El mayor simulacro jamás visto

El helicóptero de la Dirección General de Emergencias, ayer, sobrevuela la pasarela Manterola de Murcia, haciendo una inspección visual por si deben trasladar a algún herido al hospital. / Nacho García / AGM

La UME y los servicios de emergencia se preparan en la Región frente a un seísmo catastrófico y una crecida del Segura

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

Las caras de sueño, propias de un lunes a las 9.59 horas, desaparecieron en cuestión de milésimas de segundo cuando, por la megafonía, el conserje del instituto San Jerónimo (Sanje) empezó a gritar: «¡Desalojen las aulas!». Las sirenas comenzaron a sonar, pero no con el timbre habitual del recreo, sino con el de emergencia, y Victoria Alcaraz, profesora de inglés, cambió su fina entonación británica por una nítida orden en castellano: «¡Debajo de las mesas!». Un equipo de 'La Verdad' vivió, dentro del aula de 4ºC de ESO, el inicio del Simulacro-Ejercicio Conjunto Combinado Región de Murcia 2018, que se prolongará hasta el viernes y que arrancó ayer en Alcantarilla, con un 'terremoto' de 6,5 grados de magnitud, que obligó a activar la situación 2 del plan de emergencias Sismimur.

Los alumnos permanecieron bajo sus pupitres hasta que la profesora dio la orden de salir a uno de los tres puntos de evacuación: el parking, las pistas deportivas y el pabellón. «¡Hay que despejar esto!», gritaba, metida en el papel, la directora del Sanje, Isabel Saturno. «Hay que ir hacia un espacio abierto, evitar cornisas y cables de tendido eléctrico».

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En dos minutos fueron desalojados los 1.200 alumnos del centro. «Es un tiempo excepcional», comentaba el técnico de prevención de riesgos laborales de la Consejería de Educación que evaluó la evacuación. Todos los estudiantes fueron reunidos en el parking, que lucía dos señales verticales, con el lema 'punto de encuentro'. «Hemos reconocido la alarma porque lo hemos ensayado otras veces», indicaba Lara García, alumna de segundo de Bachiller, de 18 años. «Este tipo de ejercicios está muy bien, nos enseña cómo actuar para no entrar en estado de 'shock'».

El operativo simuló una nube tóxica en Molina de Segura y daños en el castillo de Alhama

En unos minutos, la Policía Local y Protección Civil se personaban en el instituto que había sufrido desperfectos en sus edificios y un escape de gas, a causa del seísmo. Los voluntarios peinaban las instalaciones para comprobar que no quedaba nadie dentro, mientras los agentes aseguraban el perímetro y reordenaban el tráfico, ya que los estudiantes debían atravesar una carretera y recorrer a pie los 600 metros que separaban el IES del polideportivo Ángel Sornichero. «¡En fila de cuatro!», ordenaba, con tono militar, el jefe de la Policía Local, Bartolomé Mayol.

En el polideportivo, Cruz Roja estaba ya desplegando 200 camas para habilitar un albergue dentro del pabellón, así como una guardería para animales en el campo de fútbol, una carpa para hacer el triaje médico, un punto de atención psicosocial y otro de información para recoger los datos personales de los alumnos y ponerse en contacto con los padres. «A cada uno le entregaremos un 'kit' de higiene y agua; este albergue está preparado para que permanezcan 48 horas», detallaba Agustín Ponce, jefe de Equipos de Respuesta Inmediata en Emergencias (ERIE) de Cruz Roja.

Escape de tolueno

Cuando todo parecía controlado, nuevo sobresalto: el seísmo había provocado un accidente químico, un escape de tolueno en Derivados Químicos había generado un charco de 200 metros cuadrados. Un laboratorio móvil de control atmosférico se desplegaba en el denominado 'polo químico'. José Jara y Jesús Martínez, analistas del Servicio de Calidad Ambiental, comenzaban a medir la presencia de compuestos orgánicos volátiles. «Empleamos un cromatógrafo de gases portátiles, la situación será alarmante si los valores superan lo 0,5 microgramos por metro cúbico de aire», indicaban los técnicos.

