mañana, cuando mayor era la fuerza del mar y del viento, se iba a pique frente a Carboneras, cuyos habitantes pudieron contemplar aterrados la catástrofe.

Formaban la tribulación nueve miembros: el capitán Miguel Meca, el contramaestre Pedro Sellé, el maquinista Manuel Escudero y el resto eran marineros, todos ellos residentes en Cartagena. Se da la circunstancia de que también iba a bordo el hijo del capitán, de tan solo dieciséis años que, realizaba su primera travesía como alumno en prácticas.

De lo ocurrido en el barco tenemos conocimiento gracias al testimonio del único superviviente de este naufragio; el contramaestre de 61 años de edad, Pedro Sellé.

Una vez que el vapor salió a alta mar y con toda la maquina posible, el barco era ingobernable. Fue cuando se decidió que la única posibilidad de salvación era dirigirse a tierra y embarrancar.

Así se ordenó. Pararon las máquinas y las calderas, todos los tripulantes subieron a cubierta refugiándose en el puente. Cuando el 'Choncholita', con gran trabajo, navegaba para ganar tierra, tropezó con un bajo, estaba perdido y comenzó a hundirse frente a la playa de Carboneras. Los momentos fueron de gran angustia, el primero en lanzarse al embravecido mar fue el contramaestre, luego dos tripulantes más, al resto nos les dio tiempo, un golpe de mar se los llevó al fondo cuando todavía se encontraban dentro del puente del barco.

Pedro Sellé estuvo luchando con las olas más de una hora, la costa se encontraba a más de una milla, los otros dos compañeros fueron sucumbidos por las aguas y se ahogaron. Por fin y tras titánicos esfuerzos Sellé consiguió llegar a unas rocas, malherido y agotado logró salvarse gracias a la ayuda de un niño y una mujer que, a pesar del fuerte viento, pudieron llevarlo a una casa donde fue atendido por el vecindario.

Cuando el contramaestre pudo regresar a su casa de la calle de Teruel, en el barrio de Santa Lucia, la ciudad estaba consternada. Los fallecidos eran muy conocidos y queridos, el 'Choncholita' era un asiduo de este puerto y su armador, el Tío Lobo, aún más.

A pesar de la fama que Miguel Zapata tenia de tacaño, no dudó en ocuparse de la situación económica de las familias de los fallecidos y del propio Pedro Sellé, refiriéndose a la pérdida del barco y de su cargamento comentó: «¡Lástima de las viudas e hijos, porque lo demás tiene arreglo!».

Este industrial tosco, pero práctico, continuó comprando barcos. A pesar de este terrible naufragio, su idea era transportar los minerales desde los montes, a pie de mina, hasta los puertos de destino sin intermediarios, así se lo expuso a su socio el Conde de Romanones cuando fue a verlo a su rica casa de Madrid, contándose aquella anécdota que se refería a que, cuandó llego al domicilio del importante noble, le dijo al portero: «Dile al cojo que baje, que está aquí el Tío Lobo de Portmán».

Romanones cojeando, bajó.

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