Anzuelos cebados con palabras

Un policía cuenta los fajos de billetes incautados a una banda de estafadores nigerianos / cnp
Un policía cuenta los fajos de billetes incautados a una banda de estafadores nigerianos / cnp

Una banda internacional, asentada en la Región, logró estafar más de un millón de euros con el timo de las 'cartas nigerianas'; el fiscal reclama 135 años de prisión para 16 de sus presuntos integrantes. Así actuaban

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

Los lazos de amor del apuesto Kim Chamberline, ingeniero marino de nacionalidad estadounidense, atraparon a Karina, vecina de la mejicana ciudad de Puebla, a través de una web de contactos para amistad. Chamberline era el hombre por toda mujer soñado. Dos meses después de iniciada la relación epistolar que había hecho brotar fuego en el pecho de la mujer, el americano le contó, entusiasmado, que acababa de adjudicarse un contrato muy importante con la Shell Petroleum Development Company PLC para unos trabajos en el Mar del Norte. Un negocio que le iba a reportar decenas de millones de euros. Incluso, lógicamente eufórico, le envió por email la carta de aprobación del contrato suscrita por un jerifalte de Shell. Ella, impresionada, no pudo por menos que contagiarse de la felicidad de su amigo.

Ya antes le había confesado que estaba solo en la vida, pues sus padres habían muerto tiempo atrás y él había enviudado antes de llegar a tener descendencia, de forma que a Karina no le extraño que Kim le hiciera saber que había dado su nombre a la compañía petrolera como su familiar más cercano. «Eres una de las pocas personas en el mundo en quien siento que puedo confiar», le hizo saber el hombre de negocios.

«Te van a ingresar 7 millones»

Un día, no mucho después, a Karina casi se le paró el corazón cuando recibió una llamada desde España de un tal Luis Ricardo, a la sazón gerente del Banco de Madrid, comunicándole que tenía que hacerle un ingreso de siete millones de dólares, librados por Shell, pero que tenía que abrir una cuenta en la entidad para posibilitar el pago. Cuando ella colgó el teléfono, se precipitó a llamar a Kim y éste le confirmó que era suya la decisión. «Sé que ese dinero va a estar en buenas manos; ya te dije que mi confianza en ti es absoluta». Karina se sintió mucho más que halagada. Realmente, nunca había conocido a nadie igual.

Cuando recibió una segunda llamada del gerente del banco y le hizo saber que para abrir la cuenta y recibir la millonaria transferencia debía realizar en una cuenta determinada un ingreso de 5.700 euros, eso sí, reembolsables, Karina no puso reparo alguno. No podía decirse que se tratara de una cantidad astronómica y el inminente ingreso de los siete millones era la mejor garantía de que iba a recuperar ese dinero. «En breve plazo -le ilustró el directivo-, recibirá las claves para realizar transferencias 'online' y que así pueda operar». No había de qué preocuparse.

A la alemana Doris y al suizo Josef les convencieron de que habían obtenido premios de lotería cercanos a los dos millones de euros, pero les hicieron saber que antes de recibirlos debían pagar los impuestos y otra serie de gastos

Mientras tanto, la relación seguía estrechándose. No podían ser más amigos. Eran almas gemelas, se decía. Solo las muchas obligaciones y responsabilidades profesionales de Kim habían impedido hasta entonces que se conocieran personalmente, que pudieran mirarse a los ojos, quizás tomarse de la mano mientras tomaban un café... El mundo parecía iluminarse al abrir el correo electrónico y comprobar que había un nuevo mensaje suyo.

Aquel día de agosto, sin embargo, el tono utilizado por Kim en su misiva era desacostumbradamente sombrío. Había tenido un problema con un oleoducto y tenía que pagar con urgencia 175.000 euros a una empresa polaca. «Haz una transferencia desde la cuenta de los siete millones cuanto antes, por favor», le pidió a Karina. Pero, cuando ésta lo intentó con las claves que le habían facilitado, le fue imposible hacerlo. Así, marcó el número de teléfono que el gerente del Banco de Madrid le había facilitado y este le confirmó que la cuenta estaba bloqueada por la Secretaría de Economía y Hacienda y que era necesario abonar dos certificados -por importes de 16.384 y 18.678 euros- para liberarla.

