El hundimiento del 'Titanic del Mediterráneo' cumple 111 años

Hundimiento del transatlántico italiano Sirio./LA VERDAD
Hundimiento del transatlántico italiano Sirio. / LA VERDAD

El naufragio del trasatlántico italiano Sirio ocurrió en 1906 frente a Cabo de Palos. Allí se produjo la mayor tragedia marítima civil de la historia en el Mediterráneo con más de 400 personas muertas; pero también es la epopeya de los vecinos de la diputación cartagenera quienes salvaron con sus botes a decenas de personas; y es el ejemplo de un acto cobarde, el de un capitán de barco que abandonó la nave el primero

Raúl Hernández
RAÚL HERNÁNDEZ

Este 4 de agosto se cumplen 111 años del mayor naufragio ocurrido en el Mediterráneo español, el hundimiento del trasatlántico italiano S.S. Sirio junto a la Islas Hormigas, frente a Cabo de Palos. El vapor, de la Compañía General de Navegación Italiana, de 7.000 toneladas y con capacidad para 1.300 pasajeros, realizaba el trayecto de Italia a Argentina haciendo escala en varias ciudades del levante y sur de España para recoger a pasajeros que buscaban una vida de oportunidades en el Nuevo Continente. Datos no oficiales cifran entre 700 y 1.700 el número de pasajeros, y señalan que el capitán aceptó recoger a más emigrantes clandestinos de los que cabían, un exceso de pasaje que formaría parte de una de las causas de la catástrofe marina.

El Sirio, antes de zarpar del puerto de Génova.
El Sirio, antes de zarpar del puerto de Génova.

Esa calurosa tarde, a las 16.05 horas, el buque navegaba a 15 nudos de velocidad demasiado cerca de la costa, a un kilómetro y medio de Cabo de Palos. Una imprudencia de un piloto inexperto al que el capitán, que pensaba jubilarse tras este viaje tras 45 años de navegación, había dejado el timón mientras él se echaba una siesta.

Las cartas de navegación alertaban de un peligro al que muchas naves habían sucumbido años atrás. La escasa profundidad (entre tres y cinco metros en algunos puntos) debido a la presencia del llamado Bajo de Fuera, una elevación rocosa del fondo marino señalizado con el Faro de las Hormigas, en la isla con el mismo nombre y levantado casi cuatro décadas atrás para indicar la amenaza.

El barco chocó, se oyó un enorme estruendo, la proa se levantó y la popa se hundió: «Quedó como si fuera un caballo de hierro empinado, con la cabeza mirando hacia arriba y la cola hundida hacia abajo», señaló uno de los vecinos de la diputación cartagenera, testigo de la tragedia en una crónica de la época.

Instantánea del Sirio frente a Cabo de Palos, antes de su hundimiento definitivo.
Instantánea del Sirio frente a Cabo de Palos, antes de su hundimiento definitivo.

Según publicó 'El Mediterráneo de Cartagena': «Los gritos de dolor, las imprecaciones, las voces angustiadas que pedían socorro, se confundían con el ruido estridente de la embarcación naufraga, que tambaleándose entre los escollos en que estaba sujeta, se tumbó de babor, no presentando a la superficie más que la parte de proa, viéndose también el puente y las dos chimeneas».

Y tras una explosión en las calderas se acercaba el final. Más gritos de terror, disputas a muerte a bordo por un sitio en uno de los escasos botes o un salvavidas y los saltos al mar que no eran sino un suicidio asumido, ya que la mayoría no sabía nadar.

Al día siguiente de los hechos, 'El Liberal' adelantaba la cifra de 200 muertos pero sería superior.
Al día siguiente de los hechos, 'El Liberal' adelantaba la cifra de 200 muertos pero sería superior.

Un caos absoluto en el que no participaron ni el capitán del barco apellidado Piccone ni los oficiales de mando ya que, en un acto cobarde que aún se recuerda, fueron los primeros en poner agua de por medio, saltar de su nave doliente y salvarse.

Los héroes

En este día se recuerda a todos los fallecidos de la catástrofe. No se sabe exactamente cuántos murieron. Las cifras bailan entre los 250 cadáveres oficiales, y los más de 400 muertos(cifra a la que se le añade los que iban indocumentados).

Pero, este 4 de agosto es también el día de los héroes de la tragedia: los vecinos de Cabo de Palos,que a bordo de sus barcas de pesca organizaron rápidamente el rescate y salvaron muchas vidas, y con ese gesto sus posteriores generaciones. Algunos de ellos fueron condecorados con la Cruz del Mérito Naval por poner sus vidas en juego para salvar las de otros en sus barcazas.

Pero además de los que participaron en el rescate, no menos elogios merecen los vecinos que recibieron en sus casas a los supervivientes hasta la llegada de las autoridades de Cartagena, donde posteriormente fueron trasladados los más de 700 náufragos.

Agonía y hundimiento

El imponente y elegante Sirio agonizó durante dos semanas más en esa posición denigrante hasta que un temporal de levante lo envió al fondo. Durante semanas, el mar fue escupiendo a la playa de Cabo de Palos los cuerpos sin vida del pasaje, recogidos y alineados en el puerto por los vecinos.

Los cuerpos fueron arrojados por el mar hasta la costa.
Los cuerpos fueron arrojados por el mar hasta la costa.

Hoy, los restos del Sirio descansan esparcidos por el Bajo de Fuera. La popa se encuentra a 45 metros de profundidad y la proa en la cara este, en la pared vertical de mar abierto, a 70 metros de profundidad, junto a los restos de otras naves, víctimas de las aguas ilusorias y traicioneras de Islas Hormigas.

Una de las calderas del Sirio hundido.
Una de las calderas del Sirio hundido.

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