La Verdad

Gil Olcina destaca el vigor del Ebro y lamenta el exceso de agua que entra en Portugal

López Bermúdez, Gil Olcina, Pascual Cantos, Clemente García y José Antonio Cobacho, ayer en la UMU.
López Bermúdez, Gil Olcina, Pascual Cantos, Clemente García y José Antonio Cobacho, ayer en la UMU. / LV
  • El catedrático revitaliza la necesidad de los trasvases en la presentación de su último libro sobre el río Segura

Ningún político en ejercicio se dejó caer ayer por la Facultad de Letras de la UMU para recibir una lección magistral sobre el agua por parte del catedrático Antonio Gil Olcina, que convirtió la presentación de su último libro en un análisis académico y sosegado sobre la grave situación de escasez y la ausencia de una planificación nacional que remedie los desequilibrios hídricos, como el que padece la cuenca del Segura. El problema no es que falte un plan, lo grave es que no hay expectativas de ello en estos momentos.

Ante un auditorio selecto y comprometido, Gil Olcina hizo gala de una prodigiosa memoria en la presentación de su obra 'Acondicionamiento, Rectificación y Regulación del Segura. Modificación de lechos, cuenca y régimen fluvial'; un título largo propio del afán investigador de su autor, pero que encierra dos milenios de interacción humana en el río más intensamente regulado de Europa. El libro es la historia misma de Murcia y del Sureste contada a través de su río; una base necesaria para comprender e interpretar la situación actual, en la cual se adentró el autor sin complejos.

Dio la razón al ingeniero Francisco Cabezas sobre las reservas de la cuenca del Ebro -ahora del 74%-, que habrían facilitado los trasvases de no haberse derogado el proyecto por motivos políticos. «Los aportes de su margen izquierda son una garantía permanente de suministro», apostilló. El frustrado acueducto habría sido sostenible desde los parámetros exigibles, indicó el profesor.

Las dos cabeceras del Tajo

Puso el foco de atención en el Tajo para destacar que esta cuenca tiene una doble cabecera: una de carácter hidrológico en los Montes Universales que alimenta el Sistema Entrepeñas-Buendía; y otra en la falda meridional de la Sierra de Gredos en el curso medio del río, donde existe una elevada pluviometría. Las conclusiones sobre las dos caras del Tajo son evidentes, a su juicio.

De igual forma, denunció que el Tajo transfiere a Portugal un volumen tres veces superior a lo establecido en el Convenio de Albufeira. Otro interrogante que dejó sobre la mesa. Sostuvo que la solución al desequilibrio hídrico, y en particular los trasvases, «son un problema político», ya que desde el punto de vista técnico existen alternativas muy estudiadas y totalmente viables.

«La desalación no es la solución para España, ni siquiera para asegurar los abastecimientos que tiene a su cargo la Mancomunidad de Canales del Taibilla. En cuanto se exceda del 33% (la proporción de agua desalada que se inyecta ahora en el sistema de abastecimiento), habrá un encarecimiento importante», advirtió. «Decir que hay que arreglarse con las desaladoras, como han comentado algunos, es una insensatez». Concluyó con que el supremo interés nacional se ha convertido en algo trasnochado bajo la lectura de los gobiernos autonómicos, que han imposibilitado un acuerdo sobre el agua.

Gil Olcina estuvo acompañado en la presentación por Clemente García, vicepresidente de Fundación Caja Mediterráneo, que editó el libro; el decano de la Facultad de Letras de la UMU, Pascual Cantos; el catedrático Francisco López Bermúdez; y el exrector de la Universidad de Murcia, José Antonio Cobacho.