El dinero para inversiones será parecido al de 2017, con el reto de emplearlo mejor

El Ejecutivo socialista tendrá priorizar, porque el coste de los proyectos ideados supera en cinco veces el fondo disponible

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLESCartagena

El capítulo de inversiones aparece en el borrador de presupuestos con seis millones de euros, de los cuales dos ya están asignados a un montón de pequeñas obras en los presupuestos participativos. La cantidad es similar a la de 2017, pero los proyectos pendientes suman cinco veces ese dinero, unos 30 millones. Entre los de segura ejecución en 2018 están la excavación del primer itinerario visitable del Anfiteatro Romano, que cuenta con presupuesto mínimo de 300.000 euros. Asimismo, se prevé continuar con la reforma del Paseo Alfonso XIII y el reasfaltado de la Alameda de San Antón. También la rerubanización del Monte Sacro (calle Beatas, Lizana y Cristóbal Larga), para enlazar con la plaza que está en construcción junto a Sor Francisca Armendáriz. Está por ver si entran en este capítulo obras del Plan de Seguridad de la Policía Local, como la creación de un nuevo cuartel que sustituya al de Pozo Estrecho.

En el caso de los presupuestos participativos, hay que contar con las obras correspondientes a 2017 y que no han comenzado o acaban de hacerlo (y con los 70 proyectos destinados a ejecutarse en 2018).

Tanto en el caso de los trabajos votados por los vecinos, como en los que propondrá el Ayuntamiento, el objetivo es aumentar la ejecución de las obras que se presupuesta. Sobre todo tras dos años en los que los procesos de contratación se eternizaban y obligaban a empezarlas en los últimos dos meses para que las asignaciones incluidas en el presupuesto no se perdieran.

Pago moderado de la deuda

La liquidación de las cuentas del año pasado tendrá lugar entre mayo y junio y permitirá liberar el superávit de lo que no se ha gastado, entre otras cosas por esa premiosidad en la contratación. El problema es que ese dinero solo puede destinarse a pagar deuda, a para pagar gasto corriente o a financiar proyectos de inversión que resulten financieramente sostenibles. Esto impide que se destinen a construir infraestructuras que en años posteriores exijan asignaciones de gasto para su mantenimiento, es decir que no sean rentables económicamente.

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