«Enlatados» frente a la Isla del Ciervo

Tres bañistas cruzan hacia la Isla del Ciervo, en agosto./Gráfico
Tres bañistas cruzan hacia la Isla del Ciervo, en agosto.

Vecinos de Bahía de las Palmeras, en la parte de La Manga que da al Mar Menor, piden quitar los restos de una carretera, sacar barcos y retirar lodos junto a la playa

José Alberto González
JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZCartagena

«Enlatados» entre decenas de barcos atracados en el puerto deportivo Dos Mares y los restos de una antigua carretera que unía la playa con la isla del Ciervo, y «enfangados» junto a la orilla por la falta de circulación del agua. Así denuncian que están pasando un verano más, y ya van trece, un centenar de vecinos de las urbanizaciones Bahía de Las Palmeras y Bahía Blanca, en La Manga, debido a la «ausencia de medidas de regeneración, conservación y vigilancia» de este enclave del Mar Menor.

Aunque el número de turistas ha descendido en estos primeros días de septiembre, aún son muchas las personas que acuden en el tramo final del verano a esta zona cercana a Monte Blanco, atraídas por la posibilidad de cruzar a pie hasta uno de los cinco islotes de la laguna salada, junto a los del Barón o Mayor, Perdiguera, Redonda y Del Sujeto. Alrededor de un cerro de unas dieciséis hectáreas, al igual que hacen muchos otros en el entorno de las Salinas de Lo Pagán, en San Pedro del Pinatar, los bañistas se acercan a la Isla del Ciervo para embadurnarse el cuerpo con fango.

Sobre el primer enclave, la Comunidad Autónoma destaca en la página web de Murcia Turística que «fruto de la sedimentación, en las arenas y en el fondo de este pequeño mar se generan unos lodos con gran poder de absorción, acción mineralizante y efecto de cicatrización»; y, por ello, «muy adecuados para tratar las patologías de la piel y en casos de reumatismo, artritis, gota o rehabilitaciones tras una rotura ósea». Y quienes van a la Isla del Ciervo buscan el mismo disfrute y las mismas ventajas para la salud.

Tres bañistas cruzan hacia la Isla del Ciervo, en agosto.
Tres bañistas cruzan hacia la Isla del Ciervo, en agosto.

El problema, denuncia la presidenta de la comunidad de propietarios de Bahía de las Palmeras, Lola Ramis, es que la zona de baño junto a la playa se ha ido colmatándose de sedimentos por un triple 'efecto pantalla': el del puerto, que acoge a más de doscientas embarcaciones de recreo en la temporada alta; el del espigón a medio derribar; y el del fondeo de barcos con el supuesto fin de «provocar una acumulación de tierra que proteja el puerto» de las corrientes marinas.

En un área afectada, como el resto del Mar Menor, por la turbidez del agua, la contaminación de las praderas y otros problemas y amenazas para su débil equilibrio ecológico, los vecinos alertan de que el problema específico y estructural es que el Ministerio de Medio Ambiente se niega a revisar el cumplimiento de una orden dictada por el propio Ministerio en el año 2004.

Ese año, en aplicación de la Ley de Costas el Gobierno remitió a la Demarcación de Costas en la Región una orden para el derribo, en tres meses, de la calzada que unía la playa con la isla. En plena época del desarrollismo español y del urbanismo incontrolado en La Manga, el Estado otorgó en 1968 una concesión administrativa a la empresa Aurmenor, ligada al empresario Tomás Maestre, para edificar un vial que permitiera ir en coche a la isla.

Una vial de los años 60

Esta formación de origen volcánico también iba a ser urbanizada, pero al final se salvó del ladrillo. Sin embargo, según los vecinos, el desmantelamiento del camino, de unos 150 metros, «se hizo mal a propósito para proteger el puerto, porque la obra se paró a los quince días con la excusa de un torneo deportivo y nunca más se retomó». En la zona, afirman, quedaron cascotes y otros restos cubiertos, poco a poco, por la arena, en forma de muro de varios metros de profundidad.

Los vecinos dicen haberse dirigido a la Comunidad Autónoma para pedir que tome medidas ambientales y que limite al máximo el número de barcos a motor. El Gobierno regional tiene pendiente otorgar la nueva concesión para explotar el puerto, que lleva varios años caducada.

En cuanto al Ministerio, los residentes denunciaron por un presunto delito de dejación de funciones a los tres últimos jefes de la Demarcación de Costas en Murcia: Andrés Martínez, Francisca Baraza y Salvador Barnés. Tras el archivo de las diligencias por parte de un juez de Cartagena, acudieron a la Audiencia Provincial. Esta ha admitido a trámite su recurso y ahora debe decidir si lo estima y ordena al titular del Juzgado de Instrucción número 4 que reabra la investigación o lo desestima y da carácter firme al carpetazo.

Un portavoz del Gobierno regional aseguró que este no tiene constancia de ninguna petición vecinal, y en Costas prometieron facilitar información en breve. «No pararemos hasta que la zona recupere su estado original», hizo hincapié Lola Ramis. Y anunció que pedirán al Ayuntamiento que «atienda las demandas de los ciudadanos» y que presione a las administraciones regional y central para que este trozo de costa tenga una «verdadera protección» y sea atractivo para los turistas.

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