«Ayudar a morir con dignidad no es anticipar la muerte»

Los obispos y arzobipos Ureña, Lorca Planes, Gil Hellín y Mazuelos, con Vicenzo Paglia (centro) ./N. GARCÍA/AGM
Los obispos y arzobipos Ureña, Lorca Planes, Gil Hellín y Mazuelos, con Vicenzo Paglia (centro) . / N. GARCÍA/AGM

Monseñor Vincenzo Paglia realiza un alegato contra la eutanasia en la UCAM, cuyo presidente vuelve a lamentar «el trato recibido por el Gobierno regional»

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERESMurcia

«Morir con dignidad no significa anticipar la muerte, quizá para no ver la degradación del propio cuerpo». Monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, realizó ayer en la Universidad Católica, que celebraba a su patrón, un alegato en contra de la eutanasia con su lección magistral 'La Hermana Muerte', en la que reflexionó sobre cómo se enfrenta al final de la vida la sociedad, y trató de desmontar la idea de que la eutanasia pueda interpretarse como un síntoma de «civilidad» o del «progreso de los derechos de la sociedad». Para el arzobispo, quien calificó de «diabólico acoger a extranjeros por una parte y expulsarlos por otra», la legitimación de la eutanasia «elimina el sentido de la obligación de cuidar a un enfermo incurable para allanar el camino a la liquidación de una vida despreciable». Convencido de que detrás de la defensa de la eutanasia se esconde una sociedad que «hace todo lo posible para exorcizar la muerte», Vicenzo Paglia defendió que el derecho a una muerte digna «no puede establecer el derecho a recibir la eutanasia de mano de otros: ayudar al paciente a morir (acompañándole en su angustia, aliviando su dolor, apoyándole) es una cosa, hacer que muera es algo distinto», defendió.

El presidente de la Pontificia Academia para la Vida insistió además en la obligación de cuidar de los más débiles y de los enfermos. «Es una exigencia intrínseca de la humanidad, una actitud irrenunciable para el progreso de la humanidad. La tarea de la medicina es cuidar siempre, aunque no siempre sea posible curar», reclamó el arzobispo, para quien los momentos que vive Europa reclaman más que nunca el papel activo de los laicos.

La Universidad Católica, que festejaba ayer los actos conmemorativos de la festividad de su patrón, San Antonio de Padua, celebró el día con la investidura de 80 de los nuevos doctores «de los casi 200» que han defendido su tesis este año en la UCAM. Tras la ceremonia, el presidente de la Universidad Católica, José Luis Mendoza, remarcó que la institución «lleva 21 años trabajando y contribuyendo al desarrollo de la Región de Murcia». Y lo hace, denunció, «a pesar de las muchas dificultades a las que hemos tenido que hacer frente; también desde la Administración. No entendemos -dijo- el trato que recibimos, también desde el Gobierno regional». En ese punto, José Luis Mendoza volvió a hacer referencia al convenio para la realización de prácticas de los alumnos de Medicina, que excluye los hospitales públicos de Murcia y pone a disposición de los alumnos de la privada los centros Santa Lucía, el Rosell y el Rafael Méndez, en Cartagena y Lorca.

Mendoza: «Se vulneran los derechos de nuestros alumnos, que tienen que hacer 80 kilómetros para hacer prácticas clínicas»

«Se vulneran los derechos fundamentales de los alumnos de la Universidad Católica, que tienen que hacer 80 y 100 kilómetros para hacer sus prácticas cuando hay plazas de sobre para todos. Ha habido accidentes de coche, y los padres de esos alumnos son contribuyentes por igual», demandó el presidente de la UCAM, quien se sumó al alegato contra la eutanasia y el aborto, y reclamó el derecho «de los cristianos a educar a sus hijos en la fe, y no en las leyes que atentan contra la vida, como la maternidad subrogada, los vientres de alquiler...», reclamó, preocupado por la «vertiente política de un gobierno que pacta con grupos que desprecian a España».

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