Karina se dijo que no podía fallarle a Kim en ese momento y que, además, la garantía de los siete millones era más que suficiente para saber su dinero a salvo. Con lo cual, transfirió esos más de 35.000 euros de sus propios fondos y cruzó los dedos para que todo hubiera quedado ya solucionado.

Pero se equivocaba. Apenas le había dado tiempo a persignarse cuando ya le había llegado un email del Ministerio de Asuntos Exteriores, reclamándole el pago de un timbre por 16.075 euros, y otro correo, nada menos que de las Naciones Unidas, instándole a abonar 32.693 euros para expedirle el certificado de 'no lavado de dinero/antidrogas'. Aquello empezaba a convertirse en una pesadilla, pero Kim dependía de ella, la suerte de sus negocios estaba en sus manos... y además temía que no existiera otra forma de recuperar el dinero ya adelantado que solucionando de una vez los muchos problemas que iban surgiendo. Se sentía succionada por una espiral. Era un hámster atrapado en una de esas ruedas diabólicas. Un animal corriendo desesperado en pos de la nada.

Esto acaba de empezar

Luego fue Hacienda, reclamando el 1% de los fondos, también reembolsable, lo que le llevó a hacer dos ingresos consecutivos de 24.450 euros; un aparente error en una de esas transferencias la obligó a desprenderse de otros 24.450 euros; un nuevo bloqueo de la cuenta por el Departamento de Impuestos Internos, que reclamaba 16.877 euros...

Karina dijo basta. «Ya casi no me queda dinero», explicó, desesperada. El gerente del banco se deshacía en explicaciones: que nunca había visto nada parecido, que ya estaba todo prácticamente solucionado, que lo sentía infinito, que estaba dispuesto a prestarle 15.000 euros de su bolsillo, que se encontraba desolado, que ya solo quedaba un pasito más... Pero no. Aquello, aunque parezca increíble, no había hecho sino empezar.

La mujer hizo una transferencia más de 15.000 euros, luego otra de 17.877, pidió un préstamo personal, ingresó otros 5.500 euros, y 8.500 más, recibía cartas de pago con el escudo de España, certificados de los organismos nacionales e internacionales más dispares; ingresaba otros 6.000 euros; la Agencia Tributaria le reclamaba 48.963 euros por un 'Local Monetary Insurance Tag'; enviaba 6.000 euros; efectuaba otras tres transferencias 'gemelas' de 14.321 euros; mandaba 10.821 euros más, 2.300, 1.200, 8.250, 13.125, 13.125, 13.125, 13.125, 11.250, 11.250, 10.000, 12.000, 12.900...

El día 9 de febrero de 2016, Karina hizo la última transferencia: 5.100 euros. ¿Para qué? ¿Con qué motivo? ¿Cuál era el problema? Qué más daba ya. Casi 400.000 euros después del maldito día en que aceptó la oferta de amistad virtual que le ofrecía Kim, de ella solo quedaban harapos. Era una mujer destruida. Arrasada. Psicológica, emocional y, por supuesto, económicamente aniquilada.

Ahora estaba claro. Kim era solo un señuelo. Un anzuelo bien cebado que ella había mordido con la voracidad de un tiburón ante un bocado sangriento. Quizás lo había sabido mucho antes de aquel momento. Cuando de todas formas ya estaba atrapada por completo. Cuando resultaba imposible escapar.

El reputado doctor Pedro Luiz

La ciudadana china Wang, usuaria de un portal de citas en internet, quedó prendada de un reputado doctor español, de nombre Pedro Luiz, quien estaba sumido en cuerpo y alma en una prometedora investigación para encontrar una vacuna contra el ébola. A estas alturas de la película a nadie debe de extrañar que un día el encantador Pedro Luiz le hiciera saber a su adorable amiga que tenía problemas de financiación para su estudio, como tampoco debe sorprender que Wang acabara entregándole 152.000 dólares. El dinero y Pedro Luiz, o quien quiera que se hallara tras ese nombre, se disolvieron sin un adiós, un bye bye o un zàijiàn. Simplemente hicieron pluf.

