Los Amigos

Antonio Cano, arriba, en el centro, con todo su equipo de Los Amigos./J. M. Rodríguez / AGM
Antonio Cano, arriba, en el centro, con todo su equipo de Los Amigos. / J. M. Rodríguez / AGM

TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN

Hacía ya mucho tiempo que no nos reuníamos ese reducido grupo de amigos que se creó hace más de 25 años gracias a nuestras fiestas de Carthagineses y Romanos; una amistad que surgió de las batallas entre festeros de ambos bandos y que ha logrado perdurar en el tiempo. Por eso es que, tras uno de estos encuentros fortuitos en los campamentos, decidimos reunirnos después de fiestas en casa de un gran festero y amigo, Antonio Cano Montoro, gran hostelero que nos invitó en su magnífica pizzería del Parque de la Rosa, junto al cartagenero grupo de alimentación Upper.

Después de terminar sus estudios en el Hispania y en el Instituto Isaac Peral, Antonio se trasladó a Torrevieja y en 1984 empezó a trabajar en Los Amigos, la decana de las pizzerías de aquella ciudad, llegando a convertirse en su encargado. En 1987, con 25 años, sus primeros ahorros y la experiencia adquirida, decide emprender su primer negocio: un vídeo club; aunque al final se lo piensa mejor y, siguiendo los consejos de su jefe de Torrevieja, monta en la calle Palas, justo enfrente de la sede de la Cofradía del Resucitado, donde estuvo el Museo del San Juan Californio 'Julio Ortuño', el primer negocio de la Trimilenaria dedicado únicamente a pizzas.

Así es como el 4 de febrero de ese mismo año abre sus puertas al público ofreciendo este característico plato italiano en siete variedades distintas, a cual mejor. Pronto, el local empieza a coger fama, tanto por la calidad de sus productos como por la atención al cliente, y el boca a boca hace el resto, consiguiendo un lleno diario. Parte del éxito se debe, sin duda alguna, al estilo de elaboración, innovador para aquella época, de este singular plato, para el que utilizaba productos frescos de mercado en lugar de los congelados que hasta ahora se venían utilizando, y una masa fresca hecha a diario, mañana y tarde, que son la clave para obtener la excelencia en la calidad que él consideraba fundamental para su negocio.

Antonio Cano ha hecho de su pionera pizzería un museo de sus viajes y de las fiestas históricas

Después de cosechar éxitos durante seis años y con una clientela ya consolidada, decide trasladarse a otro emblemático local de la calle Juan Fernández, frente al Club de Cabos. Al mismo tiempo que, en la temporada de verano, se hace cargo de la bocatería de la mejor discoteca de la costa, Trips, y a día de hoy seleccionada entre las 100 mejores del mundo, orgullo de nuestra ciudad, cuyo nombre está sonando en todo el planeta de la mano de Alfonso Torres. La pizzería que Antonio creó en los años 80 sigue creciendo en calidad y en prestigio de marca, por lo que tiene que volver a ampliar, y se ve así obligada a trasladarse a su actual emplazamiento.

Allí, dentro de la zona de comedor, Toni nos reunió a los ocho amigos en el denominado Salón de Fiestas, como gran festero que es desde el año I, cuando se incorporó a Caballeros e Isis de Carthago, tropa de la que fue nombrado Presidente Honorífico en el año 2015, preparándonos un surtido de pizzas para que no faltase ningún tipo, acompañadas de unas cañas frescas, bien tiradas y con la espuma justa, empezando con una ensalada elaborada con varios tipos de lechuga, cebolla crujiente, pollo, piña, salsa rosa especial de Los Amigos y los condimentos secretos, con la que dio inicio el festival gastronómico que continuó con algunas de las 20 pizzas que tiene en carta.

Créanme que las probamos todas: la de atún con aceitunas, de esas sin miedo a la hora de echarle el atún, la de cuatro quesos, extraordinaria de sabor, las correspondientes a los distintos sabores de Europa, medias pizzas de cada país, Alemania, Noruega, Francia, Inglaterra, terminando con la clásica americana y en estos momentos, no podía faltar la española, que fue recibida con una sonora ovación cuando la presentó el jefe de sala. Para terminar, nos sorprendió con una pizza de gambas y mejillones que ninguno antes habíamos probado, y aunque nos ofreció degustar la Pizza Marinera Gigante, con una superficie de 1.600 centímetros cuadrados que nos dejó a todos atónitos, preferimos pasar al mundo dulce para así dejarle hueco a unos deliciosos profiteroles servidos con chocolate caliente, tan espeso que se podía cortar, y unos tacos de tarta de queso blanco de toma pan y moja.

Con un aromático café y un refrescante sorbete de fresa dimos por terminado el festival gastronómico y pasamos al mundo del hielo, donde todos coincidimos a la hora de destacar cómo había crecido este negocio, tan magníficamente dirigido por este festero, hoy Sumó Sacerdote del Consejo Carthaginés, y que tiene el mayor vestuario de nuestra fiestas, con telas y bordados de los cinco continentes debido a su gran afición por recorrer el mundo. Cada año visita un mínimo de cuatro países, ya sea por placer como por labores humanitarias, colaborando con pueblos necesitados. El 50% de su maleta lo ocupan infinidad de detalles de la Trimilenaria para regalar.

En la pizzería encontramos su 'rincón del mundo', con fotos únicas, máscaras de madera, marionetas y símbolo de más de cien países, por lo que al margen de la gastronomía se disfruta de los recuerdos de sus viajes, recuerdos festeros y también de su aportación a la Semana Santa desde su Agrupación del San Juan Resucitado. Sus contactos festeros son de primer nivel, baste mencionar a Paula Vázquez, Pilar Rubio, Cárdenas, Carlos Latre y un largo etcétera de famosos que, como Masiel, aparecen fotografiados junto a él; y como desde el Año V de fiestas ejerce de Sumo Sacerdote en Bodas y Oráculo, cuenta con más de doscientos los recuerdos de estos momentos en las vitrinas del local, destacando la foto de este año en la inauguración del Templo de Tanit.

Una de las máximas satisfacciones de Toni es que en su negocio continúan pasando amigos que en 1988 eran unos chiquillos y ahora son padres y hasta abuelos que vienen con la familia al completo para tomarse sus pizzas favoritas. Antonio es un extraordinario cocinero que ama lo que hace. Y en fiestas prepara algunas especialidades como los espaguetis a los aromas de Carthago o la Pizza Arde Roma, acompañada de la ensalada de zanahoria que elabora desde el Año I.

Así se despidió de nosotros, rodeado de falcatas, ánforas, soportes de columnas, medallas, escudos e incluso en un cuadro los banderines de aquellos famoso juegos Carthagineses que se iniciaron en el 1967 y que alguien debería recuperar para prestigio de la ciudad, pionera en tantas cosas que al final no tienen continuidad.

Me despido también con esta reflexión de mi amigo Ricardo Gimeno, de la revista 'Spend In', que afirma: «Cuando compras algo de un artista, compras algo más que un objeto. Estás comprando años de frustración y momentos de pura alegría. No solo compras una cosa, estás comprando un trozo de corazón, un trozo de alma... Un pequeño trozo de la vida de alguien».

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