Nacho García / AGM

«Enviaremos los datos al jefe de Contaminación Atmosférica y él decidirá si hay que evacuar a la población». El 112 enviaba a la central de la Policía Local incidencias en tiempo real y lo hacía sin descanso: el tren de cercanías descarrilaba por la rotura de una vía, a la altura del apeadero de Los Romanos, dejando tres heridos leves; los bomberos ponían a prueba los equipos hidráulicos de excarcelación para liberar a dos personas de un coche metido literalmente en una zanja, cerca de la carretera de Barqueros; 34 escolares resultaban heridos en un accidente de autobús en la avenida Fernando III el Santo; se caía el campanario de la iglesia de San Roque...

Con el paso de las horas, las réplicas del terremoto de 6,5 grados traspasaban las fronteras alcantarilleras y provocaban el colapso de varios edificios en Las Torres de Cotillas. A siete kilómetros, en Molina de Segura, se originaba un incendio de maquinaria en Golosinas Vidal, causando una nube tóxica, que obligaba a los bomberos a intervenir provistos de equipos químicos y a evacuar la población en un radio de 500 metros.

Nacho García / AGM

También se producía un desprendimiento en el castillo de Alhama de Murcia, un Bien de Interés Cultural. La situación era desbordante con vías de comunicación cortadas y fallos en suministros esenciales y se reclamaba la presencia de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Por la autovía de El Palmar y la A-7 los conductores presenciaban atónitos la incesante llegada de vehículos militares. A las 12.25 horas, se producía otro de los ejercicios estrella del simulacro, en pleno corazón de Murcia.

Los bomberos del Infante y Espinardo recibían una alerta hidrológica de nivel naranja, por subida del cauce del río Segura, debido a que el seísmo, con epicentro a 11 kilómetros de profundidad en Alcantarilla, había roto la presa de la Contraparada y el embalse de la planta potabilizadora, con el consiguiente riesgo de escape de cloro gas a la atmósfera y posible vertido de estos productos al río. «Hay un incremento del caudal de 3,29 metros», alertaba el oficial del SEIS Juan Manuel Bonilla. Solo pasaban cinco minutos de la una de la tarde, cuando los vecinos que pasaban por la pasarela de Manterola se veían sorprendidos por la irrupción de camiones de bomberos y un helicóptero, que removía con sus aspas las aguas del Segura.

«¡Socorro!». Los gritos de auxilio de los alumnos de la Escuela de Arte Dramático de Murcia, seis de ellos distribuidos en cuatro piraguas y otros quince ataviados como pescadores y corredores, daban tal realismo al ejercicio que más de un viandante se asomó al río asustado. «El helicóptero ha hecho una inspección visual y hemos desplegado una zódiac y una raft para hacer el abordaje de las piraguas». Los miembros de la Federación de Salvamento y Socorrismo tomaban la mota para inmovilizar en camillas a pescadores y corredores, maquillados en el aula de caracterización con cortes en cabeza, piernas... «Es una experiencia nueva para nosotros», admitía la futura actriz Rosana Hernández.

En el hospital de campaña de Protección Civil confirmaban al equipo de 'La Verdad' que se estaba haciendo el triaje de los 21 heridos y a los más graves, con síntomas de ahogamiento, se les derivaría al Hospital Reina Sofía. Los bomberos no tenían tiempo de descansar, ya que debían desplazarse a la pasarela Miguel Caballero a buscar una víctima desaparecida. Al cierre de esta edición, el seísmo se había cobrado 46 muertos y 293 heridos en Alcantarilla, Las Torres, Molina y Murcia. El consejero de Presidencia, Pedro Rivera, recordaba que «nadie se asuste, es el mayor simulacro que se ha realizado en la historia de España».

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