La Verdad

Operarios, durante un sondeo en la Plaza Cuartel del Rey.
Operarios, durante un sondeo en la Plaza Cuartel del Rey. / LV

Más que cuatrimilenaria y minera

  • La UPCT halla en plena ciudad contaminación por metales desde hace 4.500 años

El 'apellido' de Trimilenaria que acompaña a Cartagena en alusión a sus tres mil años de historia como asentamiento de numerosos pueblos, de carthagineses a romanos pasando por bizantinos y musulmanes, puede haberse quedado obsoleto. Al menos por la presencia discontinua de grupos humanos, desde los tartesos a los íberos, hace ya 4.500 años, es decir unos 2.500 años antes de Cristo. Aquí hallaron una forma de sobrevivir e incluso de prosperar, gracias a la riqueza mineral de los montes y a la posibilidad de comercio que ello abría.

Lo sorprendente, junto a las fechas que manejan ya investigadores de varias universidades, entre ellas la Politécnica de Cartagena (UPCT), es que esos tesoros no estaban en la Sierra de La Unión, sino a tiro de piedra del puerto cartagenero -algo clave para el comercio por el Mediterráneo-, en el pleno casco histórico actual. Por si fuera poco, este rincón del sureste de lo que entonces no era ni siquiera llamado Hispania (denominación fenicia) compartía actividad industrial con Huelva, en una suerte de ruta de los yacimientos de cobre, a los que iban asociados el plomo y el zinc. Los restos del lavado y del fundido de estos metales dejaron una huella en el agua y en la tierra que, 45 siglos después, se ha convertido en un valioso archivo para la comunidad científica.

A grandes rasgos, así podría resumirse las principales conclusiones provisionales alcanzadas por especialistas de varias disciplinas de la UPCT, la Universidad de Murcia y la Politécnica de Madrid, a partir de esta evidencia: que el subsuelo de Cartagena que coincide con la antigua laguna de El Almarjal tiene restos de contaminación por metales pesados generada al extraer minerales en los últimos cuatro milenios y medio.

Gracias a prospecciones de hasta doce metros en puntos como la Plaza Cuartel del Rey, la Plaza López Pinto y el Parque de Los Juncos, así como a la técnica del Carbono 14, los expertos han desmontado la creencia de que el origen de esta contaminación coincidía con los albores de la ciudad, hace unos 2.300 años. «En la laguna de El Almarjal, desecada de forma masiva en el primer tercio del siglo XX para construir el Ensanche, la minería comenzó mucho antes de la conquista de la ciudad (a los púnicos) por la civilización romana, en el siglo III Antes de Cristo. La laguna llevaba ya contaminada dos milenios cuando los romanos empezaron a rellenarla para urbanizar y extender la península de Carthago Nova, delimitada por esa masa de agua y el mar», comentó ayer a 'La Verdad' el profesor emérito de la UPCT y doctor en Ciencias Geológica Ignacio Manteca.

Mucho antes que los romanos

Este especialista detalló así el descubrimiento realizado por un equipo multidisciplinar que incluye a técnicos del Museo Arqueológico Municipal, historiadores, geólogos, arqueólogos, geomorfólogos, topógrafos y ecólogos. Con financiación del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, que tiene las competencias en Ciencia, se ha publicado el estudio 'Carthago-Nova. Topografía y Urbanística de una urbe mediterránea privilegiada'.

Dirigidos por el catedrático de Arqueología de la Universidad de Murcia Sebastián Ramallo, director de la excavación del Teatro Romano en 1988, durante más de un año estudiaron el entorno del Ensanche-Almarjal o Estero, que se formó hace unos 8.400 años, y registraron los cambios de las condiciones medioambientales. Los resultados arrojan que los contenidos de metales varían con la edad de los sedimentos. Antes de los 4.500 años, hay valores bajos, y desde entonces fuertes incrementos, lo que indica una actividad minero-metalúrgica discontinua.

Desde el Almarjal a Huelva

A partir de los 3.550 años de antigüedad, hubo una contaminación más alta, con valores de unos 2.000 partes por millón y mayores. Así, hasta llegar a la época romana. Los puntos de mayor contaminación (que no son un problema actual porque los metales están fijados por el material biológico) estaban en los bordes de la laguna, junto a la ciudad. Eran las desembocaduras de las pequeñas ramblas que drenaban la urbe.

Un cauce acababa entre el Monte Sacro y El Molinete, y otro entre este último cerro y el de La Concepción. La hipótesis es que algunas industrias estaban en la ciudad y que sus habitantes sufrían graves problemas de salud. Los investigadores creen que había gentes que recorrían el sur de la Península, entre Huelva y Cartagena, para extraer el material. La clave es un estudio con conclusiones similares en la desembocadura de los onubense ríos Tinto y Odiel.