Una carrera de fondo de ocho años

Ramón Coll y Natalia Serrano estudian contra el cronómetro. / EDU BOTELLA / AGM

Dos aspirantes a registrador de la propiedad reconocen a 'La Verdad' que opositar conlleva «un sacrificio mucho más duro de lo que la gente imagina»

Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

El cuento de la cigarra y la hormiga siempre ha sido la mejor narración para entender lo que significan sacrificio y recompensa. Pero no hace falta tirar de fábulas cuando se puede aludir a vidas reales, con nombres y apellidos: Natalia Serrano y Ramón Coll, dos murcianos de 25 años. Ellos viven a largo plazo, siembran sin la certeza de recoger los frutos, se esfuerzan a diario con la esperanza de conseguir un sueño: ser registradores de la propiedad.

Hace más de tres años que cada día se levantan con el amanecer para hincar los codos y cantar. Cantar temas de derecho al dedillo y en un tiempo limitado de 18 minutos, hasta conseguir aprenderse los 350 que componen el temario. Ese es su trabajo: estudiar, algo que de momento “es como una carrera de fondo, saben que tardarán una media de ocho años en aprobar la oposición, pero tienen que ser muy constantes y estar muy decididos”, considera Carlos Rodríguez, director de la academia de registros a la que acuden los jóvenes y registrador de la propiedad en el registro número 2 de Murcia.

Jornadas de 10 horas

Durante seis días a la semana estudian una media de diez horas al día. “Yo me levanto sobre las seis y media de la mañana y me organizo para echar cinco horas por la mañana y otras cinco por la tarde”, asegura Ramón. La mayoría de los opositores son estrictos en sus horarios; sin embargo, Natalia prefiere ser más flexible: “Para mí es más fácil no limitarme a unas horas, yo sé que me tengo que estudiar un número de temas al día, tarde el tiempo que tarde”, asegura.

Este mes de marzo será la primera vez que los dos se enfrenten a las pruebas de la oposición, un momento que imaginan vivir “con muchos nervios” y al que irán acompañados por sus padres: “Para nosotros es fundamental el apoyo de la familia, tanto económico como psicológico”, reconoce Natalia, “aunque en ocasiones ni siquiera ellos, que conviven contigo y te ven cada día, son conscientes por completo del sacrificio que supone para nosotros la oposición”.

Aprobar las cuatro pruebas de las que consta el proceso examinador es algo casi imposible de conseguir. “La media está en los siete u ocho años de estudio. Luego hay casos que lo consiguen en cuatro y otros que tardan diez, pero lo normal es marcarse un límite de tiempo para conseguir aprobar”, incide el preparador.

Tanto Natalia como Ramón dan por hecho que probarán un segundo intento en un par de años. “En función del resultado que obtenga en esa segunda prueba, seguiré estudiando para probar una tercera o me lo dejaré”, reconoce Ramón. Natalia continuará opositando “el tiempo que haga falta, cueste lo que cueste. Porque no quiero ser otra cosa, quiero ser registrador”, sentencia.

Una academia altruista

La academia de opositores que dirige Rodríguez es una de las pocas completamente gratuitas que existen en España: “Los preparadores no cobramos y los chicos no pagan absolutamente nada. Esta labor comenzó de forma altruista en los años 70, con el fundador José Tomás Bernal Quirós, y así sigue. Todos los que hemos pasado por aquí estamos muy comprometidos con esto, es como una cadena de favores”, manifiesta el registrador.

Su experiencia le dice que el mejor preparador es aquel que sigue “la misma rutina que lleva el opositor a la hora de tutelar a los chicos. Es muy importante también que encuentre el punto intermedio entre la exigencia y los ánimos que tiene que infundir en los momentos necesarios”.

Los doce registradores que preparan oposiciones en este centro se reparten a los 38 jóvenes que asisten a cantar cada semana. A comienzos de curso, el número es mayor, pero no todos continúan con el estudio: “Los primeros meses de la preparación son decisivos, porque no todo el mundo vale para estas oposiciones. El propio opositor se evalúa para ver si tiene la capacidad de trabajo y la constancia necesaria”, cuenta Rodrígez. Durante los seis primeros meses o el primer año de estudio, abandonan casi la mitad de los opositores que llegan a comienzo de temporada.

Los opositores más brillantes ocuparán las 45 plazas de registrador disponibles para esta oposición, una oportunidad a la que aspiran unas 700 personas. Rodríguez asegura que de la academia de Murcia “salen en cada promoción unos cinco aprobados, es una de las más prestigiosas de España”.

Un salario incalculable

Una vez aprobado el examen, los opositores se convierten por ley en “aspirantes a registrador de la propiedad, hasta que juran el cargo y toman posesión de su primer registro. Lo normal es que esa primera oficina se encuentre a muchos kilómetros de casa”, explica el preparador.

A pesar de ostentar un cargo público, los registradores no reciben ni un euro del Gobierno, “es una profesión en la que se cobra un arancel, así que el salario depende de los documentos que entren al registro”, constata Rodríguez, quien evita en reiteradas ocasiones dar una cifra aproximada del salario mensual que puede llegar a cobrar un registrador de la propiedad.

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