La Verdad

Intimidad viralizada

Jóvenes compartiendo contenido con el móvil.
Jóvenes compartiendo contenido con el móvil. / J. C. Caval / AGM
  • Los delitos de amenazas y contra la integridad moral a través de internet van en aumento en la Región de Murcia

Hasta hace no mucho, el bar era el lugar elegido por muchos para fanfarronear con sus amigos sobre el ligue de la noche anterior. Entre risas, el interlocutor se daba un baño de vanidad que no trascendía más allá. Hoy, ese mismo idilio se cuenta por 'WhatsApp', con un vídeo de la 'hazaña', y va pasando de curioso en curioso hasta que se crea una difusión masiva que se convierte en un delito de uno a dos años de cárcel para el 'héroe'.

Los límites de la intimidad parecen difuminarse cada vez más a causa de la proliferación de material que se distribuye sin autorización de sus protagonistas. En las últimas semanas, en la Región han ocurrido casos como la divulgación sin permiso de un trío sexual, la detención de dos menores por crear un perfil falso para distribuir fotografías subidas de tono de otra chica o el hombre que extorsionaba a una niña con sus imágenes íntimas.

Carlos Walter Karlsson Cánovas, el inspector jefe del Grupo de Delitos Tecnológicos, perteneciente a la Brigada Provincial de la Policía Judicial, destaca sobre el 'sexting'- envío de mensajes eróticos o pornográficos por medio de teléfonos móviles- la facilidad con la que se suben los vídeos a la red, pero afirma categóricamente que no es excusa porque «la gente tiene conciencia de que está infringiendo la ley subiendo ese material».

«Concretamente, en este tipo de casos se suele cometer un delito de descubrimiento y revelación de secretos, un delito contra la intimidad y un delito contra la integridad moral. Las penas son graduales, pero suelen ser entre uno y dos años. Además, con la ley en la mano es ilegal la distribución de un vídeo privado sin consentimiento, sea o no viral, pero no podemos detener a medio país. Al final, el responsable acaba siendo el que lo graba y el primero que lo distribuye», detalla el inspector. Diferente es si se trata de pornografía infantil porque ahí sí que se persigue a todos los usuarios que comparten el contenido y las penas oscilan entre los 4 años y medio y cinco. «Este tema es muy grave y por grabar la escena caen entre 20 y 30 años de prisión», matiza Karlsson Cánovas.

Desde el Grupo de Delitos Tecnológicos avisan de un tipo de estafa que se está generalizando, han llegado a tener nueve casos en un mes solo en la ciudad de Murcia. «En la 'sextorsión', una chica muy guapa agrega a Facebook a un hombre- casi en el 100% de los casos la víctima es de sexo masculino- y le convence para 'hacer un Skype'. Ella se masturba y le pide que haga lo mismo. Cuando han grabado su desliz se corta y le envían un mensaje pidiéndole dinero para no enviar el vídeo a todos sus contactos. Han venido padres de familia a pedirme perdón porque dicen que quieren mucho a su mujer pero que acabaron practicando cibersexo», explica el responsable de la división.

«La mayoría de niños no tienen conciencia del peligro»

Cada vez es más precoz el momento en el que los niños, tras años de obstinadas súplicas, convencen a sus padres para que les regalen un 'smartphone'. Según explica Antonio Salcedo, subinspector de Extranjería, que también se ocupa de dar charlas sobre nuevas tecnologías en los colegios, los menores suelen obtener un móvil cuando cursan sexto de Primaria. A esta edad «la mayoría no tiene la conciencia de seguridad que debería tener. Comparten todo en redes sociales, donde tienen amigos que no conocen. Es mejor tener 30 'me gusta' de conocidos que 500 de desconocidos que acceden a tu intimidad, pero lo que buscan es la popularidad», lamenta Salcedo.

Proyectos como Ciberexperto, que la Dirección General ha implantado para sensibilizar a los niños de 10 a 12 años, les enseña a cómo navegar por internet. Pero, a pesar del descenso que experimentaron estos últimos años, sigue habiendo muchos casos que perturban la privacidad infantil. El más común y preocupante es «el 'grooming', acoso sexual por parte de mayores de edad. Suele empezar con la falsedad de algún perfil. El amigo, con el que se supone que había entablado una amistad el menor, resulta ser una persona de 30, 40 o 50 años que lo chantajea con material que previamente le ha pedido», relata el subinspector de Extranjería, que también es delegado de Participación Ciudadana.

Sin embargo, la Policía Nacional indica que los niveles de acoso escolar en redes sociales se han podido reducir tanto que prácticamente son anecdóticos en la Región. Respecto a la sensación de peligro que los niños tienen, destaca que las menores están más preocupadas por su privacidad que los chicos, según los datos recogidos por el estudio de 2016 sobre la sociedad de la información de la Fundación Telefónica. Este hecho se podría explicar por la diferente utilización de ambos sexos de internet; el subispector Salcedo tiene la impresión cuando da charlas en los colegios de que «las chicas son más proclives a utilizar las redes sociales y suelen publicar más fotos y más comentarios, y los chicos son más dados a los juegos 'online'. Puede que por eso los chicos tengan una percepción menos clara de que su intimidad puede ser vulnerada, aunque no es así».

«Es inevitable que las compañías guarden tus datos sin permiso»

Muchos historiadores han advertido del peligro que corre el libre albedrío en los próximos años, cuando las empresas tecnológicas conozcan a los ciudadanos mejor que ellos mismos. En particular, Yuval Noah Harari, en su libro 'Homo deus', argumenta como las grandes empresas que controlen el 'Big data', la lectura masiva de datos, crearán algoritmos que serán capaces de pronosticar cuál es la mejor decisión que un individuo puede tomar a partir de un perfil que crearán previamente con sus búsquedas, sus publicaciones en redes sociales, sus mensajes íntimos e incluso la monitorización de sus constantes con relojes y otros sistemas de medición existentes. Algo similar a cuando 'Amazon' recomienda un libro analizando nuestras preferencias, pero extrapolado a temas de la vida diaria.

Quizá esto nunca ocurra de una manera tan desproporcionada, aunque debe hacer reflexionar sobre la cantidad de información personal que cada día una persona cualquiera da a las compañías. «Internet coarta la privacidad del ciudadano porque expone más. Cuando te conectas a internet lo haces con un correo electrónico; cuando te conectas a 'WhatsApp', con un número de teléfono. Tú siempre tienes un número 'IP' y tu operadora sabe todos tus movimientos», advierte el inspector jefe del Grupo de Delitos Tecnológicos que desconfía del modo incógnito porque «siempre dejamos rastro».

Carlos Walter Karlsson Cánovas también pone la duda sobre las empresas y el cumplimiento de la Ley de Protección de Datos y dice que «es inevitable» que las compañías guarden el contenido, aunque se «arriesgan a las pertinentes sanciones». Todo esto deja un escenario en el que convergen instituciones ávidas de información de terceros y usuarios dispuestos a renunciar a su intimidad por comodidad y por un poco de reconocimiento social.