La Verdad

«El amianto se me llevará por delante»

Fulgencio Blaya, con su hijo Enrique, junto al monumento a los aprendices de Bazán, en la calle Licenciado Cascales de Cartagena.
Fulgencio Blaya, con su hijo Enrique, junto al monumento a los aprendices de Bazán, en la calle Licenciado Cascales de Cartagena. / Pedro Martínez / AGM
  • Fulgencio Blaya es uno de los cientos de enfermos por inhalar partículas en la industria que aún espera una indemnización

  • La asociación Apena cifra en 200 las muertes por asbestosis y pide a las administraciones públicas de nuevo medidas para atajar el problema

«Cada vez más a menudo, al levantarme, me falta el aire. Voy de la cama al sillón y del allí a la cama. Y se me pone muy mala leche porque cualquier día el amianto se me llevará por delante», explica Fulgencio Blaya Mellado, de 87 años, junto al monumento al aprendiz de 'la Bazán'. Él es uno de los pioneros del astillero, antecesor de Navantia, y también uno de los que más han aguantado los efectos del amianto en sus pulmones. Apena, la asociación de afectados que le ha ayudado a llevar su caso a juicio, subraya que apenas llegan ante el juez un 10% de los casos sospechosos de asbestosis y lamenta que muchas industrias pesadas mantengan en secreto las listas de trabajadores del último medio siglo. Por eso, reclama a Sanidad protocolos para detectar la enfermedad y facilitar autopsias fiables en los casos en que la familia las reclamen.

A Pencho el «cabreo» se lo genera «que la empresa no muestre el menor interés» por él. En su poder tiene un sentencia de la jurisdicción social de junio, que le reconoce 31.000 euros de indemnización. Pero Navantia recurrió. «Me gustaría ver el final de este pleito», asegura Fulgencio, para poder vivir con menos molestias los años que le queden. «Pero lo considero cada vez más difícil», admite.

Cientos de personas se encuentran en una situación análoga a la suya y hasta 5.000 pueden desarrollar algún mal relacionado con la inhalación de amianto, por haber trabajado en contacto con él en los astilleros navales durante dos tercios del siglo XX, según datos incluidos en la moción que se aprobó en la Asamblea Regional., en marzo de 2014, por unanimidad, para hacer un seguimiento de los nuevos casos.

Sin embargo, según los datos de Apena, hay una doble vara de medir. En Ferrol la incidencia del amianto es similar en casos de enfermedad por amianto que en Cartagena. Sin embargo, en La Coruña han llegado a los juzgados 140 casos acreditados por informes técnicos y en la Región de Murcia solo han sido 39, en los últimos diez años. Dos de espera le aguardan a Fulgencio Blaya hasta tener una resolución «que probablemente sea favorable pero dudo que le pille con vida», indica el presidente de Apena, Ricardo Torregrosa.

Navantia, heredera de Izar, que lo fue a su vez de Bazán, declinó hacer declaraciones. Pero la sentencia del Juzgado de lo Social número uno de Cartagena considera probado que Fulgencio Blaya padece una «fibrilación auricular paroxística» que le ha 'acorchado' el 35% de los pulmones. Solo tiene un 65% de capacidad pulmonar. También padece hipertensión pulmonar severa y una paquipleuritis compatible con asbestosis.

Es el fruto de haber entrado en 1943, con 14 años, como calderero en Bazán. «Era el mayor dos hermanos y mi madre era viuda, así que había que traer pan a casa. Trabajé diez años en reparar calderas de barcos en contacto con el recubrimiento de amianto, con guantes pero sin mascarilla», relataa 'La Verdad' Fulgencio, conocido como 'El pulpero' por su afición a la pesca. Un curso de soldador le permitió dejar esa ingrata labor. «Eso no me alejó del amianto, porque todo el astillero estaba lleno de polvillo», apunta.

Al colgar el soplete en 1987, se sometió a un chequeo. «El doctor me hizo unas placas y me preguntó: 'Pencho, ¿tú cuántos paquetes de tabaco fumas?'. '¿Yo? Yo no he fumado en mi vida', le contesté. Me hicieron pruebas y me mostraron las fibras de amianto en los dos pulmones», concluye. Blaya usa alternativamente dos respiradores desde hace diez años, pero fue en 2011 cuando se le reconoció la enfermedad profesional y pensó en reclamar. «Al ganar en primera instancia pensamos: 'Papá pasará sus últimos días en mejores condiciones'. Pero han recurrido», se indigna su hijo. «Casos como el de Pencho deben ayudarnos a sentar precedentes para el reconocimiento sanitario y judicial de estas enfermedades y para ayudar a los cientos de personas que pueden desarrollar una fibrosis o un mesotelioma [cáncer], que les llevará a la muerte», explica Torregrosa.

«Cada vez hay más concienciación, pero sigue faltándonos una regla común que obligue a las grandes empresas a facilitarnos los listados de empleados en la segunda mitad del siglo XX: Repsol no quiere dárnoslos [la empresa argumenta que no se puede tomar un censo de empleados como una lista de afectados porque sí[, y Navantia sí nos los dio, pero luego se comporta de una manera tan poco digna como en el caso de Fulgencio».