«Se aprueba con 50 y ella, con lo que lleva, va para sacar 70»

Resolución de un tribunal de una prueba del CAP, en el año 2002, que se anuló por haberse filtrado las preguntas del examen./Guillermo Carrión / AGM
Resolución de un tribunal de una prueba del CAP, en el año 2002, que se anuló por haberse filtrado las preguntas del examen. / Guillermo Carrión / AGM

Las intervenciones telefónicas de la Guardia Civil ofrecen evidencias de cómo funcionaba la red

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

El 5 de noviembre de 2016, apenas unos días antes de que la Policía Nacional desatara su operación contra la supuesta trama de expedición ilícita de certificados del transporte, uno de los presuntos líderes de la red, R. T. M., dueño de academias de enseñanza, hablaba con el marido de una de sus alumnas. El hombre se interesaba por las preguntas y R. T. M. lo tranquiliza. «Se aprueba con 50 y ella, con lo que lleva, lleva para sacar 70. Va sobrada, ella y los demás, lógicamente. Y con los casos prácticos, igual; son seis y se aprueba con tres, y ella lleva cinco. Memorizarlos es lo único (que tiene que hacer)», explica a su interlocutor.

Los agentes de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) que tenían intervenido el teléfono del dueño de la academia no tienen duda alguna del sentido de la conversación. «El examen está compuesto por cien preguntas tipo test y seis casos prácticos y R. T. M. ha facilitado a su alumna, al menos, 70 preguntas tipo test y cinco casos prácticos, por lo que el aprobado está asegurado», reseñan en los informes remitidos al juzgado.

Los investigadores, de hecho, tenían pocas dudas en ese momento sobre el funcionamiento de la trama, al menos en lo relativo a la obtención del Título de Capacitación Profesional para Transportistas de Mercancías o 'curso del transportista', como se le llama en el sector. Según todos los indicios recabados, era el funcionario J. P. M. G. quien le facilitaba esas preguntas y sus soluciones, pues a su condición de jefe de la sección de Capacitación Profesional y CAP unía la de secretario del tribunal calificador.

«Tienes que sacar alguna más, darme alguna más para no ir tan justos con esta gente», le apretaba R. T. M. al funcionario

El día 20 de octubre de 2016, de hecho, habían registrado varias conversaciones entre este empleado público y R. T. M. o con su hijo, también encausado en la trama, en las que los dos últimos le reclamaban presuntamente la entrega de más preguntas. «No voy a ir, porque no puedo sacarlo (el examen, en apariencia). Se borra... Tú, con las que tienes, ya está». Pero R. T. M. le insiste: «Tienes que sacar alguna más, darme alguna más para no ir tan justos con esa gente». El funcionario responde: «Vale, vale, vale. Venga, ya hablamos».

No era la primera conversación de este estilo que los policías habían escuchado. Unos días antes, de hecho, R. T. M. le había apretado un poco más a su amigo y socio. «A ver si me gobiernas alguna más», le había dicho. «Ya lo vemos», había contestado el funcionario». Y el empresario seguía insistiendo: «Un poco más».

Por lo que se refiere a las ofertas que el dueño de la academia realizaba a sus potenciales alumnos, la causa está llena de extractos de conversaciones. Como uno en el que se le observa decir que «de ahí salen, no todas, pero sí las preguntas suficientes para aprobar». U otra en la que deja claro que «tenemos un sistema de aprendizaje que confirma que todos nuestros alumnos aprueban siempre». Y otra más en la que recuerda que «ya sabes que conmigo apruebas seguro; me han aprobado todos este curso», aunque seguidamente añade que «de mis 21 alumnos aprobaron 20». Sobre el otro, el suspendido, no se explica «lo que hizo para suspender, porque salió todo lo que hicimos».

Y si eso ocurría con los 'cursos del transportista', en los que era obligatorio pasar por un examen, con los certificados CAP era todavía más sencillo. Directamente, según las investigaciones de la Policía, ni siquiera se celebraban los cursos. Simplemente se pagaba la tasa correspondiente (250 euros por alumnos) y el funcionario se encargaba presuntamente de entregar los títulos. De ahí que, cuando una cliente le señala que ese precio es caro, y que en otros sitios se paga la mitad, R. T. M. señale que «esa es la diferencia por no ir». O sea, por no tener que hacer el curso.

En otro caso, el potencial alumno quiere confirmar que «esto no hay que hacerlo presencial», a lo que el dueño de la academia responde que «no, como tú quieras, si quieres te metemos como hicimos con el otro». De la misma forma que a otro hombre le hace saber que el curso es «así, de aquella manera», y a uno más le confirma que «no sería necesario que hicieras el curso; se te apuntaría a uno, pero no haría falta que fueras».

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