Acusan de alentar la 'guerra santa' a un jornalero marroquí de Torre Pacheco

Mohamed, mostrando el Corán que solía leer su hermano; al fondo, la habitación tras el registro. / A. G.

La Policía Nacional tenía datos de su creciente radicalización, con riesgo elevado de que «pudiera participar en actos terroristas violentos»

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

Todavía no había sonado el despertador a las seis de la madrugada, como cada día, para levantarse, preparar la mochila del tajo y desayunar, antes de otra dura jornada de trabajo en el campo, cuando una hilera interminable de agentes encapuchados de la Policía Nacional irrumpían en una humilde casa de planta baja de la calle El Caribe de Torre Pacheco. «Estábamos durmiendo cuando han dado un porrazo en la puerta y se han metido a por mi hermano», relataba ayer a 'La Verdad' Mohamed, sin dar crédito al operativo antiterrorista que tomó su domicilio pasadas las cinco de la madrugada. «Uno de los policías me ha dicho que mi hermano estaba haciendo cosas malas».

Esa fue la única explicación que recibió la familia durante la detención de Khalid E., nacido el 11 de abril de 1986 en Oued Zem, cerca de la turística ciudad de Casablanca. El Ministerio del Interior confirmó la presunta participación de este marroquí, de 31 años, en un delito de adoctrinamiento y enaltecimiento del terrorismo yihadista salafista, en favor de la organización terrorista Estado Islámico (EI o Daesh). «No es una persona peligrosa», defendía el hermano del detenido.

Interior discrepa. Sostiene que era muy activo en internet y desde 2014 difundía de manera habitual contenidos 'on line', en los que además de apoyar abiertamente al Estado Islámico, ensalzaba a líderes y clérigos terroristas, compartía vídeos con iconografía de la organización terrorista, cánticos incitando a la yihad armada, así como imágenes en las que se visualizaban ejecuciones de soldados americanos a manos de un francotirador yihadista, entre otros.

Los agentes inspeccionaron el cuarto del presunto terrorista y se llevaron dos tabletas y su teléfono móvil

En el operativo también resultó arrestado uno de sus hermanos porque se encontraba en situación irregular en España

En estas circunstancias, la semana pasada agentes de paisano se desplazaron al llamado barrio de La Tejera, antaño habitado por trabajadores de una empresa de ladrillos y en la actualidad colonizado por familias de marroquíes y ecuatorianos. Los investigadores analizaron este gueto para definir el entorno del número 15 de la calle El Caribe y cerrar cualquier opción de fuga que tuviese el sospechoso.

La operación se desarrolló ayer bajo la supervisión del Juzgado Central de Instrucción número 3 de Madrid y la coordinación de la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Los agentes irrumpieron de madrugada por la puerta principal de la casa, sobresaltando a sus inquilinos: Mohamed; su mujer, Fátima, los dos hijos del matrimonio y los dos hermanos del cabeza de familia, Abdul y Khalid. «Estamos todos con el susto en el cuerpo», resumía Fátima, cuñada del detenido. «No he llevado ni a los niños al colegio». Su marido lamentaba que «durante el registro también detuvieron a mi hermano Abdul, por los papeles de residencia».

Un equipo de este diario accedió a la habitación del detenido, que estaba presidida por una bandera de Marruecos, y que todavía evidenciaba que había sido inspeccionada palmo a palmo: armarios y cajones abiertos, ropa volcada en una montaña sobre la cama... «Les dije a los policías que estuviesen tranquilos».

