La Verdad

Juan Camacho Gázquez. :: vicente vicéns / agm
Juan Camacho Gázquez. :: vicente vicéns / agm

«El camino llamado Mozárabe no se mide en kilómetros, sino en fe y compromiso»

  • Juan Camacho Gázquez

  • Agricultor y peregrino en Compostela

Fe, compromiso y una férrea mentalidad por cumplir «un reto con uno mismo» han sido los enseres que han acompañado a Juan Camacho, residente en Murcia, en la realización del Camino Mozárabe desde su localidad natal en Almería hasta Santiago de Compostela. Mil quinientos kilómetros caminando en 32 días de viaje para completar la mayor distancia posible de la Península hasta Santiago de Compostela. Bajo «la protección y el orgullo» de una bandera nacional cosida en la mochila, asegura que «esto no es nada comparado con la fortaleza y el peligro que corrían los mozárabes cuando lo hacían».

-¿Por qué decide hacer esta ruta?

-El motivo de realizar este camino ha sido un reconocimiento a aquellos mozárabes que quedaron bajo la impronta árabe tras la conquista musulmana. Para llegar a tierras cristianas debían ir hacia el norte por este camino. Creo que el valor y la fortaleza que demostraban son dignos de un recuerdo, por la peligrosidad que conllevaba. Se exponían a la muerte por captura o de hambre. Es realmente admirable que lo consiguiesen. También por ello he querido hacerlo del tirón. Este camino no se mide en kilómetros, sino en fe y compromiso.

-¿Cómo se ha preparado física y mentalmente?

-Bueno, siempre he estado y estoy ligado al mundo del deporte. Me gusta salir a correr y hacer kárate. En ese aspecto, no he llevado una preparación muy exhaustiva. En el plano mental, la convicción, la memoria y el sentir profundo de nuestros antepasados. Sin olvidar, por supuesto, el apoyo de mi familia, amigos y vecinos.

-¿Qué cuidados ha observado?

-Tras etapas de doce y catorce horas, lo principal era descalzarme, darme masajes con alcohol de romero y aplicarme polvos de talco para secar la piel. También, debido a la tendinitis que he padecido en ambos tobillos desde la primera semana, ponerme hielo e intentar descansar cinco o seis horas. Más allá de eso, nada en especial. Recurrir a otros métodos de recuperación habría sido alejarse del verdadero origen del camino. De hecho, también he intentado comer casi siempre en el campo, bien y ligero: almendras, nueces, fruta y legumbres.

-¿Qué equipaje portaba?

-Una 'gayá', una mochila de unos diez kilos con un impermeable, un saco de dormir y algunos víveres. No obstante, en muchas etapas, lo que me ha hecho seguir adelante ha sido el orgullo de mi bandera nacional, dado que gran cantidad de personas que me he encontrado eran extranjeras.

-¿Lo mejor del camino?

-Cruzar España. Poder ver la belleza de nuestra tierra y disfrutar de su historia. Porque se conoce cuando pisas la tierra, no cuando vas en coche. Si tuviera que quedarme con algún lugar, sería una calzada romana que se conserva en Béjar (Salamanca), tal y como era hace más de mil años.

-¿Ha tenido algún momento en el que quisiera abandonar?

-Abandonar, nunca. Pero sí es cierto que el cansancio y estar muchas horas solo hace que pienses en todo.

-¿Qué ha utilizado para orientarse?

-(Ríe). Mi guía han sido las cruces que con piedras colocaban a lo largo del camino los peregrinos donde otro fallecía. Así se marcaba el camino. Me considero un hombre a la antigua usanza. Las tecnologías no van mucho conmigo. Ello me ha supuesto perderme en alguna ocasión por la gran distancia que, por ejemplo en Zamora, hay entre localidades.

-¿Cómo le han tratado en los pueblos que ha visitado?

-De maravilla. En todos me recibían y acogían con mucha amabilidad. Incluso nos daban comida y alojamiento. Me he encontrado con muy buenas personas. Recuerdo que en Zamora decidí sacar la tienda y acampar a la intemperie en la sierra. Sin embargo, un pastor de la zona que venía con su rebaño de más de mil ovejas y otros diez mastines, me advirtió del peligro que corría si descansaba allí por la presencia de lobos. Fue muy amable. Así que cargué de nuevo la tienda y puse rumbo a otro lugar.

-¿Volvería a repetirlo?

-Este mismo camino, no. Pero no descarto hacer algún tramo más corto.

-¿Cómo se siente de nuevo en casa?

-Muy bien. Cuando llegué a la estación del Carmen, toda la familia me esperaba con pancartas y aplausos. Fue muy bonito por estar un mes alejado de ellos.