Berwick, el cuerpo de guardia Cristina, un refugio y el surtidor de petróleo

Cuerpo de guardia Cristina, junto al tramo amurallado, en una foto de 1927./
Cuerpo de guardia Cristina, junto al tramo amurallado, en una foto de 1927.

En ocasiones llama la atención cómo un mismo lugar evoluciona a lo largo de la historia, en su propia configuración, uso y aspecto. Esta vez nos referimos al emplazamiento situado en la intersección de las calles Ángel Bruna, Muralla de Tierra y del San Juan, junto al vértice noreste del Parque de Artillería. Concretamente al denominado cerro de la Serreta, lindero con la pantanosa laguna del Almarjal.

Recientemente, el área de Patrimonio Histórico y Arqueológico del Ayuntamiento de Cartagena, de manera muy acertada, ha documentado este lugar mediante un panel, señalando los restos allí existentes, con la denominación de Baluarte de Carlos V. También llamado Bastión Real o Baluarte de Berwick, se mencionan estos elementos de fortificación que formaban parte del recinto amurallado, señalado en un plano de 1721, tras finalizar la Guerra de Sucesión. La denominación de Berwick está fundamentada porque fueron los ejércitos de este duque los que conquistaron Cartagena para la causa de Felipe V.

Fue este mismo monarca quien toma la determinación de crear departamentos marítimos, decidiendo que el del Mediterráneo tenga como capital Cartagena y su puerto. Esto supone la construcción de un Arsenal y sus correspondientes fortificaciones defensivas. En esta primera fase es cuando se construye este baluarte en la Serreta, antecedente del recinto fortificado construido en época de Carlos III, quedando posteriormente el baluarte como plataforma artillera.

Cuerpo de guardia Cristina (1810)

Posiblemente durante la Guerra de la Independencia se construyó sobre este mismo lugar un cuerpo de guardia para la dotación artillera del Baluarte nº2 de la Muralla de Carlos III. Este edificio, denominado Cristina, tenía 39 metros de fachada y presentaba tres arcos de piedra, con una profundidad de 11 metros, teniendo como protección trasera el propio baluarte de Berwick. Albergaba a la tropa con toda su impedimenta y al mismo tiempo servía como repuesto de munición para los cañones que defendían el baluarte. Este edificio estuvo utilizándose militarmente hasta el derribo de las murallas a principio del siglo XX.

Conocemos su existencia todavía en 1927, cuando el alcalde Alfonso Torres remodela la Muralla de Tierra creando amplios jardines sobre la ladera y una valla modernista en su perímetro. En algunas fotografías se identifica perfectamente.

Durante la Guerra Civil fue utilizado como almacén de municiones de la fábrica de cartuchería instalada en el próximo Parque de Artillería. Desconocemos en qué fecha fue derribado, pero debió coincidir cuando se construyó la carretera actual, pues los muros de este edificio sirvieron como cimientos a dicha vía.

Refugio (1936)

Cuando se inician los bombardeos aéreos en 1936, dentro del denominado Plan de Conjunto de Refugios para la población civil de Cartagena, aparece el antiguo baluarte como un refugio con capacidad para 500 personas. Tenía tres entradas, la principal enfrente de la puerta del Parque de Artillería, en la misma plaza, otra en la calle del Pozo y una tercera en la esquina de la calle del Rosario. Actualmente y después de una limpieza se ha podido verificar su trazado en base a unas galerías que recorren todo el interior del cerro de la Serreta.

Surtidor (1960)

Según la Comisión de Fomento y Urbanismo del Ayuntamiento de Cartagena, en 1959 se accede a la petición realizada por Pedro Bernal Solano para la instalación de un surtidor de venta de petróleo en este mismo emplazamiento, propiedad municipal, para ello el interesado presentó un proyecto de ejecución que incluía la instalación de un aparato surtidor con destino a la venta pública de petróleo corriente, al amparo de la legislación vigente; una pequeña edificación tipo caseta, destinada al cobijo del encargado del despacho público, y un tanque de 10.000 litros de capacidad, todo ello guardando un conjunto armónico para conseguir, dentro de la sencillez de la instalación, una agradable presentación. Ocupaba una superficie de 74,44 m2.

La obra se realizó aunque sin ajustarse al proyecto aprobado. Bastante peor, como puede comprobarse, a tenor de los planos originales.

Con el paso de los años se adosaron al primitivo baluarte otras casetas para la venta de tabaco y prensa, lo que provocó su total ocultación y perdida de significado como patrimonio histórico de la ciudad. Con el tiempo los distintos ocupantes de este surtidor abrieron una puerta en el baluarte para comunicarlo con las galerías del refugio y utilizarlo como almacén para la venta de serrín.

En esas condiciones permaneció este lugar hasta que hace unos años el Consistorio decidió recuperarlo, derribando el surtidor y los kioscos. Con la excavación, limpieza y señalización llevadas a cabo recientemente, este espacio está preparado para su proyección turística cultural como una muestra más del rico patrimonio histórico que atesora esta ciudad.

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