La Verdad

Una vida para Samba

La radióloga Ángela Cepero realiza una ecografía a una paciente (en la imagen sosteniendo a su hija) en el Hospital de Thiadiaye.
La radióloga Ángela Cepero realiza una ecografía a una paciente (en la imagen sosteniendo a su hija) en el Hospital de Thiadiaye. / Cirugía Solidaria
  • La ONG Cirugía Solidaria ha dado asistencia a más de mil personas en una de las zonas más pobres de Senegal. Además de operar a 341 pacientes, los sanitarios murcianos han hecho revisiones a 550 niños y han formado al personal local y a la población para mejorar la alimentación

Muy probablemente, Samba no seguiría hoy con vida si a su pueblo de Sandiara, en una zona rural situada a unos 200 kilómetros de Dakar, la capital de Senegal, no hubiese acudido en diciembre una expedición de 30 profesionales de La Arrixaca y otros hospitales murcianos. A sus 15 años, Samba se consumía fruto de una grave infección provocada por un accidente que le había destrozado la pierna izquierda. Sin acceso a una sanidad gratuita y sin ningún hospital con medios a su alcance, su vida pendía de un hilo.

Afortunadamente, la ONG Cirugía Solidaria llegó a tiempo para ponerle un tratamiento antibiótico que puso coto a la infección. Ahora queda colocarle una prótesis en condiciones que le libere de la condena de una invalidez completa y, con ello, de una miseria asegurada. Como Samba, más de mil personas fueron atendidas entre el 2 y el 17 de diciembre por los sanitarios murcianos. El equipo de La Arrixaca instaló cuatro quirófanos en el Hospital de Thiadiaye, unas precarias instalaciones que apenas cuentan habitualmente con un par de médicos locales y varias matronas.

Los profesionales murcianos suplieron las carencias con toda la tecnología y el equipamiento necesario, y contaron para ello con el apoyo de la Fundación Diagrama. El contraste entre los dos mundos, entre una sanidad gratuita de primer nivel y un sistema de salud prácticamente inexistente, fue todo un baño de realidad para los miembros más jóvenes de la expedición, que se estrenaban como cooperantes con este proyecto.

«Te das cuenta de que mucha gente no tiene acceso a la sanidad. Si no hubiésemos ido hasta allí, algunos de los pacientes a los que hemos operado de una hernia o de bocio habrían arrastrado estos problemas toda su vida. Otros habrían muerto. Ser consciente de eso impresiona», confiesa Víctor López, cirujano residente de quinto año en La Arrixaca.

Este es el segundo año en que Cirugía Solidaria instala su hospital de campaña en Senegal. «Desde el punto de vista médico, allí no tienen casi nada, y lo poco que hay lo tienen que pagar. Por eso, cuando llegamos empieza a correr la voz y acude gente incluso desde la capital», cuenta la neuróloga Ana Morales. Seynabou Dieng, una mujer de 43 años, recorrió más de 180 kilómetros hasta llegar al Hospital de Thiadiaye pese a que apenas podía andar. Sufría un absceso en el músculo psoas, una grave infección que en España «se hubiese detectado y tratado a tiempo» pero que, en el caso de Seynabou, estaba poniendo en serio riesgo su vida.

Tampoco Mamoré Fall podía andar. Un hidrocele (un quiste o inflamación en el testículo) le mantenía en silla de ruedas desde que se había convertido en un gigantesco tumor por no tratarlo.

Hidroceles, bocios y hernias han protagonizado las intervenciones más habituales en el Hospital de Thiadiaye. En total, se ha operado a 341 personas, explica José Manuel Rodríguez, uno de los veteranos de Cirugía Solidaria. Pero la actuación de la ONG ha ido mucho más allá de la labor en el quirófano. Entre la treintena de profesionales que se desplazaron a Senegal había ocho cirujanos (uno de ellos de maxilofacial), nueve enfermeros, cuatro anestesistas y una radióloga. El equipo también contaba con pediatra, otorrino, neuróloga, nefróloga y odontólogo, además de una traductora y otra persona encargada de la logística. La radióloga Ángela Cepero realizó más de 200 ecografías, y la matrona Chitina Martínez intervino en varias cesáreas de urgencia que salvaron la vida de madres y bebés.

Un colegio y un orfanato

El pediatra Manuel Alcaraz y el otorrino Alfonso Marco recorrieron un colegio y un orfanato para revisar la salud de 550 alumnos. Además, les formaron en salud bucodental y repartieron cepillos de dientes. Junto a la higiene, la nutrición es el otro pilar básico de la prevención. El equipo de Cirugía Solidaria llevó a cabo talleres en los siete pueblos que componen la comunidad rural de Sandiara con un objetivo: reducir el consumo de sal. «La alimentación se basa en arroz y cuscús, con un caldo muy salado para darle sabor», explica Chitina Martínez. También se instaló una consulta de hipertensión.

El proyecto de Cirugía Solidaria no se queda en una mera visita de unos quince días al año. A largo plazo, se trata de que las comunidades rurales cuenten con más medios y con personal sanitario mejor preparado. Por eso, se han llevado a cabo cursos de formación para las matronas, y también talleres de reanimación cardiopulmonar. «Tienen unas ganas enormes de aprender», cuenta la enfermera Chitina Martínez.

El trabajo, para los voluntarios de Cirugía Solidaria, ha sido agotador. De ocho de la mañana a doce de la noche, con apenas un rato para comer. Perder tiempo suponía dejar a algún paciente sin atender, quién sabe si hasta el regreso de los profesionales murcianos el próximo año. Cirugía Solidaria lleva más de quince años en África. Además de Senegal se han desarrollado proyectos en Camerún, Mali y los campamentos saharauis de Argelia. En 2017, los cirujanos solidarios estrenarán proyecto en Kenia y volverán, por tercera vez, a Senegal. En Sandiara ya cuentan los días.