Adolf Schulten en busca de la Mastia perdida

El profesor Adolf Schulten en las excavaciones de Numancia, en Soria./
El profesor Adolf Schulten en las excavaciones de Numancia, en Soria.

LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁNHistoriador y documentalista

«En el ciclo de conferencias que ha organizado este centro de enseñanza, toca el turno el lunes, 20 del mes actual, (1933) al afamado catedrático alemán don Adolfo Schulten. Este sabio, eminencia de la ciencia arqueológica, tan conocido por sus excavaciones de Numancia, pasa algunos días en Cartagena al lado de nuestro cronista don Federico Casal para estudiar problemas arqueológicos de Cartagena y ha accedido a disertar sobre 'Tartessos', sobre la cultura de los primeros Ibéricos y sus excavaciones en los valles del Guadalquivir, descubriendo una época interesante de la primera historia de España.

Siempre al amparo de la cultura y el progreso, el digno Presidente del Ateneo, don Casimiro Bonmatí, ha cedido los amplios salones de ese Centro cultural para que la Conferencia, en idioma español, puedan asistir todos los amigos de la Cultura».

¿Quién era Adolf Schulten? Un hombre peculiar, que buscaba la gloria científica, pertrechado con un legado romántico y generador de su propia biografía oficial.

Historiador y arqueólogo alemán (Elberfeld, 1870 - Erlangen, 1960), en 1894 obtuvo una beca del Instituto de Arqueología Alemán para visitar Italia, África, Grecia y España. A su regreso a Alemania, en 1907, obtuvo la cátedra de historia antigua de la Universidad de Erlangen, desde donde continuó sus estudios, principalmente sobre España. Se convirtió en el principal impulsor de los estudios arqueológicos hispanos.

A él se debe la excavación de la antigua ciudad de Numancia, entre 1905 y 1912, que levantó serias polémicas en el mundo de la arqueología. A continuación, en 1924, se propuso localizar el emplazamiento de Tartessos, y como extensión la localización de Mastia, algo que realmente no pudo conseguir.

En 1948 trabajó en las ruinas de Tarraco; localizó Mainake, Munda y Segeda, fue reconocido por universidades e instituciones oficiales, sus obras más destacadas se han traducido a numerosos idiomas y en ellas demuestra, además de su impresionante erudición, sus dotes artísticas en los grabados y dibujos explicativos. Caben citarse: De conventibus civium Romanorum (1892); Numantia (1914); Die Keltiberer und ihre Kriege mit Rom (1914); Fontes hispaniae antiquae (1922); Tartessos (1924); Cartagena en la antigüedad (1935); Iliturgi (1928); Viriato, Sertorius, L'amour, l'amour est la véritable clef de l'Histoire, Los cántabros y astures y su guerra con Roma (1943) y, por último, todo una serie de importantes monografías sobre las excavaciones en las que tomó parte.

Su vida estuvo marcada por hechos bélicos y cambios políticos, fue sospechoso de formar parte de la red de espionaje alemán durante la Primera Guerra Mundial, para convertirse en un pragmático en la Guerra Civil Española y con un proceder ante el nazismo no muy claro. Mostró predisposición a colaborar, daba conferencias ante los nazis y se hospedaba en sus consulados, también fue diferente lo que hizo al principio que al final.

De lo que nadie duda es de que Schulten en todas sus obras, sus puntos de vista y sus opiniones, tuvieron desde comienzos del siglo XX, y durante décadas, un enorme peso en la Historia Antigua y en la Arqueología Española, y muchos autores siguen citándole, aunque en los últimos tiempos se observa entre algunos historiadores el comienzo de un movimiento crítico hacia lo afirmado en muchos de sus dogmas.

Con respecto a Cartagena, su presencia está atestiguada en varias ocasiones; el Ateneo, La Económica o el Museo Arqueológico fueron los escenarios de sus conferencias y charlas siempre en torno al origen de Cartagena que plasmaría luego en un libro.

Para él, era muy importante, poder evidenciar que Mastia fue el nombre de una antigua etnia ibérica, perteneciente a la confederación tartésica, situada en la ciudad de Cartagena, como se afirmaba de sus análisis en las fuentes clásicas.

Buscó en la documentación y en la excavación arqueológica certezas que demostraran la confirmación de las fuentes escritas que, Mastia en su marco físico, coincidía plenamente con la nueva fundación púnica y romana de Cartagena, pero al igual que Tartessos, fue algo que no consiguió y hoy siguen perdidas en espera de futuras investigaciones.

Incluso en una de sus visitas a la ciudad se permitió la libertad de escribir unas notas dirigidas al cronista Federico Casal en 1940, en donde el catedrático alemán expone una serie de impresiones sobre la situación en la que se encontraba el Museo Arqueológico Municipal; denuncia el estado de abandono del Museo, impropio de esta ciudad, que él lo conocía desde 1917, de cuando estuvo en Cartagena por vez primera, y que ahora estaba mucho peor, las importantes piezas habían sido relegadas a un espacio pequeño y sin luz apropiada ni orden que, la magnífica colección epigráfica se encontraba apilada y de mala manera, deseando en su próxima visita contemplar este museo en las debidas condiciones como parte de la historia de Tartessos y no como un depósito de escombros.

Finalmente, en 1960 Schulten falleció sin haber encontrado su Mastia perdida, quizás se encuentre bajo otras Cartagenas.

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