La industria del vidrio

Fábrica Valarino, en Santa Lucía, vista desde el mar./
Fábrica Valarino, en Santa Lucía, vista desde el mar.

No se sabe exactamente cuándo o dónde fue fabricado por primera vez el vidrio, aunque se piensa que tiene su origen en Mesopotamia, donde han sido encontrados trozos que datan del tercer milenio a.C. Su evolución va a la par que el de la propia civilización humana.

Egipto y Roma avanzaron en la técnica y la propagación en el arte de su fabricación. Con la aparición del horno industrial de vidrio y la revolución productiva en el siglo XIX se introdujeron las primeras máquinas de automatización de la producción. Aunque no fue hasta comienzos del siglo XX cuando se convirtió en una industria de masas.

Y hasta aquí quería llegar, pues en Cartagena se instalará una importante fábrica de cristal, que dio fama a la ciudad y que hoy día sigue siendo un referente en la historia del vidrio en España.

Ya no existe la fábrica, pero sí un Museo del Vidrio de Santa Lucía, como sala de muestras y como centro de formación, de la mano de la Asociación Artesanal de Vidrieros de Santa Lucía. Su principal objetivo es convertirse en la pieza clave que garantice el relevo generacional en un oficio centenario y para recuerdo de una tradición vidriera de Cartagena por medio de una exposición con más de 200 piezas, distribuidas en 15 vitrinas, procedentes de la antigua fábrica de cristal de Santa Lucía.

El museo tiene la misión de rescatar y difundir la historia del vidrio en Cartagena, así como promover la cultura de aprecio al vidrio e incentivar la producción artística con este material, pero necesita ayuda en forma de fondos económicos para su supervivencia. Desde esta humilde sección periodística, solicitamos a las instancias administrativas y privadas que colaboren y ayuden a su mantenimiento.

De la abundante bibliografía, extraemos unos breves apuntes sobre la historia de la Fábrica de Cristal y Vidrio de Santa Lucía, en Cartagena.

Fundada en 1834, será conocida como Fábrica Valarino por el apellido de su fundador y primer director, llegando a convertirse en una de las principales empresas del sector y fundadora en 1908 de la Unión Vidriera de España.

Coincidente con el llamado auge minero de finales del XIX en Cartagena, su emplazamiento en el barrio de Santa Lucia y junto al puerto, está relacionado con la extracción del mineral necesario para el alimento de sus grandes hornos, factores como el suministro de materias primas (sílice, sosa, potasa, etc.) y combustible (carbón, hulla), fácil salida de producción por el puerto, y un mercado local, nacional e internacional en expansión fueron determinantes a la hora de establecer esta ubicación.

El empresario era Tomás Valarino que, junto a miembros de su familia, se lanzan decididamente a esta aventura empresarial, sus antepasados ya estaban enraizados en la ciudad, las familias Valarino y Mordeglia, armadores y comerciantes franceses y genoveses instalados a finales del siglo XVIII. Su gran patrimonio familiar le permitió no solo montar una fábrica de cristal, también hizo lo propio con una de cerámica y loza denominada La Amistad.

En 1877 fallece el fundador y será su hijo político Joaquín Togores y Fábregas quien tomará las riendas de la fábrica, convirtiéndola en la primera del país.

Este aristócrata militar con amplios conocimientos de ingeniera la dotó de los más desarrollados avances industriales y técnicos de la época, su prestigio nacional e internacional ayudaron a que la competitividad y prestigio de la vidriera cartagenera fuera a la vez unos de los grandes polos de desarrollo de la ciudad, convirtiéndose en un distrito industrial en donde se instalaron otras industrias como las fundiciones de plomo y desplantación, gas y fábrica de cobre, muelles y almacenes convirtiendo al barrio de Santa Lucia en la 'fabrica' de Cartagena.

Tecnología avanzada, nuevos productos, expertos extranjeros en el arte del vidrio que transmitían la especialización entre generaciones de familias de maestros vidrieros, su especialización de cristal blanco grabado o tallado y vidrio hueco no hacían más que engrandecer a esta industria que se imponía a cualquier otra del país.

Siguiendo un modelo gerencial basado en la importancia de las relaciones familiares y de parentesco, como elementos claves en el funcionamiento de la empresa, a la muerte de Togores le sucede en el cargo Esteban Mínguez, nieto político del fundador. De esa manera, la Fábrica de Herederos de Valarino, nombre con el que se presenta comercialmente, tiene en 1904 su tercer director y comienza una nueva etapa marcada por la concentración empresarial.

Con la creación de la Unión Vidriera de España, Sociedad Anónima, la Fábrica de Valarino pierde su denominación para convertirse en la Fábrica Nº 1 de dicha sociedad. La numeración correspondía a su antigüedad. Su integración suponía el final de una etapa empresarial, caracterizada por una gestión personalizada y cuyos problemas de capitalización y dirección se habían resuelto dentro de la misma familia. El comienzo de una nueva etapa en 1908 se culminaría con la propia decadencia del negocio, es el final de su vida laboral y artística.

La industria que tanta fama diera a Cartagena desde el primer tercio del siglo XIX es clausurada el 2 de febrero de 1955. No dejemos ahora que el museo que la recuerda pueda desaparecer.

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