El poder de la igualdad

'La Verdad' reúne por primera vez a las quince alcaldesas de la Región. Coinciden en señalar la brecha salarial, la conciliación familiar y la educación en género como asignaturas pendientes

Las quince regidoras municipales de la Región, reunidas el miércoles por 'La Verdad'. / Martínez Bueso
Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

Ser mujer. Ser mujer significa ser bondadosa, comprensiva, sensible, humana, cercana. Saber callar. Ceder. A toda mujer se le presupone una capacidad intrínseca de priorizar a los demás, porque todo lo puede mientras puede con todo. Saber acatar. Perder. La mujer es hada madrina y bruja. Es princesa y arpía. Todo depende de los ojos que la miren. Hasta que ella se mira por sí sola. Solo entonces es, ante todo, mujer. Y sabe que ser mujer significa cansarse de ser mujer, alzar la voz, romper el papel. Ser mujer implica saber amar. Mandar. Liderar.

Las protagonistas de esta historia son un ejemplo actual de las mujeres del futuro. Las dos palabras que más utilizan para definirse a sí mismas son «luchadora» y «valiente». Porque ser mujer también significa ser héroe. Como ellas. Quince mujeres que han conseguido empoderar la lucha por la igualdad de género en la Región de Murcia. Ellas. Madres, hijas, sobrinas, nietas, solteras, divorciadas, esposas. Juana, Esther, María José, Alicia, Mari Carmen, Visi, María Dolores, Isabel, Mª Ángeles, Inma, Ana Belén, Mª del Mar, Ester, Mari Carmen, Patricia. Quince mujeres que, por primera vez en la historia, han llevado al sexo femenino a regentar uno de cada tres consistorios murcianos.

Quince alcaldesas. Una cifra que con toda probabilidad cambiará durante este 2018, año en el que se prevé que Mariola Guevara suceda a Diego Conesa en la alcaldía de Alhama de Murcia. De momento y por primera vez desde que llegaron al poder, las quince se han reunido para celebrar el Día Internacional de la Mujer en la Redacción de ‘La Verdad’. Una ocasión que les ha permitido contrastar el trabajo que todavía queda por hacer en la Región en materia de igualdad. La brecha salarial se alza como la gran asignatura pendiente para la mayoría de ellas. Así lo manifestaron las alcaldesas en un cuestionario, en el que las ediles del Partido Popular escogieron erradicar esta desigualdad económica como medida más urgente, puntuada con un 8,6 sobre 10; seguida de la necesidad de aumentar la educación en igualdad, que obtuvo 7,1 puntos. Para las socialistas, acabar con la brecha salarial se sitúa con un 8,1 en el segundo lugar; tras las medidas de mejora de la conciliación laboral y familiar, a las que puntuaron como más prioritarias con un 8,5 sobre 10.

Es a la hora de juzgar la efectividad de las políticas de igualdad donde distancian posiciones: las populares califican la reducción de la jornada laboral como la medida más útil con un 3,7 sobre 5; y las socialistas escogen la política de cuotas para el acceso de mujeres a equipos directivos y cargos públicos, con un 4,1 sobre 5. A pesar de las diferencias, la lucha por la igualdad de la mujer no tiene color ideológico, al menos no para ellas. Las alcaldesas populares de San Pedro, Blanca y Mazarrón, y las socialistas de Beniel y Cartagena, coindicieron, sin atisbo de duda, en que lo primero que eliminarían por completo de tener en sus manos una varita mágica con la que obrar milagros sería la violencia machista. Ante la misma pregunta, las ediles de Santomera y Molina de Segura, ambas del PSOE, y la regidora de Librilla, del partido independiente UPRL, eliminarían «la pobreza y la precariedad, que afectan más a las mujeres».

El problema común

Es casi imposible hacer un perfil de las mujeres que ocupan puestos de responsabilidad en la política municipal. Sin embargo, a todas afecta el mismo problema con mayor o menor intensidad: la conciliación de la vida familiar y laboral. Catorce de las quince alcaldesas reconocieron tener problemas «importantes» en este sentido. De ellas, nueve señalaron la conciliación como uno de los aspectos «más dífíciles» de su profesión. «Lamentablemente, es un obstáculo que no se le presupone a un hombre. Mientras que a mí lo que más me cuesta es conciliar», reconoció María del Carmen Moreno, alcaldesa de Águilas. Un inconveniente cuyos efectos lamentan más las que tienen hijos pequeños. La edil de Cartagena, Ana Belén Castejón, fue madre por segunda vez el pasado mes de septiembre: «Compaginar la política y la maternidad es muy duro. Sobre todo cuando tienes un bebé. Algún día tendré que explicarle a mi hija mayor que tuve que elegir. Cuando vea que su madre trabajó para acabar con las desigualdades sociales, para que la ciudad estuviese más limpia, para hacer que la sociedad fuese un poco más justa... espero que lo entienda». Todas son conscientes de que la dificultad de conciliar es un aspecto que no les afecta solo por su condición de políticas, sino que es un asunto que perjudica a todo el colectivo femenino: «Creo que a los hombres no les pasa con la misma intensidad. A muchos de ellos no suele preocuparles qué van a comer sus hijos al día siguiente o qué ropa se van a poner para ir al colegio», añade Esther Clavero, alcaldesa de Molina de Segura.

Esta lacra provoca que, en algunos casos, haya mujeres que decidan postergar algunos aspectos de su vida personal. Las populares de Blanca y Mazarrón, Ester Hortelano y Alicia Jiménez, son claros ejemplos: «Quizá he pospuesto ser madre por dedicarme a la política, porque cuando tienes una responsabilidad tan grande, nunca encuentras el momento. Es una autocrítica que me hago mucho», confiesa Hortelano. Jiménez reconoce haber retrasado la misma decisión, «tal vez porque, en parte, creía que eso condicionaría mi carrera». La que menos afectada parece ante este problema común es la popular Visitación Martínez, edil de San Pedro del Pinatar, quien a pesar de ello reconoce que «la conciliación es algo que compete tanto a hombres como a mujeres, pero es cierto que a ellas les afecta más». Además de este obstáculo común, algunas regidoras señalan que lo más difícil de su trabajo no tiene nada que ver con su condición de género. «Hay decisiones que son muy complicadas. Para mí, lo más difícil es ver situaciones realmente duras y no poder hacer nada para remediarlo, porque la solución no está en tu mano», asegura Isabel María Zapata, alcaldesa de Las Torres de Cotillas.

La lacra social

Ocho de las ediles confiesan haber sentido en algún momento de su carrera política el estigma social de su condición femenina a través de comentarios incómodos, juicios y situaciones en las que se sintieron subestimadas o infravaloradas. Solo una de ellas es del Partido Popular: la alcaldesa de Blanca. Las demás son las socialistas de Santomera, Beniel, Águilas, Molina de Segura, Cartagena y Bullas, y la independiente de Librilla. Para esta última, «está claro que las mujeres nacen socialmente con un hándicap. Te piden, te exigen y te cuestionan el triple de lo que se le hace a un hombre. Tienes que dar más explicaciones de por qué haces las cosas como las haces», manifiesta. En el mismo sentido, la alcaldesa de Bullas relata que ha tenido reuniones en las que «en ocasiones, en un escenario intelectual notas que eres un mero espectador, mientras que ellos son actores principales».

La edil de Santomera, Inmaculada Sánchez, se convirtió en 2015 en la alcaldesa más joven de la historia de la Región: tomó posesión del cargo con apenas 28 años. Según cuenta, su juventud fue un ingrediente más para cuestionar su capacidad política: «Se me ponían en duda muchas más cosas porque ser mujer y joven son dos variables importantes. No solo tenía que soportar el machismo sino también el paternalismo con el que me trataban mis adversarios políticos». Dos años después de su entrada a la alcaldía, Sánchez todavía asegura que lo más difícil a lo que se enfrenta como mujer política es «a que me juzguen mucho más que a mis antecesores, se me somete a un escrutinio constante por mi condición de mujer, aunque me imagino que se hace de forma inconsciente».

Ella es una de las que más comentarios desafortunados recibe por parte del sector masculino. Algo con lo que también han lidiado las ediles de Librilla, Beniel, Cartagena, Águilas, Campos del Río, Blanca, Molina de Segura y Mazarrón. Alicia Jiménez, alcaldesa de este último municipio costero, nunca se ha sentido infravalorada en su labor. Sin embargo, «es cierto que un concejal de la oposición recurre en los plenos a hacer mofas con mi nombre. Me pregunto si también lo haría en el caso de que un hombre ocupase el cargo. Tengo mis dudas». La edil de Campos del Río tampoco se ha visto subestimada en su labor, pero también ha recibido en alguna ocasión «críticas y juicios relacionados con lo primero que se ve: a una mujer se la juzga mucho más fácilmente que a un hombre por su imagen, por cómo va vestida, qué dice, qué hace. Aunque, sinceramente, a mí los comentarios machistas que más me duelen son los que hacen algunas mujeres». Para Castejón, está claro que este tipo de actuaciones tienen que ver con «el machismo que todavía está instaurado en la Región. Es muy evidente, desde el momento en el que llegas a una reunión y vas vestida con falda. Pero lo peor no es lo que se dice, lo peor es el ambiente que se respira, las miradas, el sentirte observada cuando te vuelves a coger un papel... Los detalles son infinitos».

