La Verdad

Sánchez pide a la oposición que acabe su «linchamiento» y deje trabajar a los jueces

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Pedro Antonio Sánchez saluda a altos cargos, militantes y simpatizantes del PP tras acabar su comparecencia en la Asamblea Regional. / Antonio Gil / AGM

  • «Yo siempre cumplo mi palabra y la ley», asegura el jefe del Ejecutivo regional, entre peticiones de que renuncie al cargo

Pedro Antonio Sánchez compareció en la Asamblea Regional tres días después de que un juez le atribuyó tres presuntos delitos en la 'trama Púnica'. Acudió con la intención de resucitar su imagen política, muy mermada ya desde que a principios de mes el Tribunal Superior de Justicia decidió asumir el 'caso Auditorio' para investigarlo. Alentado por un centenar de altos cargos y militantes del Partido Popular que llegaron a Cartagena desde casi todas las localidades murcianas, el presidente de la Comunidad Autónoma evitó pronunciar la palabra dimisión, pero reiteró hasta en tres ocasiones: «Yo siempre cumplo mi palabra». Se le entendió mejor cuando el portavoz de Ciudadanos, Miguel Sánchez, le pidió que aclarara si pensaba dimitir si es imputado por la presunta comisión de alguno de los siete delitos que le atribuyen indiciariamente por ambos casos de supuesta corrupción.

  • La sesión de control al Gobierno, en imágenes

En la peor semana de sus veinte meses de gobierno, Pedro Antonio Sánchez compareció en el Parlamento para someterse a una sesión de control al Ejecutivo en la que fue cuestionado por los portavoces de la oposición debido a su presunta implicación en la 'operación Púnica' y su situación judicial por el 'caso Auditorio'. Con un tono más sereno que en su última comparecencia para tratar sobre los mismos temas, hace cinco meses y en la misma escena, negó la comisión de irregularidades y acusó a la oposición de preferir el «linchamiento antes que conocer la verdad. Hoy no es el momento de ese linchamiento, sino de dejar a la Justicia que trabaje», contestó con aplomo al portavoz de Ciudadanos, el partido que le mantiene en la presidencia desde julio de 2015.

Miguel Sánchez solo arrancó al presidente un testimonio preciso cuando le preguntó si participó o tuvo relación con la 'Púnica' mediante la contratación de trabajos de reputación personal que, según la Guardia Civil, pretendía pagar con dinero público. «Ninguna, nunca, de ningún tipo», dijo tajante. Pero eludió hablar nítidamente de dimisión cuando Sánchez insistió en saber si dejará el cargo en caso de ser imputado. Entonces reiteró que él siempre cumple su palabra, dando a entender que hará firme lo acordado para su investidura.

Más contundente estuvo con el portavoz de Podemos, Óscar Urralburu, que le preguntó de otra manera si en caso de ser imputado tiene previsto dimitir, en cumplimiento del artículo 54 de la Ley de Transparencia y Buen Gobierno de la Región de Murcia. «Usted no va a reconocer nada ni va a dimitir», le espoleó. Luego le acusó de tener trabajando al PP, «el partido de la corrupción», para salvar su carrera. A ello replicó el presidente: «Se le ve cómodo en este contexto. Pretende interpretar las leyes a su modo». Y añadió: «Siempre he cumplido, siempre cumplo y siempre cumpliré la ley».

El debate subió de tono cuando Urralburu le demandó con contundencia que «deje de exponer a la Región a esta humillación» y dimita. A diferencia del último debate que ambos mantuvieron sobre corrupción, Sánchez recurrió a la ironía para responder. Comparó al portavoz de Podemos con el diputado nacional de ERC Gabriel Rufián por su tono, le acusó de calumniar y volvió a defenderse atacando: «Le veo nervioso. Últimamente lo pierde todo», en alusión al congreso de Podemos en el que Urralburu se alineó con el sector 'errejonista'. No obstante, de aquel crispado debate de septiembre recuperó una acusación: «Vuelve a traer a la Asamblea bolsas de basura. Es su estrategia».

La tensión camuflada tras sonrisas impostadas se mantuvo cuando el portavoz del Grupo Socialista, Rafael González Tovar, le preguntó al presidente si sigue considerando errores administrativos los delitos de prevaricación continuada, fraude a la administración pública, cohecho, revelación de información reservada y malversación de caudales públicos que jueces y fiscales han encontrado, indiciariamente, en sus actuaciones. «Ninguna de esas acusaciones y supuestos delitos se podrán demostrar, porque no se puede demostrar lo que no existe. No es no. Señor Tovar, ¿qué parte no entiende?», le replicó entre aplausos de los miembros del Grupo Popular y de los asistentes movilizados por ese partido.

Renunciar al aforamiento

Pero como minutos antes había hecho Urralburu, González Tovar insistió en que las investigaciones judiciales que afectan al presidente de la Comunidad generan «inestabilidad institucional» y mala reputación a la Región. Le reclamó que dimita para defender su inocencia fuera de San Esteban y sin aforamiento. Sánchez replicó acusando a Tovar de trazar una «estrategia ruin» de desgaste, basada en la «pena de telediario» y como última oportunidad para obtener una victoria política que le mantenga en la secretaría general de su partido. Después insistió burlándose de las elecciones que ha perdido y de los fracasos de la mayoría de las denuncias del PSOE contra altos cargos populares, como si eso rebajara la gravedad de los hechos por los que le había preguntado.

Pedro Antonio Sánchez también contestó a una pregunta sobre la conferencia de presidentes autonómicos, formulada por el portavoz popular, Víctor Manuel Martínez, y que resultó intrascendente. Después abandonó la Asamblea con gesto triunfante, entre aplausos y abrazos de quienes creen en él. Aunque en la oposición dejó la sensación de que su descenso a los infiernos políticos es cuestión de semanas. Las que tarden los jueces en decidir.