Un investigador de «maratón» para la UPCT

Héctor Conesa, en la Escuela de Agrónomos de la UPCT./LV
Héctor Conesa, en la Escuela de Agrónomos de la UPCT. / LV

El Estado da 100.000 euros a la Universidad para el contrato de Héctor Conesa, uno de los contados científicos que logra la estabilidad

José Alberto González
JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZCartagena

Alcanzar la estabilidad laboral es el reto de miles de trabajadores que afrontan, a diario, la temporalidad y la precariedad. En sectores como la ciencia, ese objetivo se ha convertido casi en una misión imposible, tras años de recortes en la administración pública y la insuficiente concienciación del sector privado para incorporar a profesionales de la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i). Solo unos pocos, tras años de esfuerzo, dedicación y paciencia, logran consolidar una carrera científica. Ese es el caso de Héctor Conesa, recién nombrado profesor contratado doctor en la Escuela de Agrónomos de la Universidad Politécnica de Cartagena. El suyo es el único contrato de consolidación de la UPCT financiado por el Estado, a través del programa Ramón y Cajal, en 2017.

A lo largo de los próximos tres años, la Universidad recibirá 100.000 euros de la Secretaría de Estado de Investigación, que ha incluido a Conesa en un programa de «incorporación estable de doctores». De 39 años y natural de La Unión, este especialista en recuperación de suelos contaminados -como los de la Sierra Minera de su pueblo y de Cartagena- finalizó el año pasado su contrato Ramón y Cajal. Y, a finales de diciembre, el Ministerio de Economía y Competitividad aprobó una subvención para respaldar su «estabilización» en la plantilla de la UPCT. «No solo hay que ser brillante, sino también tenaz, paciente y vocacional», comenta Conesa, quien compara su recorrido con un maratón.

Investigador
Héctor Miguel Conesa Alcaraz. Natural de La Unión, 39 años, casado.
Especialidad
Experto de la Escuela de Ingeniería Agronómica de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) en recuperación de suelos afectados por actividades mineras e industriales, y en las relaciones suelo-planta.
Trayectoria
Graduado en Agrónomos por la UPCT, estancia en el Swiss Federal Institute of Technology de Zürich, pasó por el Cebas y la empresa privada y fue seleccionado en el programa Ramón y Cajal.

El Ramón y Cajal se convoca cada año, desde 2001, para favorecer la contratación y consolidación de investigadores jóvenes con una trayectoria destacada y experiencia internacional en centros de referencia. Se trata de frenar la fuga de cerebros y que el conocimiento retorne al sistema de ciencia español. Con los recortes de la crisis, el número de contratos ofertados cayó de 750 a menos de 200. Y, a pesar de sus méritos y de lo invertido por España en su formación, muchos investigadores han tenido que enfrentarse a la incertidumbre profesional y un fuerte impacto en el terreno personal.

Actualmente, la Politécnica de Cartagena tiene a tres investigadores amparados por este programa: César Petri y Raúl Zornoza, en la escuela de ingenieros agrónomos, y óscar González, en la de Telecomunicación. «Generalmente, la finalización de un contrato Ramón y Cajal suele llegar con una edad en torno a los 40 años», recuerda Conesa. Y lamenta que, cuando no hay continuidad con otro contrato, la institución en concreto y el país en su conjunto sufre un grave daño.

«Los investigadores del Ramón y Cajal son un caramelo para las instituciones adonde se incorporan, ya que son capaces de captar financiación. Generan buenas oportunidades para crecer en investigación», apunta. En su caso, desde el año 2011, ha conseguido ya para la UPCT más de medio millón de euros en proyectos de investigación y en contratos laborales. El científico se formó como ingeniero agrónomo en la Politécnica de Cartagena, donde inició su doctorado en 2001. Dada su capacitación como ingeniero, tuvo varias ofertas para trabajar en la empresa privada, pero la posibilidad de investigar sobre los suelos afectados por la minería en su municipio despertó su vocación científica. Además, unió su pasión por la historia y cultura local unioneneses con su titulación.

En 2003 se trasladó al Swiss Federal Institute of Technology de Zürich, donde estuvo seis años con becas de la Fundación Séneca y contratos postdoctorales de la propia universidad suiza. Esa época fue un espaldarazo definitivo a su vocación y su currículo.

Del centro de Einstein al paro

Todavía hoy en día se «pellizca», para creerse que estudió con el suelo que se llevó de La Unión, dirigió proyectos e impartió clases, en una institución situada entre las veinte mejores del mundo y que es la primera no anglosajona. Por allí han pasado 21 premios Nobel, entre ellos el físico Albert Einstein. Y allí volvió covencido de que España debe invertir con intensidad y sin descanso en ciencia. Esta, razona, «solo da frutos a largo plazo; pero incluso no teniendo una transferencia inmediata a la sociedad, es la base del futuro desarrollo tecnológico» y, por tanto, del progreso.

Tras pasar por el sector privado y por el Cebas (Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura), en Murcia, Conesa recaló de nuevo en la Politécnica. Ahora, tras esquivar la fuga de cerebros al extranjero tratará de ayudar para que otros jóvenes eviten esa marcha forzosa. Lo hará avanzando en el estudio de la recuperación de suelos afectados por actividades mineras e industriales, y en las relaciones suelo-planta, líneas que le han llevado a publicar más de cincuenta artículos en revistas de impacto, participar en numerosos congresos internacionales, publicar varias tesis doctorales y liderar cinco proyectos de investigación regionales y nacionales.

Tras diecisiete años en la brecha, donde no han faltado esperas en la cola del paro, Conesa agradece el impulso del profesor José Álvarez Rogel, el amor de sus padres y el apoyo de Raquel, con quien se casó al poco de firmar contrato Ramón y Cajal. Con humildad, Conesa celebra su momento: «Es un privilegio poder ejercer la vocación investigadora en mi tierra».

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