«Aprendí el significado de compartir durante la Guerra Civil»

Pepita Esparza Presidenta de la asociación de acogida NERI

MINERVA PIÑERO

Maestra por vocación, Pepita Esparza ha dado un respiro a las aulas de los colegios para adentrarse en las de NERI, asociación de acogida de inmigrantes y foráneos en la que son arropadas, aproximadamente, treinta personas cada día desde hace más de diez años. Involucrada en proyectos solidarios durante todas las etapas de la vida, sus actos caritativos fueron reconocidos en 2003, año en el que recibió el Premio al Solidario Anónimo de la Universidad de Murcia.

-¿Es el ser humano egoísta por naturaleza o transformado por la sociedad?

-Nacemos siendo egoístas, es una característica innata que todas las personas llevan en su interior.

-Pero por su sangre fluye la generosidad.

-Cuando vives en tu propia piel una guerra civil, la forma de pensar cambia. De pequeña, tuve que presenciar cómo huían los españoles a otros países para trabajar y sobrevivir. En aquel momento, vivía cerca de Cartagena, y recuerdo perfectamente el temblor del suelo cuando tiraban una bomba, cómo paseaban por las calles los que más tarde serían fusilados, la tristeza de los habitantes de un mismo país dividido en dos. Durante la Guerra Civil, aprendí el valor de las cosas y el significado de compartir lo que tengas con el vecino.

-¿Ha acogido a alguien en su casa como si fuera de la familia?

-Claro, sobre todo a chicas. A lo largo de diez años, por ejemplo, recibí a una mujer india. Normalmente, las personas que acojo suelen trabajar durante el día y regresar a mi casa para dormir en una cama. Con ninguna de las inmigrantes que he amparado he tenido problemas.

-¿Y con los hombres?

-Aunque normalmente no suele pasar nada, recuerdo una ocasión en la que el desenlace se complicó. Hace años, quise ayudar a un hombre un poco desquiciado que llevaba cargados en su espalda muchos problemas por las situaciones familiares que había vivido. Tenía incluso una orden de alejamiento judicial de su familia. Una de las trabajadoras sociales siempre me decía que no me involucrase tanto en su vida, pero quise proporcionarle comida y cena durante meses. Le aconsejé que pensara en su hija, que la invitara para que viera que su padre era, en el fondo, el mismo de antes. Las drogas y el alcohol terminaron destrozando su vida. El hombre nunca me ofendió ni me agredió, pero una noche llegó a mi casa totalmente ebrio con la ropa muy sucia, gritando. Desde aquel momento no volví a saber nada de él. Actualmente, creo que vive en la calle.

-¿Es Murcia una ciudad solidaria?

-Muchísimo. Aunque parezca lo contrario, existen bastantes personas que están interesadas en ayudar y participar en los servicios de la ONG. Empezamos siendo tres socios y hemos crecido hasta llegar a los 160. Mientras que algunos se encargan de dar clases, otros ayudan a repartir los desayunos, aportan ropa, reparten alimentos y colaboran económicamente para pagar los gastos de la luz, el agua y el alquiler. Utilizamos todos los caminos posibles para atender a los que lo necesiten, ya sean españoles o inmigrantes.

-¿Ha visitado los países en los que se necesitan urgentemente esas ayudas?

-He hecho viajes por Europa, pero la pobreza de aquellos países solo he podido verla reflejada en revistas, en películas y en la mirada de las personas que he conocido. Me quedo con ganas de ir a la India. En Murcia colaboramos con lo que podemos, pero sería realmente emocionante que en su país, donde pueden mantener sus costumbres e idioma, pudiesen vivir sin preocupaciones. Lo pasan tan mal que al final tienen que emigrar. El Mediterráneo, en cierto modo, se ha convertido en un cementerio de africanos.

-¿Cómo colabora la presidenta?

-Desde las seis de la mañana me pongo manos a la obra, momento en el que salgo con mi coche a recoger los alimentos de diversas confiterías y panaderías. Después, los servimos en los desayunos de NERI. Por las tardes, me encargo de las clases de español para adultos y, algunas veces, también ejerzo como maestra de los hijos de algunos emigrantes.

-¿Se involucra la juventud?

-Aunque se hable mal de la mocedad y haya visto casos en los que padres jóvenes se gastaban el dinero de sus hijos en drogas, tengo mucha esperanza en ellos. Cuando presencio ese tipo de situaciones, me da la sensación de que no han tenido la educación de la voluntad. Si suman estos factores a las malas experiencias, terminan perdiéndose, pero sé que existen jóvenes solidarios y nobles. Sin perder el rumbo y con una brújula bien orientada, todos tenemos que divertirnos y disfrutar de lo que nos da la vida.

Fotos

Vídeos