Oro para la asociación vecinal de El Algar

Participantes en el acto de las bodas de oro de la asociación. / C. I.

JOSÉ SÁNCHEZ CONESACartagena

El pasado viernes se conmemoraron los 50 primeros años de la Asociación de Vecinos de El Algar, que actualmente preside Pedro García Martínez. Convocaron una Asamblea General Conmemorativa en la que se dio lectura al acta inaugural de 1967, dirigiendo unas palabras el presidente, quien anunció más actividades conmemorativas a lo largo del año; Paqui Martínez Sotomayor, presidenta de la Junta Vecinal Municipal y el autor de este texto.

Al calor de la llamada Ley de Asociaciones de 1964, conocida como Ley Fraga, comienzan a crearse en toda España asociaciones de vecinos, aprovechando el aperturismo del régimen de Franco. España estaba cambiando y todo estaba por hacer en barrios y pueblos: planes de ordenación urbana, red de alcantarillado, alumbrado público, asfaltado de calles, consultorios médicos, polideportivos, guarderías, locales sociales, etc.

En todas estas realizaciones de los ayuntamientos democráticos han sido fundamentales las asociaciones de vecinos, conjugando la reivindicación y la propuesta. Pero en el caso algareño hay algunos elementos específicos que apuntan a una especial identidad local como son la lucha por el autogobierno municipal y la puesta en valor de edificios emblemáticos como el Teatro Circo Apolo y la Casa Rubio. Por cierto, el Apolo es propiedad de la Asociación de vecinos, entidad que impulsó su rehabilitación tras muchos años de gestiones recabadas ante los numerosos gobiernos que se han ido sucedido al frente de las diversas Administraciones.

El Algar tuvo ayuntamiento propio en 1821, durante el Trienio Liberal. Tras la caída de los liberales se perdió pero se intenta recuperar nuevamente en 1859, al calor del auge poblacional como consecuencia del 'boom' minero. La respuesta fue negativa. Vuelven los vecinos a la carga en 1873 con un proyecto que se eleva a la Diputación Provincial con el aval de mil firmas de vecinos, cabezas de familias. Contaba el núcleo a segregar con 1.500 vecinos y 6.000 almas y una evidente elevación de la riqueza de este pueblo rural y minero. La Diputación solicita al Ayuntamiento de Cartagena un informe mediante el cual se posicione con respecto a la petición vecinal pero la proclamación del Cantón el 12 de julio de 1873 y la posterior guerra vuelven a truncar el intento de una nueva municipalidad algareña.

Tras el ayuntamiento propio

Habrá que esperar a otro periodo democrático como es la II República para que afloren nuevamente esta reclamación vecinal. Así, tras una asamblea celebrada en el Teatro Apolo los sindicatos UGT y CNT dirigen, con fecha 1 de noviembre de 1936, una nueva propuesta que es rechazada, entre otras razones porque los habitantes de San José y Los Beatos mostraron su contrariedad.

Tras la muerte de Franco se publica el 31 de agosto de 1976 en este diario que los algareños asistieron a una asamblea de la asociación de vecinos en la que aprobaron retornar a la vieja pretensión del autogobierno. La viabilidad de la proyectada institución local fragua en un documento que se entrega al Ayuntamiento de Cartagena, en marzo de 1979. Leemos en la revista 'El Algareño' un expresivo titular, a raíz de una entrevista al recién elegido alcalde de Cartagena, el socialista y provincialista Enrique Escudero de Castro: 'Si Cartagena quiere provincia, El Algar quiere Ayuntamiento'.

Con el apoyo mayoritario del pueblo, que desborda una asamblea convocada en el cine Casablanca, comienzan a confeccionar un informe sobre la situación socioeconómica para demostrar la sostenibilidad de la propuesta. Pero la falta de medios humanos y recursos económicos hace inviable el proyecto, al denegarle la Diputación Provincial una subvención para la confección de dicho estudio. Estos emprendedores algareños tenían las referencias de los nacientes movimientos segregacionistas de Pilar de la Horadada y Los Alcázares.

La resignación no iba con ellos y el 5 de julio de 1985 cientos de vecinos protagonizan un encierro rotativo de 48 horas por la falta de inversiones en la localidad, anunciando que depositarían en una notaría la cantidad que debían abonar en concepto de impuestos municipales. Los vecinos llenan la carretera de pancartas y no descartan una marcha a Cartagena, acción que será desconvocada cuando el presidente regional Carlos Collado los reciba para anunciarles que tendrán red de alcantarillado y desvío de la rambla.

El 5 de mayo de 1989 se reúnen representantes vecinales de El Algar, Los Belones, El Carmolí, Los Urrutias y El Beal. Por fin se lleva a cabo el estudio de viabilidad del proyectado municipio a cargo de la Universidad de Murcia.

Los autores escriben: «La falta de interés por la zona que perciben en los gestores o la mala gestión de los ingresos por los impuestos pagados, produce sentimientos de desconfianza, marginación y abandono (...) La casi totalidad de los entrevistados apoyan con entusiasmo la idea de constitución de un Ayuntamiento».

El último intento

Con fecha 24 de julio de 1996 se presentó en el registro municipal la solicitud de constitución del nuevo municipio denominado Algar del Mar Menor, incluyendo también a Los Urrutias, El Carmolí, Punta Brava y La Puebla, así como otras poblaciones diseminadas del entorno.

Causaron hondo impacto social los cortes en la autovía de La Manga durante los domingos del verano de 1998, con manifestaciones que reunieron a 1.500 vecinos, cargas policiales y heridos. Finalmente los tribunales no dieron la razón a los algareños. Si bien, tanto el Consejo Jurídico Regional como el Tribunal Superior de Justicia reconocieron una acreditada identidad local, un sentimiento de comunidad culturalmente diferenciada.

Lamentablemente las actuales formas de vida hacen de ciudades y pueblos entidades 'dormitorios', perdiéndose la vivencia comunitaria. Ese es otro de los retos de las asociaciones de vecinos y de cualquier asociación en los tiempos presentes, crear puntos de encuentro, producir comunidad.

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