La Verdad

Absuelven por legítima defensa a un joven que arrancó un dedo a otro

  • El tribunal afirma que la respuesta del acusado fue proporcionada para eludir la agresión que sufrió cuando medió para tratar de parar una pelea

Morderle una mano al hombre que le estaba agrediendo, hasta el extremo de arrancarle un trozo de dedo, fue una reacción instintiva y a la vez una forma de defensa proporcionada y adecuada a las circunstancias. Tal es la conclusión a la que ha llegado la Audiencia Provincial de Baleares, que ha absuelto a un joven murciano que en el año 2013 arrancó parte del meñique de la mano izquierda a otro varón que le tenía fuertemente agarrado por el cuello. El tribunal ha admitido que debe aplicarse la circunstancia eximente completa de legítima defensa, como había solicitado en el transcurso del juicio el abogado del acusado, Francisco Valdés Albistur.

Los hechos probados por la Audiencia de Baleares establecen que el incidente se produjo en la madrugada del 8 de septiembre de 2013, cuando el murciano Daniel D.L.G., una persona con una envergadura normal, caminaba en solitario por una calle de Palma de Mallorca y observó cómo tres individuos ebrios estaban molestando a dos chicas y golpeando al joven que las acompañaba. En concreto, vio cómo un hombre corpulento, E.P.B., golpeaba a un chico sudamericano en el suelo, lo que le llevó a meterse por medio para tratar de parar la agresión.

Lejos de conseguirlo, otro de los agresores se giró hacia él y le asestó uno o dos puñetazos en el rostro, y seguidamente E.P.B. le cogió fuertemente por el cuello en ademán de estrangularlo. En ese momento, uno de los dedos de esta persona, el meñique de su mano izquierda, quedó a la altura de la boca de Daniel D.L.G., «quien en el fragor de la disputa y para liberarse lo mordió instintivamente con tal fuerza que llegó a seccionarlo en parte».

El chico murciano se quedó con una falange del dedo en la boca, que escupió a suelo, y en ese estado de tensión cogió una mesa de un local de copas y salió en persecución de E.P.B., quien al verse mutilado cejó en la agresión y abandonó el lugar a la carrera en busca de auxilio. La llegada de dos policías portuarios hizo que Daniel D.L.G. se calmara y dejara la mesa en el suelo.

El fiscal calificó los hechos como un delito de lesiones con deformidad, pero consideró que debía aplicarse la eximente incompleta de legítima defensa, por lo que reclamó una condena de dos años de cárcel para el murciano. La acusación particular, ejercida por el joven que sufrió la pérdida de parte del dedo, elevó la petición de prisión a seis años.

Una versión nada creíble

El hombre que resultó mutilado en su mano izquierda afirmó en el juicio que la reyerta se originó cuando iba corriendo hacia su coche, porque pensaba que se lo iba a llevar la grúa municipal, y empujó involuntariamente a una chica y al joven que la acompañaba. Estos le habrían gritado «¡te vas a enterar!», lo que le habría llevado a darle un puñetazo a ese desconocido. Seguidamente habría aparecido en escena Daniel David L.G., quien habría golpeado en el rostro a E.P.B., para luego morderle en un dedo y arrancárselo parcialmente.

El tribunal no ha dado credibilidad a este relato de hechos ofrecido por el herido, principalmente porque a lo largo de la investigación judicial fue modificando su versión: desde un primer momento en que dijo no recordar nada, hasta otro en que aseguró haberse peleado con dos chicos que le amenazaron y le pegaron sin saber la razón de ello.

Al contrario, la Audiencia sí ha otorgado toda la credibilidad a la narración del acusado, sobre todo porque coincide plenamente con la que ofreció una testigo: una de las dos chicas que fue molestada por E.P.B. y otros dos individuos.

Una eximente poco habitual

Una vez el tribunal sentó las bases sobre la forma en que se había producido la reyerta y sobre las consecuencias de la misma -el arrancamiento de una parte de un dedo a uno de los intervinientes, que tardó 95 días en curar completamente-, quedaba por establecer qué circunstancias atenuantes o eximentes habían concurrido para así establecer la pena a imponer.

Y en esa línea, los magistrados han dejado constancia en su resolución que «Daniel D.L.G. actuó tanto en defensa de bienes personales ajenos como propios, pues lo hizo ante la ilegítima agresión a otra persona y, subsiguientemente, en respuesta a la que él mismo sufrió a manos de dos atacantes, sin que por otro lado hubiera provocado en absoluto ninguna de las dos agresiones».

Sobre la proporcionalidad de su respuesta, señala el tribunal que «los medios empleados no fueron sino los que la situación le permitió instintivamente; esto es, morder la mano que le estrangulaba para poder así, al menos, liberarse del ataque». Y aunque las consecuencias fueron graves, entiende la Audiencia que la reacción estaba justificada.

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