Mohamed admitía que «se han llevado dos tabletas y el teléfono móvil de Khalid». Los agentes de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional, en colaboración con la Brigada Provincial de Información de Barcelona y la Brigada Provincial de Murcia, iban buscando terminales. No en vano, el Ministerio informó que Khalid E. habría utilizado hasta tres perfiles en redes sociales para adoctrinar y captar a nuevos integrantes de Estado Islámico, cumpliendo los objetivos que marca el aparato propagandístico de esta organización. Todo ello mediante la supuesta difusión en sus perfiles de vídeos elaborados por las productoras oficiales del Daesh, para incitar a unirse a la yihad violenta y para extender el mensaje de odio y el terror contra los enemigos del Islam. «Mi hermano iba poco a la mezquita y no hablaba de religión», argumentaba Mohamed. De hecho, a pesar de que la Comunidad Islámica Almanar está a solo 250 metros de la casa de la familia, aseguraba que Khalid no iba «por gandul».

Eso sí, siempre cumplía con las oraciones diarias en su habitación, en la que tras el registro todavía seguía su Corán sobre el aparador. «Leía mucho; libros de todas las religiones, de historia... de todo». La lectura, las partidas de billar en un juego que se había descargado en su móvil y disputar partidos de fútbol los fines de semana eran los únicos ratos de ocio que tenía. «Trabajaba en el campo». Era furgonetero de una empresa de trabajo temporal (ETT) y cada día recogía a una cuadrilla de jornaleros para ir a una explotación de melones en La Manga, en la que trabajaba de sol a sol, de 8 a 19 horas.

«Yo era como su padre, siempre le decía que no hiciera nada malo», subrayaba emocionado Mohamed al recordar cómo se ocupó de él nada más pisar suelo español. «Khalid se coló en un ferry para llegar a España en 2007». Los primeros años fueron duros para su hermano, se alojó en una habitación, por la que pagaba 50 euros y trabajó ilegalmente en el campo. «Se casó con una española, Jésica, que vivía en Barcelona y que conoció por internet». Tal relación estaba muy alejada de los preceptos del Corán, ya que era una mujer divorciada y con dos hijos.

Durante cuatro años convivieron en un piso próximo a la estación de ferrocarril y, tras el divorcio, Khalid se mudó al barrio de San José Obrero, hasta que decidió instalarse en casa de su hermano en la calle El Caribe. Desde que logró el permiso de residencia no dejó de viajar a Marruecos, en estancias que se prolongaban de uno a dos meses. «A finales del año pasado se casó en Marruecos con una marroquí y se la quería traer a España». Los planes familiares que Mohamed afirmaba que tenía su hermano, Khalid, en nada se corresponden con los que esboza el Ministerio: «Estaba inmerso en un potente proceso de radicalización y, en los últimos tres años, había evolucionado peligrosamente hasta el punto de poder participar en actos terroristas de carácter violento».

Interior ponía como ejemplo que, entre sus contactos, se encontraban «varios afines a la organización terrorista Daesh detenidos anteriormente por la Policía Nacional». El delegado del Gobierno, Francisco Bernabé, en declaraciones a Europa Press, incidía en que el presunto yihadista había difundido «vídeos verdaderamente duros, con ejecuciones de soldados occidentales en la zona de Oriente Medio». También aseguraba que estaba realizando labores de «captación y radicalización de otros elementos de su entorno». Su hermano, sin embargo, afirmaba que «sus amigos eran ecuatorianos de la cuadrilla» y nunca desaparecía muchas horas del domicilio familiar. «Khalid estuvo hablando sin miedo a los policías; no tenía nada que esconder».

Zoido asegura que estaba a punto de causar un atentado

Desde 2015, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han detenido a 269 terroristas yihadistas en operaciones realizadas en España. El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido aseguró que en el caso de Khalid E., arrestado ayer en Torre Pacheco, estaba «a punto» de pasar del adoctrinamiento en internet a la organización y ejecución de un «hipotético atentado». También dijo que los informes señalan que estaba desarrollando una presunta labor de adoctrinamiento muy peligrosa, por el mensaje implícito que lleva de cometer acciones terroristas propias de los denominados «actores solitarios», bajo el amparo de lo que definen como justificación divina. «Estaba a punto de poder pasar de lo que es el adoctrinamiento a ser inmediatamente un actor de cualquiera de las formas de atentado que pueden emplear», insistió Zoido.

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