Una mujer pide la readmisión de un socorrista despedido por un acoso que ella niega

María Valverde, ayer en La Manga. / Pablo Sánchez / AGM
María Valverde, ayer en La Manga. / Pablo Sánchez / AGM

María, que era ayudada por un vigilante para bañarse con una silla anfibia en La Manga, asegura que el joven «jamás se excedió»

Antonio López
ANTONIO LÓPEZCartagena

Enfadada e indignada, pero sobre todo, utilizada. Así es como se siente María Valverde, una usuaria de 61 años del servicio de baño con silla anfibia que el Ayuntamiento de Cartagena presta a través de la Cruz Roja en la playa del Cavanna. Denuncia que la empresa de socorristas que presta el servicio en la zona ha despedido a uno de los trabajadores, el que la ayudaba a darse un baño todos los días, alegando un supuesto «acoso hacia mi persona que nunca ha existido por parte del muchacho».

Esta murciana veranea de junio a octubre, desde hace años, en La Manga. Ella y su marido tienen un apartamento en la Urbanización Babel. Una enfermedad que sufrió cuando era pequeña la obligó a utilizar una silla de ruedas de por vida. Cada mañana, coge su medio de transporte y se dirige a la playa del Cavanna, donde está el Puesto 10 de socorrismo. Allí, también hay uno con silla anfibia, que utiliza para darse un baño.

«Nunca he tenido ningún problema con los chicos, que además no tienen ninguna obligación de ayudarme. Si lo hacen, es porque quieren. Siempre se han portado muy bien conmigo y nunca me han faltado el respeto. El que más me ayudaba era Jorge, al que han despedido. No entiendo aún por qué. En la carta de despido, que él mismo me ha dado, dice que 'queda evidenciado el acoso por razón de sexo y por razón de minusvalía a la usuaria del servicio', es decir a mí», explicó ayer a 'La Verdad' esta vecina.

Antes de perder su puesto en la concesionaria municipal, Cruz Roja dijo que hacía «comentarios despectivos» a voluntarias

María Valverde desmiente «categóricamente» esta afirmación. «Jamás, en ningún momento, me he sentido acosada; al contrario, me ha ayudado en todo lo que ha podido», dice. Estas mismas palabras se reflejan en el escrito que entregó en el Registro del Ayuntamiento de Cartagena el pasado lunes.

Esta mujer cuenta que el socorrista despedido se dirigía a ella de una forma muy amistosa, pero siempre desde el más estricto respeto. «Creo que la empresas ha visto mal que el joven dijera en una ocasión, a modo de broma, que 'el único que toca a María soy yo'. Cuando lo dijo fue en un momento en el que estaba en la silla anfibia y me resbalé. Entonces el chico me cogió por la cintura, a la altura del pecho, y me subió. Es de la forma que me cogía cada vez que me pasaba desde mi silla de ruedas a la que utilizan para darme el baño», relató.

Lo más indignante para Valverde, afirmó, es que nadie de la empresa se ha dirigido a ella para saber su versión. «Por eso, creo que ha sido una excusa para despedir a un trabajador, que lo único que hacía era portarse bien conmigo y cumplir con una labor para la que no tenía obligación alguna».

Esta mujer, que dice sentirse «ofendida» no quiere otra cosa salvo que se restituya su honor y que la empresa concesionaria del servicio rectifique sus afirmaciones de la carta de despido, que son «totalmente erróneas». Este diario se puso ayer en contacto por escrito con la empresa, para conocer su versión, pero al cierre de esta edición no había recibido respuesta. El único cometido de los trabajadores de esta empresa es la vigilancia de las playas, no el ayudar a personas con movilidad reducida a darse un baño. El servicio de silla anfibia lo presta Cruz Roja, pero entre los cometidos de los voluntarios no está ayudar a los usuarios con discapacidad. Por eso, éstos son ayudados por los socorristas.

El joven despedido también prefiere mantener su anonimato, porque prevé denunciar a la empresa por despido improcedente, según indicaron fuentes cercanas a él.

En la carta de despido también se explica que el chico «realizó comentarios despectivos hacia las voluntarias de la Cruz Roja». Estos hechos fueron confirmados por el vicepresidente de la institución benéfica, Manuel González. Este responsable envió hace un par de semanas una carta de denuncia a la empresa, «para hacerles llegar la actitud de este chico». Esta organización aseguró que «en ningún momento pidió el despido del empleado». El Ayuntamiento no atendió la solicitud de información de este diario.

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