Una escuela con mucho duende

Piñana toca la guitarra con uno de sus alumnos. A su izquierda, El Rampa escucha un cante.
Piñana toca la guitarra con uno de sus alumnos. A su izquierda, El Rampa escucha un cante. / ANTONIO GIL/ AGM

Catorce alumnos siguen las clases de cante y guitarra de la Peña Antonio Piñana. Descubrir el arte flamenco como medio de expresión es el objetivo de esta academia, que ha funcionado cada viernes en el Ramón Alonso Luzzy

RUBÉN SERRANOCartagena

Es un viernes de primavera y son las ocho de la tarde en el centro cultural Ramón Alonso Luzzy. En la segunda planta del edificio, una voz potente y sentida retumba al final del pasillo, donde hay una puerta entreabierta. Es la de la joven Laura Rodríguez, que ensaya un tiento a la vez que sus profesores le marcan el ritmo con la guitarra. Es el primer día de esta auxiliar de farmacia en la escuela de la Peña Flamenca de Cartagena Antonio Piñana. «Cuando era pequeña mi madre me ponía música de Camarón de la Isla. Me gusta el flamenco y siempre he querido saber cantar así. Estoy empezando y en un futuro, cuando me vean preparada, me gustaría dedicarme a esto», asegura esta cartagenera de 22 años.

La peña se creó en 1990, un año después de la muerte del reconocido cantaor cartagenero, con el objetivo de difundir el arte flamenco en la ciudad y sus cantes de Levante. «La idea me la propuso un amigo y me pareció una gran idea. Pensamos que era necesario potenciar los cantes que son de aquí, que son nuestros, como los de la sierra de Cartagena y los mineros de La Unión», resume Antonio Piñana, hijo del artista. «La peña empezó a funcionar muy bien, con mucha ilusión, pero después de siete años comenzó a decaer hasta su desaparición», añade.

Peña Flamenca
La Peña Flamenca Antonio Piñana se creó en 1990 y, tras su desaparición en 1997, volvió a constituirse por segunda vez en 2012. Un año después nació la escuela.
Ensayos
Las clases de guitarra y cante son los viernes del curso lectivo en el Ramón Alonso Luzzy, de 18 a 21 horas. En el curso que ahora acaba había 14 alumnos.
Cómo apuntarse
Enviando un correo electrónico a info@cartagenajonda. Las clases de cante y guitarra valen 40 y 50 euros al mes.

Tras un largo periodo sin actividad, esta asociación cultural se volvió a constituir en 2012, ya con una junta directiva más sólida de once personas y más de un centenar de socios. «Felizmente puedo decir que vamos creciendo poco a poco, noto que vamos cogiendo prestigio en los recitales y a la gente le gusta. Con tan poco tiempo de vida, creo que estamos a una altura muy digna», presume Piñana.

Recitales hasta mayo

La entidad organiza recitales desde septiembre a mayo en el restaurante Mare Nostrum, ubicado en el Muelle de Alfonso XII, bajo el título Cartagena Jonda. Cada edición de este ciclo se dedica a un cante en concreto, principalmente andaluces, como los típicos de Cádiz, Granada, Córdoba, Sevilla y Málaga. «La gente empieza a valorar el flamenco, fue una verdadera pena que los cartageneros desconocieran toda esta parcela de arte que hay en la ciudad. Realmente siempre hubo afición, pero estaba adormecida y ahora ha vuelto a resurgir», dice Piñana, guitarrista y asesor artístico de la Peña Flamenca.

Con la asociación ya reconstruida, el siguiente paso fue crear una escuela de flamenco. Ésta se constituyó en 2013 y desde entonces se imparten clases de guitarra y cante a 14 alumnos. Los ensayos son todos los viernes en el Ramón Alonso Luzzy, de 18 a 21 horas. «La escuela tiene un objetivo puramente formativo, es un pilar fundamental de la peña, un hilo conductor, vamos de la mano. Realmente no hay muchas peñas en España que puedan presumir de tener una escuela; se pueden contar con los dedos de una mano», asegura Antonio Ayala, 'El Rampa', cantaor local que acumula una larga carrera en los escenarios. «Mi compadre [Antonio Piñana] y yo llevamos toda la vida en esto, desde que éramos críos. Tenemos un buen conocimiento del flamenco y así se lo tratamos de enseñar a los alumnos», añade.

Alma y corazón

Para formar parte de la escuela es necesario cumplir tres requisitos, que Ayala explica «gustosamente»: «Lo más importante de todo es que te guste el flamenco, lógicamente. Luego hay que tener alma y corazón para saber transmitir las canciones, y poco a poco irá mejorando la voz». Actualmente hay todo tipo de alumnos en la escuela, desde jóvenes estudiantes hasta mecánicos y políticos. Este último caso es el de María Dolores Ruiz, alcaldesa pedánea de Isla Plana y La Azohía. Esta mujer de 40 años siempre quiso aprender flamenco. «Me gustaba mucho de niña, pero conforme me fui haciendo mayor me empezó a dar vergüenza hasta que lo dejé. Ahora he vuelto a dar el paso para quitarme los miedos de encima», dice.

El cartagenero Álvaro Martínez es mecánico y le gusta el cante flamenco desde que tenía 12 años. «Lo que más me gusta de la escuela es la pasión que transmiten Piñana y Ayala. Es contagiosa. Creo que tener pasión por el flamenco es básico, si no lo sientes no puedes estar aquí», asegura. Aunque Martínez y el resto de sus compañeros están empezando, ya han experimentado la sensación de demostrar su valía delante de un escenario. Ayala lo tiene claro y les augura a todos «un camino de rosas» en el futuro. «Los alumnos son los que mandan, de ellos depende que esto siga adelante. Si llega el día en que nosotros no podemos alcanzar el nivel que con ellos se requiere, se buscarán otros profesores mejores. No habrá ningún problema. Tienen facultades y van sobrados».

«Queremos que esta afición pase a otras generaciones»

Antonio Piñana y Antonio Ayala 'El Rampa' llevan toda su vida entregados al flamenco y a los escenarios. Este arte ancestral corre por sus venas y no están dispuestos a que se pierda en la ciudad por falta de divulgación. «Queremos que esto se fomente y no se pierda, que pase a otras generaciones. Lo que necesitamos son alumnos que tengas ganas de aprender», sostienen los profesores de la escuela de la Peña Flamenca de Cartagena Antonio Piñana. «Aquí no perdemos el tiempo. El que quiera venir ya sabe que va a aprender. Nosotros lo hacemos como algo altruista, si lo hiciéramos pensando solo en el dinero esto no existiría», asegura Ayala. Aunque en las escuela hay apuntadas 14 personas, estos dos veteranos artistas, guitarrista y cantaor, tienen claro que no sería conveniente que se apuntaran muchas personas. «No disponemos de mucho más tiempo, al margen de los viernes por la tarde. Con grupos pequeños trabajamos mejor y podemos atenderlos a todos como se merecen», advierte Piñana. No obstante, la junta directiva de la peña, en sus recitales, y las redes sociales, tienen un papel «fundamental» a la hora de promocionar las clases. «Le damos visibilidad cada vez que tenemos posibilidad», explica Sixto Monteagudo, vocal de la junta directiva que preside Miguel Ángel Celdrán.

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