Juan Guillén Buzarán, poeta y soldado

Viñeta de Juan Guillén Buzarán, dibujada para el Semanario./
Viñeta de Juan Guillén Buzarán, dibujada para el Semanario.

Nació en Cartagena, el 29 de septiembre de 1819, en el seno de una importante familia. Tras pasar su infancia en nuestra ciudad, se trasladó a Murcia, para ingresar en el colegio seminarista de San Fulgencio. Allí adquirió una base humanística llena de fundamentos poéticos sorprendentemente prematuros. Ello, unido a una vocación militar, hace que nuestro protagonista, Juan Guillén Buzarán, inicie una brillante carrera castrense, que supo conjugar con la literaria.

En 1833, se trasladó a Madrid. Sus relaciones familiares lo introdujeron en la alta sociedad capitalina llegando a estar, incluso, muy cerca de la corte, tanto que ingresó en la Guardia Real. Su juventud y su aureola, aparte de su desahogada posición social, le abrieron todas las puertas.

Su hoja de servicios fue notable, desde su ingreso en el Ejército como subteniente de infantería, hasta alcanzar el grado máximo como Mariscal de Campo en 1878. De esta forma culminó su carrera como subsecretario del ministerio de la Guerra.

Intervino en numerosos episodios bélicos y participó activamente en todas las guerras carlistas, primero en el bando liberal, en Aragón y Valencia, luego, en el Norte y después del abrazo de Vergara, en el Maestrazgo y Cataluña.

Numerosos combates

Junto al general Espartero se distinguió en numerosos combates en el transcurso de la defensa de Bilbao, por lo que fue ascendido y recompensado con la cruz de San Fernando.

Como coronel participó, en 1860, en la guerra de África, junto con el General Prim. Allí se significó por su valentía y conocimientos estratégicos, aunque no quiso participar en la revolución de septiembre de 1868, en la 'La Gloriosa'. Por ello quedó apartado del servicio activo hasta la restauración, durante la que volvió a ocupar puestos relevantes en el Estado Mayor, ya como General de División. Así, incluso, llegó a ser nominado senador y subsecretario del ministerio.

Fue siempre fiel a la monarquía, de la que obtuvo todo tipo de recompensas y condecoraciones. Por ello fue considerado dentro de la milicia como un leal y valeroso militar.

Todo el tiempo libre que le dejaba su servicio militar, lo empleó Juan Guillén en su faceta literaria. Poemas, artículos históricos descriptivos y crítica literaria fueron desarrollados por él en numerosas publicaciones. Llegó a ser un escritor reconocido y con una abundante obra hasta su fallecimiento en 1893.

«Y entiérrame en mi patria; ¡te lo ruego! / la cruz de honor, con una cinta roja/ sobre mi corazón, luego me atas;/ Colócame el fusil sobre la mano /y en la cintura cíñeme la espada, así quiero yacer».

En este ambiente literario de Madrid, nuestro cartagenero, trabó amistad muy estrecha con los escritores a los que frecuentaba, como Espronceda, Mesonero Romanos, Salas Quiroga, Hevia y otros. Perteneció al Ateneo y al Liceo.

Inició su carrera de escritor en el Semanario Pintoresco Español, realizando una colaboración espontánea, que su director Mesonero Romanos supo aprovechar.

Corresponsal de guerra

Durante años, colaboró en esta publicación con gran éxito. Su trabajo tenía un carácter periodístico e incluso como un corresponsal de guerra, escribía en el mismo campo de batalla. Este tiempo lo compaginaba con su poesía lírica. El propio Mesonero definió a Guillén Buzarán como «discreto y bizarro militar, amable poeta y crítico».

Nuestro poeta militar no publicó ningún libro. Toda su producción está perdida en las hojas de los periódicos, como poemas, artículos arqueológicos pintorescos e investigaciones históricas, literarias y militares.

Su definición como escritor se debería encuadrar en la corriente romántica ilustrada, que imperó en el siglo XIX, con un estilo luminoso levantino, logrado por pinceladas vigorosas y contrastes atrevidos, en opinión de Varela Hervias.

En cuanto a su poesía, estuvo llena de formas métricas, con la que demostró un gran dominio versificador. Quizás fue un tanto inconsistente en cuanto a los temas empleados.

Sin duda son sus sonetos donde alcanzó un mayor grado de perfección poética, con una prodigiosa producción en cuanto al número de ellos se refiere. En los estudios de crítica histórica y literaria es donde se comprueba la auténtica valía de este cartagenero. Fueron incalculables los trabajos realizados sobre los clásicos españoles. Destacan los referidos a Quevedo y, sobre todo, un ensayo sobre Miguel de Cervantes, en el que se muestra como un investigador infatigable. En este caso consiguió un material abundante y poco conocido y, en ocasiones, con aportaciones totalmente originales.

Parte de su obra parece que sigue inédita, incluso funciones de teatro, olvidadas como su propia persona, desconocido en la tierra que lo vio nacer como tantos hombres y mujeres hijos de Cartagena. Ojalá estas breves líneas sirvan para saber algo más de este personaje, sobre su vida, su brillante historia militar y como escritor.

Fue un tipo curioso y atractivo que escribió: «No tengo nombre, ni historia, / ni inscripciones que me descubran/ las curiosas tradiciones/ de otro ser y otra ventura».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos