Adil, cercado por sus huellas

Adil R., con gesto pensativo, junto al abogado Fermín Guerrero Faura, ayer, durante la vista oral./Javier Carrión / AGM
Adil R., con gesto pensativo, junto al abogado Fermín Guerrero Faura, ayer, durante la vista oral. / Javier Carrión / AGM

El marroquí acusado de matar y enterrar a un compatriota defiende su inocencia. Sus marcas aparecieron en la mordaza y la cinta con la que el fallecido fue asfixiado, pero él sostiene que pudo dejarlas al vender carne a la víctima

Alicia Negre
ALICIA NEGREMurcia

Adil R. está acorralado por sus propias huellas. Este marroquí de 37 años, acusado de matar a un compatriota entre finales de 2005 y primeros de 2006 en Mula, defendió su inocencia en el juicio con jurado popular que dio comienzo ayer en la Audiencia Provincial. También subrayó que no entiende ni sabe cómo fueron a parar sus huellas tanto en la mordaza de tela que la víctima tenía en su boca como en la cinta de embalar con la que se tapó la nariz y la boca. «He estado pensando todo este tiempo», aseguró Adil, para quien la única explicación posible es que le vendiera carne a la víctima, a la que solo conocía, dijo, porque solía ir a la carnicería donde trabajaba y que regentan sus hermanos. «No tenía ninguna razón para matarlo; era una persona mayor», argumentó Adil R., para quien el fiscal pide 15 años de prisión por un delito de homicidio.

El fiscal hizo hincapié en el hecho de que la cinta adhesiva que se utilizó para amordazar a la víctima era la misma que se utilizaba en la carnicería donde trabajaba el acusado y en la que compraba, en ocasiones, la víctima. En concreto, advirtió que las huellas no estaban en la cara externa de la cinta, sino en la parte interior. Es decir, la que lleva pegamento. «No sé de dónde vienen las huellas; puede ser que le vendiera algo embalado en la carnicería, porque somos un bazar también y vendemos de todo», señaló.

Aunque Adil negó que tuviera relación alguna con la víctima, el fiscal desmontó este extremo al recordarle que actuó de intermediario para que alquilara el mismo coche que el acusado había utilizado días antes, en noviembre de 2005. Sobre esta cuestión, el encausado admitió que acompañó a la víctima hasta un concesionario de Alcantarilla, ya que conocía al dueño y se ganaba una comisión por este tipo de trabajo.

El procesado, que se sienta en el banquillo ocho años después de ser detenido, alega que estaba en Italia cuando se produjo el crimen

La defensa, representada por el abogado Fermín Guerrero, se remitió a una documentación en la que se pone de manifiesto que el acusado pudo estar en Italia entre febrero y marzo, periodo en el que pudo haber sucedido el crimen, tal y como dictaminaron los forenses.

Dado el avanzado estado de descomposición en el que se halló el cuerpo, que apareció semienterrado y en estado de putrefacción, en un paraje forestal entre Bullas y Totana, hace ahora doce años, los forenses solo pudieron determinar un periodo orientativo en el que pudo ocurrir la muerte, entre finales de 2005 y marzo de 2006. Sin embargo, Adil R. no fue detenido hasta el mes de julio de 2010, cuatro años más tarde.

El sospechoso resaltó que, entre el 3 y el 15 de enero de 2006 estuvo en Marruecos, y entre febrero y marzo en Italia, ya que el 31 de marzo fue detenido, según Interpol, por un delito de tráfico de drogas, aunque Adil R. negó tajantemente este extremo. Sin embargo, no pudo determinar la fecha exacta en la que permaneció en Italia, pero «los papeles acreditan que estaba allí» cuando supuestamente pudo cometerse el crimen. Tal y como defendió, viajó para comprar ropa, alguna de marca, a precios más económicos para poder después venderla en el bazar de sus hermanos en Mula.

«Intachable»

El abogado defensor, Fermín Guerrero, aseguró durante la primera sesión del juicio que en este caso «solo hay hipótesis» y describió al acusado como una persona «intachable». Además, llamó la atención sobre el hecho de que no se considera una persona peligrosa cuando a los 15 días de ingresar en prisión salió bajo una fianza de 10.000 euros que pagó su familia.

El acusado aseguró que no se iba a fugar porque no hizo «nada». Sin embargo, el fiscal cuestionó por qué acudió a la Comisaría de Yecla para sacarse un nuevo pasaporte, a sabiendas de que el suyo se lo había retirado el juez. A estas cuestiones, el procesado respondió que sin el pasaporte no podía renovarse el DNI «y seguir cotizando».

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