Iberdrola destapa enganches ilegales a la red eléctrica en 84 pisos sociales de Alcantarilla

Un vecino que ha estado enganchado ilegalmente a la red pasa junto a la estancia, cerrada con candado, en la que se deben instalar los nuevos contadores./Javier Carrión (AGM) / LV
Un vecino que ha estado enganchado ilegalmente a la red pasa junto a la estancia, cerrada con candado, en la que se deben instalar los nuevos contadores. / Javier Carrión (AGM) / LV

La Policía Nacional tuvo que escoltar al personal de la compañía para cortar el suministro; el fraude, que se prolongó durante dos años, asciende a más de 130.000 euros

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

Había un dato que desconcertaba cada mes a 'Fefa': de los veinte contadores que debía haber en su edificio, solo seguía en pie el suyo. «Yo pagaba mis facturas, pero dejé de hacerlo porque pensé que cuando viniesen los de Iberdrola cortarían la luz a los que pagamos y a los que no lo hacen», razona esta vecina de las viviendas sociales de Alcantarilla. Y ese día llegó el 8 de septiembre, cuando la compañía 'quitó los plomos' de los cuatro bloques de las calles Alegría e Ilusión, que durante los dos últimos años han estado enganchados ilegalmente a la red hasta generar una 'púa' que supera los 130.000 euros. Solo pagaba los recibos un piso de los 85 existentes, admite la compañía.

Para ejecutar el apagón de 84 viviendas, el personal de Iberdrola acudió al barrio de Vistabella escoltado por la Policía Nacional y casi de madrugada, al objeto de evitar incidentes. «Se cerró el suministro por peligrosidad de riesgo eléctrico», justificaron ayer desde la compañía. Dejando a un lado tecnicismos, básicamente había riesgo de incendio en los pisos, porque habían arrancado todos los contadores y usaban una toma directa a la línea de los edificios, lo que provocó varios cortocircuitos y conatos de incendio.

«¡Lo que tienen que hacer es poner un contador en la puerta de cada casa y al que no pague, que le corten la luz!», clamaba ayer indignada 'Fefa', ya que en octubre sufrieron otro apagón colectivo. «Mi Santiago tiene párkinson y úlceras por todo el cuerpo y estuvo una semana a la voluntad de Dios», se lamenta, porque no podían usar la cama eléctrica articulada con la que mueven a Santiago.

El Consistorio negocia una solución con la empresa, que ya ha propuesto una quita

Durante siete días, los 330 vecinos no tuvieron agua caliente, ni electrodomésticos... y al caer la noche iluminaban sus casas con velas. «Teníamos que hacer lumbre en la calle para cocinar y realizábamos una compra al día, porque no teníamos frigorífico ni congelador», recuerda amargamente Jesús, otro de los afectados.

-¿Usted estaba 'pinchado' a la red?

-Sí. En casa somos tres, no recuerdo cuántos años llevo en paro y con los 300 euros al mes que cobra mi mujer por enfermedad, a los quince días ya no nos queda dinero.

Al igual que Jesús, nadie en las viviendas sociales cree haber defraudado fluido eléctrico. «Solo hay que quitar un fusible y el contador y empalmar dos claves», resume un joven en una replaceta por la que se pasean a sus anchas dos gallos de pelea. En el barrio solo unos pocos trabajan haciendo el mercado, mientras que una minoría trapichea con drogas y otros muchos se buscan la vida haciendo chapuzas, tal y como explica José Antonio: «Desde que en 2010 perdí mi empleo de limpiador en Halcon Food, solo gano algo cuando echo un jornal en el campo. ¿Como o pago facturas?»

Desde que se produjeron los dos apagones, las estancias donde se ubican los contadores, en el portal de cada bloque -plagados de grafitis, agujeros en el techo y suciedad-, están cerrados con candados y un cartel que advierte de que la puerta debe permanecer cerrada. «Estamos tratando de regularizar la situación», subrayaba Sebastián, uno de los tres vecinos que está llevando las negociaciones con el Consistorio.

Cáritas entra en juego

El primer corte se prolongó cuatro días y el segundo, siete, causando tal malestar en la comunidad vecinal que, según fuentes policiales, «hasta los patriarcas de algunos clanes acudieron al Ayuntamiento a mostrar su malestar». Este vecino, que cada día se gana el pan en el mercado, admite que «Iberdrola ha hecho su trabajo», pero advierte de que «la gente se ha enganchado por la enorme subida de la luz y porque no tiene trabajo».

Por el momento, el Consistorio ha contratado a una empresa que arregló la instalación de cada edificio y junto a Cáritas están negociando una solución con Iberdrola. Desde la compañía confirmaron ayer que «se ha aplicado una quita y la deuda actual es de 60.000 euros». Pero las calles Alegría e Ilusión seguirán catalogadas como «no contratables hasta que se abone la factura». El siguiente paso será que cada vecino aporte un boletín eléctrico y el certificado del padrón «para dar de alta su contador y ser responsable de su contrato».

Iberdrola admitió que hasta entonces el suministro estará cerrado en el barrio, aunque este diario comprobó ayer que en algunos pisos los niños veían dibujos en la tele.

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