La Verdad

Juegos florales palmesanos

Participantes en los juegos florales palmesanos, en la edición de 2013.
Participantes en los juegos florales palmesanos, en la edición de 2013. / J. C. CAMPOY / AGM

Estamos ante un añejo certamen literario, superado en el municipio tan solo por los Juegos Jacobeos de Santa Lucía, constituidos en 1945. En La Palma se convocan por primera vez en el año 1957. Pero el origen de esta iniciativa está en la fertilidad de un sueño infantil, el de Antonio Bolea Barrancos. Fue él quien propuso a sus compañeros de Casino y Comisión de Fiestas la idea de organizarlos. De niño, según me confesó, oyó contar a su abuela cómo en los primeros años del siglo XX, o quizá en los últimos del anterior, ya se conocieron en esta población. En efecto, un matrimonio sin hijos que moraba en el pueblo convirtió su hogar en centro de reunión de los jóvenes. Ella era hermana del abogado y empresario catalán Pedro del Balzo, donante del reloj de la torre parroquial. En ese contexto de alegre esparcimiento un buen día decidieron promover entre la muchachada palmesana unos modestos juegos florales, de andar por casa. Estos certámenes literarios gozaban de gran popularidad en toda España. Uno de los poetas que concurrieron era seminarista, cuyos versos no tuvieron mucho éxito entre los asistentes debido a su nula calidad. Tan inapropiados debieron ser que ofendieron gravemente a la reina y sus damas.

La propuesta de Bolea prosperó, siendo mantenedor de la primera edición Ginés García Martínez, quien en aquellas fechas debiera estar inmerso en el trabajo de tesis doctoral sobre el habla de Cartagena y otros aspectos de la etnografía comarcal. Años después, 2009, lo será su hijo Javier García del Toro, con un recordado discurso. Se alzó con la Flor Natural el poeta cartagenero José Ruipérez Peragón, con tres sonetos de loa a Santa Florentina.

La segunda convocatoria tuvo lugar en 1962, porque se proyectó inicialmente como cita quinquenal. Siempre en el mes de marzo, dentro de los festejos patronales en honor a Santa Florentina. El premio quedó desierto, aunque Ruipérez Peragón, Francisco Sánchez Bautista y Andrés Salom fueron reconocidos con un accésit. Se produce un largo paréntesis de silencio hasta la tercera edición, acaecida en 1976. Un jovencísimo poeta de la localidad, Paco Martínez Escudero, evocando la honda impresión que le provocara a su sensibilidad de niño la ceremonia de los Juegos del 62, propuso su rescate a un grupo de inquietos palmesanos: Antonio Bolea, Ángel Aparicio y Rafael Ortega. El animado grupo decide ponerlos en marcha nuevamente. Paco les presentó al sabio Alberto Colao, a quien acuden en busca de consejo, exhortándoles a la organización anual de la cita. Colao solicita a su vez el compromiso de sus amigos, los doctores Casimiro Bonmatí Limorte y Carlos Ferrándiz Araujo, quienes pasarán a formar parte del jurado. Todos ellos volverán a restituir estas justas literarias. Y de ello doy fe, porque asistí expectante junto a mis padres a aquellos III Juegos, quedando prendado de la oratoria del mantenedor Colao y de su invitación a que los palmesanos recuperáramos nuestra historia. Sirvan estas palabras como justo reconocimiento para todos aquellos emprendedores.

Don de la palabra

Uno de los discursos más bellos pronunciados ha sido el de Ramón Alonso Luzzy, en 1982. Pintó en prosa los colores de la comarca, el verde más verde en los cuadriculados bancales de la incipiente agricultura. Sin olvidar los «verdigrises calcinados, amarillentos y enterregados del secano (...)». Ni el blanco, que «es sobre la mar la gaviota, y en la tierra alhelí, jazmín o margarita». Denunciaba los fangos que escupía el lavadero Roberto, el paisaje más surrealista posible. Al llegar a las minas «su quebrada geografía es la fiesta más rica de color que pueda contemplarse. Todos los matices posibles en la paleta están frente a nuestros ojos asombrados». Definía el paisaje industrial del valle de Escombreras como «una teoría de cilindros, esferas, torres, chimeneas unidos por un infinito cordón umbilical de tubos y cables que conforman el espacio». Y a Cartagena como una ciudad que se ha ido devorando a sí misma, «como el dios Saturno a sus propios hijos, hasta borrar las huellas, unas tras otras, de tanta tradición (...) Y tampoco quiero recordar como Cervantes, que somos puerto cerrado a todos los vientos, pero también a los cartageneros». En efecto, en aquellos años era un puerto vedado a sus vecinos.

Al año siguiente será mantenedor el doctor José María Rubio Paredes, quedando incorporado a los miembros del jurado desde entonces. Sus desvelos son dignos de elogio por cuento ha tenido que ver, y mucho, en la preparación de algunos de los cuatro volúmenes que recogen todo un hondo caudal de verso y prosa. Pero si hay una persona indispensable en este empeño es Ángel Aparicio, directivo del Centro Cultural y Deportivo, el Casino.

Cada año se rinde homenaje a un poeta cartagenero. Recuerdo la magnífica semblanza que realizó Manuel Martínez Pastor de su amigo Pedro Beltrán, prestigioso guionista de cine. Releo a menudo su Burro de Noria, poemario prologado por Fernando Fernán Gómez, que se acompaña de un cedé en el que recitan sus poemas numerosos actores de la talla de José Sacristán, Imanol Arias o Aitana Sánchez-Gijón. Beltrán, aficionado al flamenco y a los toros, dedica un poema a la guitarra:

¡Qué pena del árbol

del que te arrancaron!

¡No escucha tu llanto

ni sabe que guardas

a todos sus pájaros!

Los Juegos Florales de La Palma mantienen abierto el plazo de recepción de obras hasta el día 27 del próximo enero.