A la alemana Doris le tocó un premio de 980.500 euros, tal y como un día le comunicó solemnemente la International Lotto Euromillion por correo electrónico. Aunque jamás había jugado a ese juego, Doris mordió hasta el fondo el anzuelo que le lanzaba un tal Antonio Manolo -tal cual, no es coña- que le sacó 9.473 euros, otros 6.820, 5.300, 12.980, 800, 24.500, 8.000, 8.000, 8.000... con excusas como que había que adelantar el pago de impuestos, contratar un seguro, abonar los gastos notariales. Tres cuartos de lo mismo que le vino a ocurrir al suizo Josef, quien para intentar cobrar el premio de lotería de 2,2 millones de euros que le había tocado -mejor dicho, que no le había tocado- atendió al pie de la letra los reiterados requerimientos monetarios -hasta diez, por importes de entre 8.397 y 5.000 euros- que le hacían un tal Alfredo Lada y otro tal Angelo Fernandes, tan hipotéticos españoles como ficticios altos responsables del organismo nacional del juego y del Ministerio de Economía.

Entre embuste y engaño, entre farsa y artimaña, los integrantes de esta organización criminal internacional, especializada en el 'phising' y en las muchas y muy imaginativas variables del timo de las 'cartas nigerianas', se dedicaba también a hackear ordenadores de todo el mundo y, directamente, a saquearles las cuentas bancarias mediante operaciones informáticas clandestinas.

La suerte estaba echada

La suerte de esta red, sin embargo, estaba echada desde el momento en que las denuncias empezaron a llegar a los cuerpos y fuerzas de seguridad de España, que era el país en el que se habían abierto las cuentas destinatarias del dinero saqueado. Y es que el talón de Aquiles de la trama radicaba en que se necesitaban personas concretas, con su DNI por delante, para abrir esa cuentas y hasta para sacar los fondos por ventanilla, antes o después, para escamotearlos de manera definitiva. Así fue como los agentes del Grupo de Delitos Económicos y Blanqueo de Capitales de la Policía Nacional dieron con la pista de Antonio G. F., un vecino de la pedanía murciana de Guadalupe a cuya cuenta habían ido a parar los 152.000 euros donados por la ingenua señora Wang a su adorado doctor Pedro Luiz.

Tirando de ese hilo se desenredó este ovillo. Los policías detuvieron a 16 personas, la mitad nigerianos y la mitad españoles, como sospechosas de integrar una organización criminal dedicada a cometer estas refinadas estafas. Todo apunta a que la red estaba controlada por dos ciudadanos de Nigeria, Anthony J. O., alias 'Joe', y alguien conocido por el sobrenombre de 'Nnoso', que se encuentran en paradero desconocido. Siguiendo sus indicaciones, los mandos intermedios se encargaban de captar 'mulas', esto es, personas que, a cambio de una comisión, aceptaran abrir cuentas bancarias a las que destinar el dinero ilícito.

Los encausados en estas diligencias, cuya investigación ha coordinado el Juzgado de Instrucción número 44 de Madrid, se enfrentan a una petición global de 135 años de prisión por presuntos delitos de pertenencia a organización criminal, estafa y blanqueo de capitales por imprudencia. En los registros efectuados por la Policía, se hallaron cientos de direcciones de correo electrónico y postal de ciudadanos de medio mundo. Potenciales peces a los que lanzar un anzuelo bien aderezado con bellas promesas.

La defensa del controlador de 'mulas' impugna la investigación

Los letrados de los dieciséis encausados en estas diligencias sobre las 'cartas nigerianas' han comenzado ya a formular sus escritos de defensa. Es el caso del abogado Francisco Valdés-Albistur Hellín, quien tiene asumida la representación de unos de los principales acusados en esta supuesta trama: Prince R. O., nigeriano, sospechoso de ser quien controlaba la actividad de las 'mulas' o titulares de cuentas bancarias. El letrado sostiene que las principales resoluciones del titular del Juzgado de Instrucción número 44 de Madrid son nulas, ya que adolecen de la obligada motivación. Sería el caso del auto de incoación de diligencias, del que ordenaba las entradas y registros en domicilios y de la declaración de secreto de sumario, a los que en algunos casos Valdés-Albistur tacha de «formulario rituario», cuando no de simples «copia y pega». Según su interpretación, todas las pruebas surgidas a partir de esas resoluciones serían completamente nulas, en aplicación de la doctrina legal de los 'frutos del árbol envenenado'.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos