La Verdad

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La Policía Nacional confirmó ayer que Manolo L. G., de 33 años, había sido denunciado por su madre en dos ocasiones por sendos episodios de violencia doméstica. Las denuncias se interpusieron en 2014 y motivaron su arresto. Vecinos del edificio Goya lamentaban ayer que la mujer «llevaba diez años» aguantado amenazas. «No ha sido un hecho aislado; los muebles y las puertas de la casa están destrozados a causa de los brotes violentos que le dan». Otra vecina corroboraba que «los gritos pidiéndole dinero para drogarse eran constantes». Todo el vecindario achacaba los episodios de violencia doméstica a la supuesta adicción de Manolo a las drogas. «Ese zagal es adicto. El pasado verano salió al rellano y se desmayó porque había tomado mucha cocaína y orfidales; se lo tuvo que llevar la Policía Nacional», explicaba otra vecina del mismo edificio. «Cuando el zagal no tomaba nada; era un caramelo de simpático», se lamentaba la mujer. «Ahora, cuando tiene mono, es capaz de lanzar basura al patio de luces y tirar huevos contra las fachadas». Incluso, hace año y medio, lanzó un cenicero por el balcón que impactó en el hombro de una mujer que paseaba por la calle Estación. «La madre se marchó a casa de sus padres y, durante un tiempo, solo acudía a visitar a su hijo acompañada, porque tenía miedo de ir sola».