La Verdad

Carthagineses y Romanos

Andros alcanza la gloria en el Circo Romano

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Dos gladiadores sobre dos carros de bigas, por la plaza de toros portátil. / J. M. R. / AGM

  • Dos mil personas vibran con las luchas de gladiadores y las carreras de bigas en el último gran acto de las fiestas

Andros el 'Alejandrino' se postró ante Publio Cornelio Escipión y Emilia Paula sabedor de que era libre. Con el puño lleno de arena se incorporó, abrió los brazos y bajó la cabeza. Lo había conseguido. Había sobrevivido a una lucha sin cuartel en la que solo valía ganar. Él y sus otros cinco valerosos compañeros gladiadores supieron hacer vibran a las más de dos mil personas que abarrotaron la plaza de toros portátil instalada junto al Eroski, en el último gran acto de las fiestas de Carthagineses y Romanos: el Gran Circo.

Los aplausos, las arengas, los gritos y los vivas resonaron durante casi la hora y media que duró el espectáculo, recuperado tras un año de paréntesis. Las carreras de bigas (carros de caballos), los enfrentamientos entre los luchadores, los saltos a caballo por un aro de fuego, la pericia de los jinetes con el lanzamiento de picas y, sobre todo, la puesta en escena de la treintena de actores, gustó a un público que participó activamente. Los entreactos fueron amenizados por bailarinas y acróbatas.

La llegada de Escipión el Africano y su esposa a la arena de Carthago Nova para presidir el acto, dio paso a la entrega a los Dioses del cuerpo inerte de la reina Amazona, que prendido supuso una ofrenda.

Al galope

Tras ellos fueron saliendo al ruedo Tricítides el 'Macedonio', Flamo el 'Hostio', Crasso el 'Lusitano', Milcus el 'Hispano', Andros el 'Alejandrino' y Ursus el 'Carnicero'. En parejas formaron los equipos blanco, rojo y azul. A cada uno de ellos se les asignó una parte del graderío. Primero lanzaron picas contra una diana desde un caballo al galope, luego atacaron dos blancos: un calabacín y un brócoli, que debían partir en rodajas también a lomos de sus corceles. Por último, más difícil todavía, se enfrentaron al reto de pasar a través de un aro de fuego con sus monturas, pero solo dos lo lograron.

Las carreras de carros fue lo más aplaudido. El polvo inundó la plaza. La habilidad de los conductores, la rapidez de los caballos y los golpes fortuitos e intencionados de cada contendiente a sus rivales hicieron que resultara muy entretenida. Ganó el equipo compuesto por Tricítides y Milcus.

El último asalto dirimió las diferencias de los seis gladiadores. Primero Ursus mató a Milcus, luego, Flemo a Crasso y después, Andros a Tricítides. Los tres que quedaron se volvieron a enfrentar, pero solo quedó uno, que consiguió la libertad y la gloria del Circo Romano.