Libros para las Pascuas

Lola Gutiérrez, con el libro que presentó ayer. / J. LORENTE
Lola Gutiérrez, con el libro que presentó ayer. / J. LORENTE

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

Entramos en un tiempo que comparte con el verano la atracción circunstancial de muchos hacía el apasionante mundo de los libros. Hoy vamos a comentar algunos de los que se han presentado últimamente en nuestra ciudad y que instauran nuevas miradas a su historia.

José María Conesa Duelo desea compartir su gozo numismático con todos en su obra 'Las monedas de Cartagena'. Se trata de la primera publicación que reúne las monedas que aquí se acuñaron en cinco periodos históricos diferentes como fueron el cartaginés, romano, bizantino, musulmán y la revolución cantonal. No deja al margen el papel moneda emitido durante la Guerra Civil.

Para los amantes de la historia y de las monedas ha promovido la edición de cuatrocientos ejemplares que en 180 páginas muestran esas 288 monedas, además de 27 medallas catalogadas.

Las obras literarias presentadas en los últimos días instauran nuevas miradas sobre la historia cartagenera

'Virazón' es la última novela de la vitalista Lola Gutiérrez. Podríamos afirmar que es su aportación personal al Año de la Ilustración, ya en sus últimos días. La portada la firma el pintor y fotógrafo Javier Lorente, quien tomó parte en la presentación de la obra celebrada ayer, junto a la autora y al actor Manuel Llamas. Como en relatos anteriores el pasado y el presente salen al encuentro en un marco territorial que nos es próximo.

Lola cuenta ya con cinco libros publicados, cuatro novelas y una narración infantil, resultando finalista en 2014 al premio Libro Murciano del Año con su relato 'Efectos Personales'. El pasado mes de febrero fue galardonada en Murcia como 'Mujer con Valor Añadido'.

En 1885 aparece en Cartagena la epidemia de cólera morbo asiático, declarada con anterioridad en España. Las medidas higiénicas impulsadas por las instituciones sanitarias y el Ayuntamiento minimizaron su impacto y quizá, para Francisco Rosas, también la preparación de una bebida emblemática que llevaría con el tiempo el nombre de asiático. Algo deleitable entre tanta atrocidad.

Tiempo de asiático

En efecto, 'El Asiático cartagenero: su creación y evolución hacia la excelencia', de Francisco Rosas Fernández-Villamil, relata el origen y expansión de esa bebida identitaria y los pormenores de la copa en que se sirve. En su trabajo investigador indica que sería uno de los remedios ideados por médicos para combatir los efectos de la citada patología. De entre los brebajes realizados uno daría origen al carajillo, compuesto de café con brandy. Otro preparado consistía entre otros ingredientes brandy, canela y agua azucarada. De estos datos deduce Rosas que fusionando ambas fórmulas tendríamos el asiático. Eso sí, cambiando el agua azucarada por la posterior leche condensada.

Por otro lado, en el catálogo del año 1932 de la fábrica Unión Vidriera, ubicada en Santa Lucía, figura el molde 249. Se trata de una copa de campana utilizada para vermú, que al año siguiente constará como copa de asiático.

Los beneficios de la venta del libro irán destinados a la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer. Brindaremos por ello en el Bar Pedrín.

Mi compañero cronista Luis Miguel Pérez Adán nos propone la primera entrega de Fotohistoria de Cartagena. Se trata del primer volumen de una serie que recopila sus artículos publicados por este diario en su edición de Cartagena. Una delicia recorrer las fotografías que se exhiben acompañadas con las explicaciones referidas a su contextualización histórica. Comienza con las primeras realizadas en la ciudad, en una de ellas, fechada en el año 1860, observamos a la Escuadra Auxiliar de Operaciones fondeada en la dársena. En otra, de 1872, se nos brinda la primera instantánea del faro de Cabo de Palos. Páginas adelante nos asalta la mirada del enérgico Manuel Bartual, ajusticiado a garrote vil ante las puertas del cementerio de Nuestra Señora de Los Remedios. Se le responsabilizó de una fracasada revolución con la toma del castillo de San Julián, haciendo ondear en ese lugar la bandera republicana un día de enero de 1886.

Contemplamos los tranvías tirados por mulas (1895) y las palabras bien traídas de Esteban Satorres: «(...) a veces, durante un viaje, daba tiempo de echarse novia, casarse y aún celebrar el primer bateo». A las páginas de Luis Miguel asoman el insólito faquir Kammammuri y el enorme corpachón desganado de John Moore, más conocido por El Negro del Muelle. Quién sabe si sus restos reposan en la tumba de José Antonio Primo de Rivera. Otro personaje singular que despunta es Luis Esteso, el rey de la risa, tío-abuelo de Fernando Esteso. Y un 26 de septiembre de 1958 nos visitó Churchill, en silla de ruedas, pero sin dejar de fumar su eterno habano, junto a Aristóteles Onassis.

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