Las soluciones

La reducción de jornada como medida para favorecer la conciliación es algo que no convence mucho a las ediles. La popular Patricia Fernández, alcaldesa de Archena, propone «una jornada continuada, como hay en muchos países europeos, que permita a hombres y mujeres tener la tarde libre». La regidora de Blanca apunta en la misma dirección y es tajante en este sentido, «porque las reducciones frenan la carrera profesional de muchas mujeres. Se necesitan horarios igualitarios para ambos sexos».

Para la brecha salarial, las voces de las quince ediles vuelven a formar un frente común: la solución más aclamada es una regulación legislativa estatal que haga igualitarios los sueldos de hombres y mujeres. En los matices de dicha legislación, las alcaldesas son más o menos contundentes. En general, las socialistas se decantan por una legislación más dura, que «obligue y exija» a las empresas privadas erradicar la desigualdad salarial y «que penalice» a las corporaciones que no cumplan con ello. La edil de Campos del Río apunta también la necesidad de plantear «bonificaciones y ayudas a la contratación para mujeres mayores de 40 años». Para algunas populares, además de restrictiva, la fórmula legal debería aderezarse con «políticas educativas, concienciación y sensibilización». En este sentido, la regidora de Blanca, Ester Hortelano, añade una iniciativa: «Desde los ayuntamientos podríamos incluir una cláusula en los contratos para que las empresas que no cumplen con la igualdad salarial no puedan trabajar con las administraciones municipales».

Las actuaciones

En las quince poblaciones lideradas por mujeres hay en vigor un total de 107 actuaciones en materia de igualdad y 86 medidas para facilitar la cociliación. Cartagena se alza como la ciudad muy por encima de la media en el número de actividades realizadas, con un total de 27. En orden descentente, le siguen Las Torres de Cotillas (21), Puerto Lumbreras (20), Bullas (16) y Santomera (15). Es en los municipios más pequeños donde las posibilidades de desarrollar este tipo de políticas es más complicado: Campos del Río y Beniel son los dos núcleos urbanos donde la igualdad y la conciliación se trabaja con cuatro y cinco medidas respectivamente. Aunque entre ellos destaca Librilla, regentado por la alcaldesa independiente María del Mar Hernández. Con 13 medidas, este municipio al pie de Sierra Espuña se sitúa el sexto en la lista de los que ostentan un mayor número de actuaciones en igualdad y conciliación. Entre todas ellas, destacan por su originalidad la Jornada sobre Mujer Rural celebrada en Blanca, las campañas navideñas sobre juguetes no sexistas realizadas en Cartagena o el Rincón Violeta habilitado en la biblioteca pública de Santomera, en el que los niños pueden encontrar «cuentos y literatura narrada desde una perspectiva feminista».

Mayoría feminista

Quince alcaldesas. Quince mujeres feministas. Aunque seis de ellas dicen no serlo: cuatro del Partido Popular (Archena, Blanca, Las Torres de Cotillas y Puerto Lumbreras) y dos del PSOE (Campos del Río y Águilas). Huyen de la palabra feminismo por el halo de radicalidad que creen que se le asocia. Por ejemplo, la popular María Angeles Túnez es tajante cuando responde: «No me considero feminista, pero tampoco machista. Yo no quiero ser igual que un hombre, porque a nivel personal cada uno es diferente; solo quiero que las mujeres tengamos los mismos derechos, sobre todo laborales». Como ella, todas las que no se definen como mujeres feministas defienden profundamente la igualdad de la mujer frente al hombre. La alcaldesa de Beniel, María del Carmen Morales, sabe de lo que habla: «Yo creo que todas las mujeres somos feministas, porque todas luchamos por nuestros derechos y tenemos claro cuál es el papel que tienen que jugar las mujeres en la sociedad. Creo que una mujer tiene la capacidad de decidir qué hacer con su vida y con su cuerpo, y si el feminismo pasa por ahí, sí, soy feminista».

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