La Verdad

Hasta San Antón, Pascuas son

José María García, Juan Manuel Ayaso, Antonio Martínez y Paco Pastor, ante el belén.
José María García, Juan Manuel Ayaso, Antonio Martínez y Paco Pastor, ante el belén. / P. Sánchez / AGM

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Así reza el refrán popular. Y es que, en nuestra Trimilenaria, las fiestas de Navidad se prolongan hasta que terminan las de nuestro castizo barrio de San Antón, con sus típicos pulpos a la cartagenera, sus aperitivos en plazas y calles y la tradicional bendición de los animales en el día de Patrón. Seguramente, muchos nos veremos por allí probando el pulpo, aunque también podemos dirigirnos a otro emblemático local, cuyo plato estrella está dedicado a este cefalópodo: el Mesón El Carpi, instalado en la antigua ferretería Morata y donde Antonio, en plancha y Pilar en barra, dan un servicio extraordinario.

Este local nos sirvió de parada en nuestro camino hacia La Asomada, esa encantadora diputación a la que tantos encantos adornan y que en estas fechas destaca por su magnífico Belén costumbrista, que seguirá montado hasta después de la onomástica de San Antón y que les invito a conocer.

Montar el Belén es una tradición «de toda la vida» y, como todas, tiene un origen histórico. Este se remonta a la época del Rey Carlos III, quien la importó desde su Italia natal y que nosotros rápidamente adoptamos, adquiriendo así gran auge en España. Así, pronto surgieron maestros artesanos que realizaban auténticas maravillas en sus talleres. Los belenistas más puristas, desmontan el Belén coincidiendo con la celebración de la Candelaria y de la presentación de Jesús en el templo, el 2 de febrero.

Hoy me centraré en la visita realizada a La Aparecida y en su Asociación Belenista, «El Buen Pastor». Corría el año 2008 cuando un grupo de jóvenes tomó el relevo generacional al frente de asociación de vecinos del pueblo y decidió, de cara a la Navidad, montar un Belén vecinal, lo que culminó con la creación de la asociación cultural sin ánimo de lucro en ese mismo año y la elaboración de un Belén costumbrista incluido en la ruta de los belenes de nuestro Ayuntamiento y que yo les recomiendo visitar. Está ubicado en la iglesia, donde Paco Pastor, Antonio Martínez, Chema García y Juan Manuel Ayaso han echado el resto para elaborar las distintas piezas, recuperando plásticos y maderas para realizar copias del herramental de campo, viveros naturales de plantas de nuestro campo, sembrados de cebada, lechugas, brócolis, todo tipo de verduras...

El belén se estructura en dos zonas: una de temática romana, con multitud de elementos que hacen referencia a nuestras fiestas, incluido un circo romano con sus espectáculos de fieras, gladiadores, legionarios, centurias... y el belén tradicional, con La Anunciación de María, el sueño de San José, la Posada, la Anunciación a los pastores... todo realizado con un gusto exquisito.

No le faltan detalles, incluidos todos los rótulo e indicaciones, como la señalización hacia Cartagena, La Aparecida y la vía Ylada, realizada con adoquines, como en su época; o los tres molinos que se encuentran a lo largo del recorrido y que se corresponden con los que hoy están abandonados en nuestro campo, dos de velas para sacar agua y uno de aspas que es un molino harinero. Además, encontramos una noria típica de nuestra zona, tirada por burros para sacar agua.

Oficios tradicionales

El Misterio está ubicado en el mismo pórtico de la iglesia, de tal forma que, con sus puertas abiertas, se ve en perspectiva hasta el altar. Y alrededor, una panadería haciendo pan, con su humo»de verdad» y todo lo necesario para hacer elaborar tan preciado elemento, desde pan a los útiles para amasarlo y su horno de cocción. El camino por donde se acercan los Reyes sale de una montaña junto a la zona romana y atraviesa un puente realizado en madera de monte, por el que incluso de puede pasar por debajo.

Encontramos también numerosas zonas verdes colgantes y montaña de piedra, que tienen un aspecto de lo más natural y que en su bajada llegan hasta el Pueblo de Belén, con sus calles, su mercado, sus habitantes y todos los artesanos habituales, acompañado todo ello con efectos de luz y complementos de agua y jardinería. Y como no podía faltar, el río donde lavar la ropa y caminos y bancales en los que se hacen patentes elementos propios de nuestro singular campo agrícola y ganadero; una granja con todo tipo de animales, sus pastores y hasta un palomar con palomas en vuelo y comiendo en los sembrados. Vamos, como si estuviéramos en el mismísimo campo. Y entrando al pueblo, una carnicería con la típica matanza de Navidad y el matachín en su trabajo, la perola hirviendo embutido y la percha con jamones y longanizas. Justo enfrente está el taller del carpintero, con sus trabajos en ejecución y todo el herramental. En el río, las lavanderas y, en las inmediaciones, una bodega con barricas, botellas y un mostrador de consumo, rozando la perfección.

Ventas en La Asomada

En la distancia, se divisa el Templo de Herodes con todo el poderío de su guardia y, ya saliendo, un vasto desierto con sus jaimas, templos, pirámides, esfinges, oasis, palacio y todos sus personajes, tanto a pie como a camello... Todo un homenaje a nuestro Campo de Cartagena y a sus tradiciones; un Belén que se tiene que visitar para que los propios miembros de la asociación te expliquen cómo fue realizado, su significado y en dónde están inspirados cada uno de sus rincones.

Aparte de disfrutar del belén, en La Asomada podemos hacer muchas otras cosas, como degustar un almuerzo típico en alguna de sus múltiples ventas, como El Huertecico, Lo Abasto o Los Blayas, con su amplia gama de productos. Nosotros, junto con los directivos de la asociación, nos acercamos andando a Los Blayas, donde nos tomarnos unos pésoles Negré, unas habas tiernas con unas tiras de bacalao, unas longanizas blancas a la plancha, unas lonchas de panceta con pan moreno caliente el pan y sin molla. Para disfrutar la carne y un bocado exquisito a la par que sorprendente por su sencillez, una tosta de pan de trigo con un ajo y un tomate restregados, en la que aún se podían ver las binzas de este, aliñada con un hilo de oro verde (aceite de primera prensa) y un golpe de sal gruesa bien esparcida. Un 'bocatta di cardinale', regado con un vino del Campo de Cartagena.

Allí terminamos nuestra tertulia, marchando cada uno a hacer sus compras de Reyes. Y yo me despido dejándoles con esta reflexión de mi amigo Sebastián, que a algunos les viene al pelo: «Quien te lastima te hace fuerte; quien te critica te hace importante; quien te envidia te hace valioso; y, a veces, aquellos que te desean lo peor tienen que soportar que te ocurra lo mejor».