La Verdad

«Me negué a hacer el Ramadán aunque acabase muerta»

Silueta de la joven que huyó de casa para no sufrir más vejaciones por no creer en el islam.
Silueta de la joven que huyó de casa para no sufrir más vejaciones por no creer en el islam. / A. Gil / AGM
  • Una joven marroquí narra los supuestos malos tratos que sufrió de sus padres por no seguir el Corán y que la obligaron a denunciarlos

Comenzaron como amigos en tercero de la ESO, de la amistad pasaron a dedicarse miradas cómplices en cuarto curso y finalmente la pasión juvenil encendió la llama entre una preciosa joven marroquí, de ojos cálidos y sonrisa deslumbrante, y un divertido adolescente español. «Cuando mi madre se enteró de que tenía novio cogió la goma de plástico del gas butano y me pegó». Las lesiones que sufrió con 15 años por tal flagelación se convirtieron en una cicatriz más en el alma de una hija cuyos padres llevaban años supuestamente maltratándola por incumplir el islam. «He perdido la cuenta de las veces que me han insultado y pegado».

El primer libro que llegó a sus manos cuando era una niña no fue un cuento con una bonita historia infantil, tuvo que leer obligada el Corán. «Desde que soy pequeña me carcomí; me obligaban tanto que lo veía nocivo». Blanca, nombre ficticio para evitar represalias, acepta relatar su historia a 'La Verdad' para que otras mujeres que estén pasando por una situación similar reivindiquen sus derechos y no acepten ninguna vejación. «Si tuviese que describir mi vida diría que la recuerdo callada. Emocionalmente es como si hubiese llevado un burka toda la vida».

Su personalidad empezó a despertar cuando con ocho añitos, junto a sus hermanos y sus padres, aterrizó en un municipio del Mar Menor procedente de Marruecos. «En la tele española solo podíamos ver dibujos y el informativo, si había alguna serie romántica con declaraciones de amor y besos se cambiaba de canal para no corrompernos».

La censura de casa no evitó que primero, el colegio, y luego, el instituto, le mostrasen a Blanca un universo de posibilidades: los libros. «Desde que empecé en el instituto a formar mi mente leyendo y a manifestar mis principios no hubo un punto de retorno». Cada vez se fue alejando más de los mandamientos del Corán. Sus padres llegaron a comparar el centro al que acudía a clase con «un burdel». No podía vestir ropa ajustada, ni llevar el pelo suelto, ni tener teléfono móvil, ni practicar deporte, ni salir con sus amigos... «Todo era para que no se me viese como una tentación para los hombres. Cuando salía del instituto tenía que ir directa a casa».

Buena estudiante

Limpiar y estudiar eran su rutina lejos del aula. La vía de escape de Blanca era la lectura. «Soy adicta a leer, esa ha sido mi única salida. Mis padres me decían que todo lo que no fuese leer el Corán y poetas árabes me corrompía, les tenía que mentir para justificar los libros que tenía de Gabriel García Márquez, Julia Navarro... Les decía que los mandaban en el instituto». Sus notas eran muy buenas, 8,8 de media, pero eso importaba bien poco en casa. «Mi madre me decía 'puedes estudiar una carrera, pero lo que necesitas es un buen hombre'».

Blanca quería estudiar Trabajo Social y el 'premio' por ir sacando cada año el curso que le correspondía fue prohibirle acudir a su cena de graduación. Durante todos estos años de adolescencia profanada, trató de suicidarse varias veces, incluso llegó a urdir un plan para escapar de la prisión en la que vivía: su domicilio familiar. «Llegué a plantearme el casarme con un marroquí, como tapadera, para poder salir de casa». No fue capaz y decidió mostrar sus ideas a sus padres.

«Con 17 años les dije por primera vez que no iba a hacer el Ramadán porque me parecía hipócrita hacerlo por mantener una relación estable con ellos». Esta fecha tan señalada en el islam coincidió con la visita que le hizo su mejor amiga. «Era el último día de clase y vino a quedarse a dormir para despedirnos». A la mañana siguiente, a la hora del desayuno, cuando la madre de Blanca vio a su hija comenzó supuestamente a pegarle. «Me dio una bofetada y me dijo que por no hacer el Ramadán era una puta y que me iba a quemar en el infierno». La joven trató de huir y su padre se lo impidió. «Me puso contra la puerta y me pegó». Lo ocurrido no hizo otra cosa que reforzar sus convicciones. «Me sentí tan humillada delante de mi amiga, que me negué a hacer el Ramadán aunque conllevase mi propia muerte».

Exorcismo veraniego

Ese verano de 2016 su familia la llevó a Marruecos. «Mi abuela estaba con un religioso que quería practicarme un exorcismo». Su familia también trató de llevarla a un médico para comprobar si era virgen. «Hubo una frase de mi madre que me mató: 'La libertad no existe, solo existe la religión'».

A su regreso a la Región, la situación explotó en casa cuando su padre se enteró de que Blanca fumaba. «Estaba en el patio sentada, de repente mi padre me dijo 'tú fumas' y me dio un puñetazo y se marchó a trabajar». Mientras salía del domicilio la amenazó supuestamente con matarla. «Fue el 10 de diciembre del año pasado y me dio el impulso para irme de casa. Mis padres no llegaron a conocer nunca a su hija porque no conocen mis principios».

El único equipaje que cogió fueron los libros del instituto. Para poder acabar Bachiller y pagarse los 150 euros de una habitación que encontró en un piso compartido, Blanca trabajó a tiempo parcial de jornalera, en un 'kebab', limpió casas...

En enero de este año, viendo que la joven ya era mayor de edad y no regresaba a casa, le enviaron un vídeo al teléfono que se había comprado. «Salía una mujer lapidada por el Estado Islámico por haber mantenido relaciones sexuales. Me lo enviaron para decirme cómo iba a acabar yo». Blanca decidió presentar una denuncia ante la Guardia Civil, relatando todos los episodios de maltrato sufridos entre los 11 y los 17 años. Los progenitores fueron arrestados el pasado 24 de marzo y un juzgado fijó una orden de alejamiento de su hija.

Desde entonces no sabe nada de sus padres: «Respeto todas las creencias, pero no soy musulmana, soy atea, la religión me oprime como persona. Solo quiero que mis padres me dejen vivir en paz». Este año Blanca ha ido por primera vez a la biblioteca, la playa, la discoteca, escucha canciones de Metálica, Estopa, se ha hecho un piercing, viste como quiere...

En este proceso ha sido crucial la familia que la acoge en su casa y un docente de su instituto. «Mi profesor de Filosofía me amuebló la cabeza, me dio razones para levantarme y me enseñó lo que es la libertad».