Una ciudad liberal y heroica

Reproducción del cuadro de Antonio Gisbert 'El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros'./LV
Reproducción del cuadro de Antonio Gisbert 'El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros'. / LV

JOSÉ SÁNCHEZ CONESACartagena

El Trienio Liberal en la provincia de Murcia (1820-1823). Primera experiencia de libertad', de Francisco Javier Salmerón Giménez, publicado por Editum, aborda una breve etapa de la historia de España que posibilitará el paso del Antiguo Régimen al sistema liberal, sentando las bases de la modernización del país. Se trataba de culminar la obra iniciada en 1812 con la proclamación de nuestra primera Constitución, pronto abolida en 1814 por la deriva absolutista de Fernando VII.

Se inicia el nuevo paréntesis liberal en Murcia con el asalto a la cárcel de la Inquisición, símbolo de la represión imperante, que la mencionada Carta Magna había suprimido. Pero será Cartagena la ciudad con mayor protagonismo en los cambios que acaecerán en la Región, siendo el último enclave nacional de la resistencia liberal en caer. Este hecho nos recuerda a otros episodios de pasado más reciente como la revolución cantonal o la guerra civil española.

Los apoyos del liberalismo en la Región vendrán de una minoría de comerciantes acomodados de las tres grandes ciudades, un grupo de sacerdotes, grandes terratenientes y de manera especial en Cartagena pequeños comerciantes, pequeños artesanos y los trabajadores del Arsenal. La ascendente burguesía liberal veía bloqueada su acceso a la propiedad por culpa de las tierras en manos de la Iglesia, de los mayorazgos nobiliarios y de las corporaciones municipales. Diezmos y primicias lastraban la productividad, por ello hacendados y labradores del Campo de Cartagena solicitan en 1820 la abolición de los lastres que ellos consideraban: diezmos y órdenes religiosas. En ese año, además, se producen episodios de hambruna que generarán mortalidades alarmantes.

En el siglo XIX, la ciudad estuvo a la vanguardia liberal nacional, herencia de la Ilustración

Virtuosos Descamisados

Cartagena contará con la sociedad de Virtuosos Descamisados, ligada a los trabajadores de la Maestranza del Departamento de Marina, asociación con sede en la calle Mayor. En un momento determinado pasará a denominarse Virtuosos Descamisados de Riego, en honor al general, héroe de los liberales. Tales eran las simpatías hacia dicho militar que se organiza por las calles de Cartagena una procesión con la imagen de Riego, recien elegido presidente de las Cortes. La integraban concejales y alcaldes constitucionales, entre repiques de campanas y música, al tiempo que se repartían alimentos a los pobres.

Por toda España se fundan las Sociedades Patrióticas, especie de clubes liberales que desarrollaran las recién estrenadas libertades de reunión, expresión y prensa. Algunas de ellas exigirán que sus demandas sean aceptadas en forma de ley, al margen de las resoluciones de las Cortes, en una suerte de democracia directa. La primera sociedad en constituirse en la provincia será la cartagenera, el 22 de abril de 1820, siendo una de sus funciones la lectura pública de la prensa escrita para instrucción de todos los ciudadanos, la mayoría iletrados. Sus miembros realizaron un informe sobre la situación de la agricultura española que elevaron a las Cortes en el que proponían una única contribución y la abolición de los derechos eclesiásticos.

Herencia Ilustrada

Buena parte de sus postulados procedían de la Ilustración como lo demuestra un texto harto elocuente: «Los hombres y la Sociedad, tienen en su mano las antorchas más luminosas de la razón, a cuya luz se derrite lo injusto y nace todo lo racional. Ya finaron aquellos tiempos, en que la arrogancia cubría sus delitos con los mantos sagrados de la divinidad, de la ley, de la costumbre, de la voluntad general y de la religión». Un alegato anticlerical y contra la Inquisición pero a favor de un clero virtuoso y de una religión que busque la felicidad humana.

Comenzaron las reformas pero no se pudieron consolidar, las potencias europeas reaccionarias, en aquellos momentos Francia, Austria, Rusia y Prusia ven un peligro en la España liberal, lo que les lleva a contemplar una intervención militar francesa que finalmente se producirá con los famosos Cien Mil Hijos de San Luis. Cartagena resiste tras sus muros tomando Torrijos el mando de la plaza, quien partirá hacía Murcia con intención de realizar acopio de víveres y otros recursos, fundamentalmente grano que guardaba el Cabildo catedralicio y fondos económicos destinados para levantar otra torre en la catedral.

Torrijos resistía e intentaba plantar batalla junto a Chapalangarra, Juan López Pinto y Francisco Valdés para recuperar las regiones limítrofes para la causa liberal pero los franceses ya estaban en San Antón. Dentro de la plaza se encontraban milicianos de Murcia, Lorca, Baza, Orihuela y Mazarrón, así como personas identificadas con los liberales llegadas hasta de Valencia.

En octubre de 1823 sólo Cartagena y Alicante eran las únicas plazas al margen de la restauración absolutista. Finalmente se entregó, aunque no todos los militares estuviesen conformes con la medida, pasando a asumir provisionalmente el mando el general francés Conde Darbaud-Joueques, en abril de 1824.

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