Los abanicos, el agua y la sombra de las palmeras mitigan el calor

Un militar que pasa a la reserva besa la bandera.
Un militar que pasa a la reserva besa la bandera.

El acto tuvo lugar a las diez de la mañana, más temprano que otros años, para evitar el agobio de las horas centrales del día

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLESCartagena

«Han acertado adelantando el acto, para evitar el efecto del calor», comentaba un trabajador del Arsenal que ha participado en muchas conmemoraciones de la festividad por la Virgen del Carmen. Poco después de las diez de la mañana la escolta de la bandera nacional ocupaba su puesto en la formación, junto al almirante del Arsenal, Aniceto Rosique. Detrás de él, a pleno sol mitigado por una ligera brisa, estaban las autoridades. Enfrente, unas 250 personas asistieron guarecidas por la sombra de uno de los pabellones de la plaza de armas.

Los abanicos no dejaron de agitarse durante los aproximadamente 90 minutos que duró la ceremonia. También hubo quien se pertrechó con botellas de agua mineral. Sin embargo, la temperatura ambiental no llegó a extremos preocupantes y no hubo que lamentar golpes de calor ni desvanecimientos.

Entre las autoridades destacó el aguante de la alcaldesa, Ana Belén Castejón, que permaneció de pie durante todo el acto, pese a su avanzado estado de gestación. El personal de protocolo que organizó el evento estuvo hábil al situar detrás de ella una silla por si era necesaria, pero Castejón no llegó a utilizarla.

Junto a ella estuvieron el presidente de la Autoridad Portuaria, Antonio Sevilla, los hermanos mayores de las cofradías de la Semana Santa y una nutrida representación de las autoridades militares de la Región, con algunas ausencias justificadas. También altos mandos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en la Comunidad.

Lo primero fue la ofrenda de una corona a los caídos en acto de servicio, en la que participaron representantes de la marina pesquera y deportiva. El disparo de una descarga de fusilería en recuerdo de quienes se sacrificaron por la patria, despertó a un par de niños que dormitaban plácidamente acunados por sus padres.

A continuación se dio paso a la imposición de condecoraciones. Recibieron la placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo el teniente coronel del Cuerpo Militar de Sanidad José Pascual Alcaraz Reverte y el teniente de navío Eduardo Salvador Vargas Acosta.

El capitán Antonio Truque Morales y el comandante de la Guardia Civil Antonio Darder Colum se llevaron respectivamente la Encomienda de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y la Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. La Cruz de Bronce a la Constancia fue para el cabo primero Gabriel Damota Álvarez y para Evelyn Albaladejo Hernández. A continuación, 25 militares, dos funcionarios, un empleado laboral y un miembro del personal civil recibieron la Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco.

Entre los momentos más emotivos del acto estuvo la jura de bandera de quienes pasan a la reserva este año. Uno de ellos protagonizó una breve intervención en la que animó a quienes se incorporan ahora a la Armada y les insufló fuerzas para cumplir con su deber. Los reservistas recibieron un regalo para que tengan a la Armada siempre en su memoria.

La seguridad se notó sobre todo en los prolegómenos del acto. Soldados y miembros de la Policía Militar ocuparon posiciones en Plaza del Rey y en la calle Real en el entorno de la puerta del Arsenal para vigilar la entrada. Ya en el control de accesos, los asistentes tuvieron que pasar otra prueba: la del código de vestimenta que dejó fuera a algunos hombres poco avisados que acudieron con pantalones cortos y calzado descubierto a la ceremonia.

«Cartagena acoge a las gentes del mar de toda condición; militares, pescadores y deportistas. Y estos saben que han de creer en la Virgen del Carmen por devoción y también por obligación, para que les ayude en los momentos más difíciles», aseveró el almirante del Arsenal, Aniceto Rosique, en su discurso a los asistentes.

El acto concluyó a las once y media, antes de que el calor, moderado hasta ese momento, pudiera resultar realmente molesto.

«Recuerdo cuando esto empezaba más tarde y la misa se hacía también en el Arsenal, ¡Aquello si era pasar calor», aseveró el citado trabajador del Arsenal. El cambio de horario supuso adelantar también la ceremonia eucarística, que tuvo lugar a las nueve de la mañana en la Iglesia Castrense de Santa Domingo, con total normalidad.

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